Citar:
Así pues, señor Maston, ¿opináis que una mujer no sería nunca capaz de
hacer progresar las ciencias matemáticas o experimentales?
–Sintiéndolo mucho, me veo obligado a reconocerlo, señora Scorbitt –
contestó J. T. Maston–. A pesar de que hayan existido y existan,
particularmente en Rusia, algunas mujeres matemáticas muy notables. Pero,
debido a su estructura cerebral, es imposible que ninguna mujer llegue a ser un
Arquímedes o un Newton, por ejemplo.
–¡Oh, señor Maston! Permitidme que proteste en nombre de nuestro
sexo...
–Sexo mucho más adorable, señora Scorbitt, porque no ha sido creado
para dedicarlo a estudios trascendentales.
–Entonces, señor Maston, según vos, ninguna mujer hubiera podido
descubrir la ley de la gravedad al ver caer una manzana, tal como le ocurrió al
ilustre sabio inglés?
–Una mujer que viera caer una manzana, señora Scorbitt, no pensaría en
otra cosa más que... en comérsela, repitiendo lo que ya hizo una vez nuestra
madre Eva.
No hay derecho que nos neguéis toda aptitud para entender en cuestiones
elevadas.
–¿Toda aptitud? No, señora Scorbitt, nada de eso. Pero debo haceros
observar que desde que el mundo está habitado por seres humanos, y
naturalmente, por mujeres, no se sabe de ninguna que haya hecho algún
descubrimiento análogo a los que hicieron Aristóteles, Euclides, Kepler y
Laplace en el mundo científico.
–Esto no es ninguna razón. ¿Es que el pasado debe responder
irremisiblemente al porvenir?
–¡Hum! Lo que no se ha hecho en tantos miles de años es muy posible que
no se haga nunca