Eugenio Martínez escribió:
De hecho, el ajedrez es tan inteligente que en cuanto un ordenador sea capaz de mapear todas las jugadas (como ya pasó con las damas) será imposible ganarle. No difícil, sino imposible al 100%, a no ser que juegue otro ordenador igual, en cuyo caso todas las partidas serían iguales (a no ser que se usen trucos posteriores para hacerles "más humanos", como hacerles iniciar la partida de distintos modos o algo por el estilo)
Es justo al revés, los programadores no buscan mapear todas las jugadas -vamos, la típica fuerza bruta- sino sólo las útiles, las que se pueden jugar, y es lo que tratan los algoritmos de búsqueda modernos: De encontrar esas jugadas útiles. Por ejemplo, cualquier humano sabe que un peón pasado en su escaque de origen vale tanto como una pieza, y el plan consistirá en avanzarlo y apoyar su avance ¿De que sirve analizar jugadas que no tienen nada que ver con el plan lógico?
Otro ejemplo práctico, la posición que sale de la típica española: e4 e5 Cf3 Cc6 Ab5 a6. Aquí, con el álfil amenazado por un peón sólo hay dos opciones: O cambiarlo por el caballo o retirarlo, considerar otras opciones es una pérdida de tiempo y optar por una de ellas significa perder la partida...¿Así que para qué hacer que la máquina las examine?
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Pues es lo único que hacen los ordenadores y los jugadores de élite: memorizar jugadas y las que les pueden seguir. Me puedes discutir los segundos, pero no los primeros. Y son bastante mejores jugadores que los segundos.
Norl. Ellos estudian ideas que transforman en un orden de jugadas. Nadie es capaz de memorizar a lo bestia una apertura sin comprender el motivo estratégico y/o táctico de la misma, y nadie lo intenta porque bastaría la más leve novedad teórica para dejarlo fuera de juego.
Leí hace años un estudio de no sé qué universidad -sí, gran dato- donde ponian a un GM delante de una posición y luego le hacían repetirla. Hicieron dos series: En la primera las posiciones estarían sacadas del partidas reales, en la segunda las piezas estarían distrubuidas al azar.
En la primera tanda acertó en el noventa y pico por ciento de las veces; en la segunda no llegó al diez ¿por qué? Porque en las partidas reales podía establecer un patrón, sacar las ideas lógicas de la posición y a partir de ahí era capaz de reproducirlas. La idea, siempre la idea, el plan. En cambio, en posiciones donde esa lógica no existía era completamente incapaz de recordar nada. Por lo que se puede concluir que su memoria es lógica, no fotográfica, y no te puede imaginar el trabajo que existe detrás de cualquier novedad teórica.