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Tras la excelente acotación del Sr. H, la cual considero precisa en todas su variadas facetas por venir de donde viene, voy a complimentar la petición del Sr. Serj. Peaso cabrón.
La ley de Titius-Bode.
Antes de entrar en materia, un poco de jístory. Allá por el siglo XVIII los astrónomos ya tenían más que medidas las órbitas de los planetas conocidos, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Y dado que las leyes de Kepler habían demostrado su eficacia al predecir los movimientos de los planetas en sus órbitas, se estaban buscando más leyes fundamentales que rigieran el comportamiento de los astros. En estas, un astrónomo alemán, Titius, se encontraba traduciendo un tratado de otro astrónomo suizo, Bennet. Por definición, para ser un buen astrónomo hay que ser buen matemático, y a este Titius se le ocurrió que podía haber una relación matemática en los tamaños de las órbitas. Hizo unos cuantos cálculos y se sacó una progresión geométrica que definía los tamaños de esas órbitas, pero su contribución la anotó como pies de página de la obra que estaba traduciendo, y tampoco llegó muy allá fuera de los lectores de dicha obra.
Poco despues el director del observatorio de Berlín, Bode, considerado uno de los mejores profesionales del ramo del mundo en la época (y también uno de los más jetas), aplicando el método investigador ya usado con éxito por Newton, se atribuyó la autoría de dicha progresión, llamándola Ley de Bode. El caso es que saltó el escándalo y al final la ley en cuestión tomó el nombre de ambos. Lo cierto es que era dificil que colara porque al tal Bode ya le habían pillado con el carrito del helado un montón de veces desde su juventud. Pero no se puede negar que contribuyó con multitud de descubrimientos própios, siendo uno de los grandes catalogadores del cielo.
Po bueno, la ley de Titius-Bode en realidad ni es ley ni es ná, pero hay que joderse que funciona. Es simplemente una forma de calcular a ojímetro las órbitas de los cuerpos celestes y que muestra un orden subyacente en las dinámicas de los astros. Básicamente dice que la distancia entre dos órbitas determinadas es el doble de la distancia entre la primera de ellas y una órbita anterior, o dicho de otro modo, el radio de las órbitas va creciendo de órbita en órbita en progresión geométrica. Para explicarlo de una forma más gráfica, consideremos que tenemos cuatro órbitas a las que llamaremos α, β, ɣ, ∂. Pues bien, si la distancia entre α y β es, pongamos, 3, la distancia entre β y ɣ ha de ser 6, y la distancia entre ɣ y ∂ ha de ser 12. Si añadiésemos una quinta órbita, ε, la distancia entre esta y la anterior debería ser 24. Esta ley es tan elegante y tan redonda que hasta es dificil de creer.
Bueno, esta es la explicación así a lo bruto. En realidad, en el caso particular del sistema solar, que fué el primero que se estudió, y dado que se tomó como referencia la distancia entre la tierra y el sol, oséase una unidad astronómica, el tema se calculó en un principio tal que asín:
Tomemos una progresión geométrica tal como 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, 192... Sumemos 4 a cada uno de los términos: 4, 7, 10, 16, 28, 52, 100, 196... Y por último, dividamos por 10 cada término, que será la distáncia de las órbitas hasta el foco alrededor del que giran las órbitas. Así, la distancia de la primera órbita, Mercurio, al sol será 0'4 Unidades astronómicas, el radio de la órbita de Venus será de 0'7 UA, el de la tierra será obviamente 1 UA, el de Marte será 1'6 UA... y llegamos al primer problema. En la siguiente órbita predecible los astrónomos de la época no conocían nada, sin embargo, en la sexta órbita se halla Júpiter, que cuadraba más o menos con las predichas 5'2 UA, y la siguiente órbita, la de Saturno, cuadraba más o menos con las 10 UA.
Asín que según Bode publicó "su" ley, la cosa no pasaba de ser una curiosidad astronómica. Pero tres añós después el astrónomo inglés Herschel descubrió el planeta Jorge. Bode le sugirió que se dejase de mamoneos y en vez de ponerle al planeta el nombre de un rey anglocabrón siguiese con la mitología y lo llamase Urano, y hasta hoy. Lo asombroso del caso es que la órbita de Jorge (es que da la risa la ocurrencia) caía a algo menos de 19'6 UA, confirmando la ley de Titius-Bode. Y entonces todos miraron hacia el hueco que quedaba en la quinta órbita. Los astrónomos se repartieron el cielo y se pusieron a escudriñar en busca de algo que terminara de confirmar la ley en cuestión. Y fué cuando se descubrió Ceres, y un montón de pequeños pedrolos que forman el cinturón de asteroides, ocupando la quinta órbita, y terminando de confirmar la ley en cuestión. Los astrónomos consideraron que todo ese escombro que ocupaba la quinta órbita eran los restos de un planeta destruído, pero que ocupaban el lugar que debían ocupar. Hoy en día se considera que ese planeta no llegó a formarse nunca, posiblemente por las fuerzas gravitatorias del gigantesco júpiter.
Posteriormente llegó el descubrimiento de Neptuno, y el muy cabrón no ocupaba la órbita que debía. Los astrónomos justificaron el hecho con el tema de que posiblemente Neptuno no se hubiese formado en la órbita que ocupaba, sinó que había caído allí desde otra posición. Sin embargo, Plutón si que cae bastante bién en la órbita predicha.
Ahora bien, los astrónomos, que ya he dicho que tienen que ser buenos matemáticos, buscaron la forma de afinar más la formulación matemática de la ley de Titius, y se dejaron de progresiones geométricas y se tiraron de cabeza a los logaritmos. Expresando la ley mediante logaritmos, y pasando de la base 2 a la más precisa 1'71, resulta que las orbitas planetarias encajan mucho mejor. Hasta Neptuno cae en su sitio. El único que se queda fuera de sitio es Plutón. Peeeeero entonces es cuando se ponen a razonar. En los alrededores de Plutón hay mucho escombro, y al fin y al cabo Plutón no es mucho mayor que Ceres, al cual no se le considera un planeta. Pues ná, nos sacamos de la manga la categoría de planeta enano, metemos en ella a Ceres y a Plutón, y todos tan contentos, porque igual que Ceres comparte su órbita con un montón de rocas, formando el cinturón de asteroides, se puede considerar de la misma manera a Plutón y a todos los pedrolos que conforman el cinturón de Kuiper. Y el cinturón de Kuiper en su conjunto si que cae en la órbita predicha por la ley de Titius-Bode. Y todos tan contentos, menos Sheldon Cooper, claro. Además, con la formulación logarítmica resulta que las lunas principales de los gigantes Júpiter y Saturno también cumplen la ley de marras. Incluso las últimas observaciones de exoplanetas se ajustan, en lo observado hasta el momento, a la misma ley. Para rematar el tema, las simulaciones informáticas de la formación planetaria a partir de discos de acreción terminan generando órbitas que se ajustan a la ley de Titius-Bode. Ahora la gran pregunta sin responder es PORQUÉ.
_________________ Sostiene Pereira que quienes no se encuentren a gusto aquí pueden marcharse tan libremente como cuando se registraron. VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT "... da igual, seré el agua fría de la tormenta..."
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