Todo correcto, salvo lo último: un infausto día, de cuyo amanecer no quiero acordarme, salí de casa, solitario y abatido, tras
desayunar mis Krispis con leche de soja y tomarme mi píldora de sucedáneo de aleta de tiburón, en dirección a la iglesia para confesarme. Una vez finalizada la tarea, el padre Damián, de forma cordial, me solmenó un manotazo en la espalda que me revitalizó. Mi neurona se puso en marcha y salí andando a paso ligero de la iglesia con la vista puesta en el cielo, aún nublado, y la mente en otro sitio. Por alguna extraña razón pensé que había llegado la hora de comenzar a depilarme las cejas, como Argos me había recomendado con insistencia. Debo confesar que a él
nunca se le dio muy bien. Llegué al trabajo exhausto, jamás había pensado tanto. La mañana transcurrió plácida, con mis dos vecinas de mesa provocando mi excitación, circunstancia que planean la noche anterior, pero yo nunca caigo. Y fue entonces cuando, en un momento de poco ajetreo, entré en el foro para ver las novedades. Lo de siempre, no me detendré en exceso: Bildu, la ETA, valga la redundancia, Catxum lloriqueando, PP, Rubalcaba, Patache con otro ataque de ecolalia, etc. Pero ese día algo llamó mi atención. En la parte superior encontré algo diferente, 1 mensaje nuevo. Lo achaqué a alguna confusión, quizá procedía de alguno de mis múltiples clones, no le di mayor importancia. Pero la curiosidad me venció. Tres segundos después de no darle importancia, ya estaba mirando mi desamparada bandeja de entrada. Imaginen mi sorpresa cuando veo el nombre de Diego G. como remitente. Tras observar mis vastos conocimientos cinematográficos, no resistió la tentación de ponerse en contacto conmigo para ''charlar'' de ''películas''. Opté, para ponerle a prueba, por comenzar con algo que coadyuvara a prolongar la incipiente relación que se cernía sobre nosotros. Fue Raza la que tejió los lazos indelebles que ahora nos unen. Días más tarde me solicitó una audiencia, muy educadamente me propuso asistir a la audición de la famosa ópera de Restituto Montolivo ''Me escuece el chicharro, quién lo desperejileará''. Cansado de acudir a la ópera y de dejarme los cuartos en infinitas Fantas (guiño), impuse mi sofisticado criterio para optar por acudir al cine. El diario de Bridget Jones se impuso sobre las dos restantes de la terna: Amelie y Cásate conmigo, emblemas del séptimo arte. Y así es como acudí al cine por primera vez con una chic... ¡Oh, mierda!