Registrado: Mar May 30, 2006 1:18 pm Mensajes: 56622 Ubicación: Andorra la Vieja (de turismo)
Que está uno ahito de marxismo (y de política) por una temporada, collons. Y este es mi libro ideal, ya que se mezcla mi innato frikismo con mis frustradas pretensiones de gafapastismo.
La Guerra de las Galaxias y la Filosofía.
Tal vez os resulte chocante, pero existe una alusión esotérica y poco conocida, plena de significado, en todas las películas de Star Wars. “Tengo un mal presentimiento”. En todos los episodios de la “ópera espacial” de George Lucas, uno de los personajes principales expresa esa ansiedad existencial fundamental. Supone una respuesta intuitiva a un vago problema . Pero ese problema está enraizado en la esencial noción filosófica de formular preguntas acerca del Mundo. A veces la maravilla nos lleva a hacer preguntas, otras, la duda. Contemplamos los cielos, como Luke en Tatooine, y nos preguntamos por la extensión del Universo, su origen, y su sentido. Cuando sufrimos una crisis de fe, al igual que Luke cuando se entera de su parentesco con Darth Vader en la Ciudad de las Nubes, podemos poner en tela de juicio nuestras ideas y creencias más firmemente asentadas. Escudriñamos en nuestro yo interior, como Leia cuando iban a introducir a Han en el congelador de carbonita, y nos preguntamos qué significa amar o ser virtuoso.
Si compartimos el punto de vista escéptico y mundano de Han Solo, no pensaremos que existe una mente o espíritu que sobrevive después de que nuestros procesos orgánicos finalicen con la muerte. Buscamos en nuestra chatarrería, como hace Watto constantemente, y nos preguntamos si existen fórmulas que describen las variaciones en la expresión de valor de los productos del trabajo humano.
La filosofía no posee el monopolio de la maravilla o la duda. Uno puede maravillarse cundo reflexiona sobre el nacimiento de tus mellizos, o cuando contempla esa nueva obra de arte colgada en la pared de nuestro Hutt predilecto. También se puede dudar si bastarán las modificaciones en tu vaina de carreras para triunfar en la Carrera de Boonta Eve.
En esos casos no es preciso un cuestionamiento filosófico. La filosofía comienza con esa sensación de maravilla pero conduce a la reflexión. La necesidad de reflexionar, de cambiar nuestra mente y nuestro entorno, sólo surge porque nos vemos en situaciones complicadas. Encontramos soluciones inmediatas a los problemas sencillos, como la sobrenatural pericia del joven Anakin para reparar máquinas. Los problemas más difíciles imponen decantarse por diversas alternativas: ¿debería decir Obi Wan la verdad a Luke sobre su padre o esperar a que madure? ¿Debería Qui-Gon emplear “trucos mentales” Jedi sobre el Jefe Nass para conseguir un medio de transporte para salir de la ciudad Gungan? Los problemas filosóficos se distinguen con frecuencia por el hecho de que el propio problema no está claro, debemos aclarar ciertas cosas sobre el mundo y sobre nosotros mismos, en ocasiones en los niveles más profundos antes de que podamos “acabar con ello e irnos a casa”.
Star Wars no muestra a las claras su filosofía, no hace astutas alusiones a Alicia en el País de las Maravillas o a la Cábala para hacer pensar al espectador medio. Si bien estas películas son fundamentalmente vehículos para temas fantásticos y escenas de acción, se encuentran en ellas personajes que tratan de solucionar, a un nivel profundo, problemas más grandes que ellos mismos. En Star Wars, el conflicto es contante, pero no se trata de la lucha en las “guerras” del título en las que se desarrolla la personalidad de los personajes principales, después de todo, y como diría Yoda “Las Guerras no le hacen a uno Grande”. No, se trata de la lucha por comprender y superar problemas profundos sobre la identidad, la verdad, el libre albedrío y el sentido trágico de la vida que define el auge, la caída y nuevamente el auge de la familia Skywalker y el impacto que provocan tanto en sus aliados como en sus enemigos. En esencia, las películas de Star Wars nos cuentan una sencilla historia de tragedia, valor y redención. Pero bajo esta simple guisa se analizan las eternas preguntas de la filosofía, muchas de las cuales cuando son analizadas en esta obra adquieren un nuevo significado cuando se contrastan con el trasfondo de la trama, las pintorescas situaciones y los memorables personajes. Por ejemplo:
* ¿Es la virtud buena por ser cara a los Jedi, o es cara a los Jedi porque es buena? (Platón) * ¿Es Yoda un Maestro Jedi tan Grande que no puede concebirse otro mayor? (San Anselmo) * ¿Puede Anakin consagrarse a ser un Jedi casto y desapegado, pero aún no? (San Agustín? * ¿Qué es mejor para un gobernante absoluto de la Galaxia, ser temido o ser odiado? (Maquiavelo) * ¿Soy una mente, un cuerpo, o una pesado glóbulo de grasa? (Descartes) * ¿Cómo podemos asegurar que saldrá el Sol en Alderaan por la mañana, por mucho que haya salido todos los días desde el comienzo de los tiempos? (Hume) * ¿Si Vader escudriña el abismo, acaso el abismo no le escudriña también a él?? (Nietzsche) * ¿El infierno son otros señores Sith? (Sartre) * ¿Quién es piojoso? (Han Solo)
Aquí encontrarás un debate animado y meditado sobre esas preguntas, pero no se nos culpe si no se obtienen respuestas claras y rápidas, ya que estas preguntas, ¡llevan rondando dos mil años sin recibir respuesta! Judith Barad analiza las respuestas más antiguas cuando estudia las virtudes de la Orden Jedi. Para William Stephens, Yoda representa tanto un gran maestro Jedi como un prudente sabio Estoico. Chris Brown considera que la caída y la redención de Anakin son invitables si es necesario el bien para que exista el mal. Kevin Decker ve en Palpatine el más diestro político de la galaxia que se sirve de artes maquiavélicas. Robert Arp encuentra la pregunta de Descartes sobre el dualismo entre alma y cuerpo tan intrigante como preguntarse por C3PO y R2- D2 como reflejo de nosotros mismos, y Jerome Donelly conviene en que los androides pudieran ser más “humanos” que los humanos en Star Wars. Aunque sabemos la respuesta a la pregunta de Alderaan, Jan-Erik Jones encuentra que hay parecidos debates de café entre las esperadas relaciones causa y efecto que no están resueltas en nuestros días. ¿Qué es lo que hace funcionar a la Gravedad, al fin y al cabo?
Por supuesto, Vader pasa su vida entera contemplando el metafórico abismo de la tinieblas y el mal, y de vez en cuando el abismo literal de los canales de un reactor de una estación espacial; lo que esto nos dice de su fibra moral y de su capacidad para la redención es lo que resulta fascinante para muchos.
Y si la pregunta de Sartre atañe a tres extraños atrapados en una habitación “sin salida” por toda la eternidad, Brian Cameron señala que sólo hacen falta dos Señores Sith para bailar el “pas de deux” de la dialéctica hegeliana que conlleva la destrucción mutua.
Claro está que no son las únicas preguntas filosóficas formuladas y abordadas por nuestros escritores duchos en la Fuerza. Emplear la naturaleza y otros seres dotados de razón y conciencia como mero medio para nuestros fines, considerar el engaño como una herramienta para obtener un bien mayor, evitar la influencia deshumanizadora de la técnica, encontrar un equilibro entre amor y deber, dar un salto de fe, y llegar a la iluminación mental “cuando no hay mente” son cuestiones filosóficas definitorias tanto en la Galaxia ficticia de Lucas como en la nuestra.
Este libro de fraguó teniendo en cuenta el pensamiento socrático de que la prudencia, tanto para los seres humanos como para los androides, comienza cuando descubrimos nuestras “malas motivaciones”. Las preguntas precedentes y las cuestiones que suscitan son profundas y retadoras, pero meditar sobre ellas puede ser gratificante e incluso divertido para aquellos, al menos, que piensan con algo más de precisión que disparan los soldados de asalto. ¡Considera este libro una “Carrera de Kessel” para tus sesos y goza de tu derecho a alardear si consigues leer el libro entero en menos de cinco parasegundos!
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Iros todos a tomar por culo. Ya lo hago yo, yalo hago yo. Se tarda menos tiempo en hacerlo que en estar dando explicaciones.
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Parte Uno.
“Qué la Fuerza te Acompañe”.
Los Mensajes Filosóficos de Star Wars.
“No puedes escapar a tu destino” (¿O sí?) Libertad y Predestinación en la familia Skywalker. IASON T. EBERL
En la Amenaza Fantasma, el Maestro Jedi Qui-Gon Jinn lleva ante el Consejo Jedi a un niño de nueve años, recién liberado del cautiverio y separado de su madre, para preguntar si puede ser entrenado en los senderos de La Fuerza. Cuando el Consejo rehúsa adiestrarle, Qui-Gon asevera: “Es el Elegido. Debéis verlo”. A lo que el Maestro Yoda replica: “Nublado el futuro de este niño está”.
El niño, por descontado, es Anakin Skywalker, el futuro Darth Vader y es “El Elegido” debido a una profecía Jedi que dice que Anakin “traerá el equilibrio a La Fuerza”. Poco más de 35 años después (en el cómputo de Star Wars) de este intercambio de pareceres, el hijo de Anakin, Luke ha completado prácticamente su entrenamiento como caballero Jedi. Tras las muertes de Obi Wan Kenobi y Yoda, Luke será “el último de los Jedi” y la “última esperanza” para la Galaxia frente al tiránico reinado del Lado Oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine y Darth Vader. Yoda dice a Luke, sin embargo, que sólo se convertirá en un Jedi si se enfrenta a Darth Vader otra vez (la primera no acabó muy bien para Luke y sus extremidades) Luke titubea ante la idea de matar a su propio padre. Pero el fantasma de Obi Wan responde: “No puedes escapar a tu destino. Debes volver a enfrentarte con Darth Vader”.
Estas escenas suscitan cuestiones filosóficas especialmente interesantes relativas a la libertad y a la responsabilidad moral (1) ¿Qué quiere decir que Anakin sea el Elegido? ¿Es posible que cumpla la profecía? ¿Acaso está Anakin está predestinado a ser seducido por el Reverso Tenebroso de La Fuerza y convertirse en Darth Vader? ¿No le queda más remedio a Luke que cargar sobre sus hombros la salvación de la galaxia? ¿Realmente se decanta de grado Anakin por unirse al Emperador? ¿Podría haberse quedado Luke en Tatooine y ser un granjero toda su vida en vez de ir a la aventura con Obi Wan? “Nublado el futuro de este niño está”
El destino de Anakin Skywalker parece marcado incluso antes de su nacimiento. ¿Quién fue su padre?, pregunta Qui-Gon después de sentir la intensidad con que la Fuerza corre en Anakin. Su madre Shmi, responde “No hubo padre. Yo de di a luz, le crie… no puedo explicar cómo sucedió”. Qui-Gon se percata entonces de que Anakin puede ser el Elegido de la Profecía Jedi. Qui-Gon es un verdadero creyente en el hado de Anakin desde ese instante y, con su último aliento, insiste en que Obi Wan le adiestre para convertirse en un Caballero Jedi. La fe de Qui-Gon en Anakin es, no obstante, sólo una creencia y Yoda señala la incertidumbre de su futuro.
El futuro también es incierto para nosotros. Pese a la creencia de algunas personas en bolas de cristal, en la astrología o en el Tarot no tenemos visiones penetrantes del porvenir. Incluso los Jedi más dotados no tienen certeza alguna sobre el futuro. Cuando Luke tiene una visión de Han y Leia sufriendo en Bespin, pregunta a Yoda, “¿morirán?” Desde luego, si algún Jedi es capaz de ver el futuro, tendrá que ser el más prudente, el más verde, el más anciano y el más poderoso de todos. Pero incluso él no pude sino replicar: “Difícil saberlo. Siempre en movimiento está el futuro”.
Tal vez es esa falta de certeza sobre el futuro lo que nos permite tomar decisiones libres para construir un futuro para nosotros mismos, como lo hace Luke audazmente, aunque quizás insensatamente, cuando decide poner fin antes de tiempo a su entrenamiento y partir de Dagobah para ayudar a sus amigos. Por supuesto, comúnmente no identificamos ignorancia con libertad. No es tan bueno sufrir una libertad que es un engaño a causa del desconocimiento del futuro como tener ante uno un futuro indeterminado, un futuro que no está escrito en piedra. Pero al menos existe un individuo en la Galaxia de Star Wars que parece saber bastante bien lo que deparará el futuro: quienquiera que escribiera la profecía Jedi que Anakin cumplió, cuando, como Vader, mató al Emperador Palpatine en El Retorno del Jedi. Este visionario, al menos en ese caso, tenía una “visión Divina” del futuro y es esta perspectiva la que suscita preguntas tanto sobre la libertad de Anakin como sobre la nuestra.
En nuestra galaxia, muchos creyentes, en especial los de las confesiones judía, cristiana e islámica conciben a Dios como un ser trascendente, omnisciente (conocedor de todo) y entienden que Dios posee un conocimiento infalible del futuro. (2) Si Dios sabe que yo escribiría este capítulo ahora, parecería que no puede haber manera alguna de que fuera mentira que estuviera escribiéndolo. Cuando me sentaba en mi sillón giratorio hace 30 minutos debatiéndome entre currar en mi capítulo o ver El Ataque de los Clones en DVD con el Dolby Surround a toda mecha (porque mi mujer se había ido de fiesta con sus amigas esa noche) Dios ya sabía lo que iba a hacer, y, como Dios no se puede equivocar, no podía haber elegido ver mi DVD en vez de currar en mi capítulo. ¿Realmente era libre?
Para examinar esta cuestión, debemos comprender un poco más lo que se ha dicho sobre la naturaleza de Dios. Tanto San Agustín (354-430) como Santo Tomás de Aquino (1225- 1274) dos filósofos cristianos enormemente influyentes de la Edad Media razonaban que no podemos decir mucho sobre la naturaleza de Dios, ya que está mucho más allá de toda comprensión humana. Sin embargo, sí que podemos estar seguros de ciertas cosas que Dios NO ES. Por ejemplo, ambos sostenían que Dios no existe “en el tiempo”. Aquino se basa en Aristóteles, que sostuvo que el tiempo es la medida del movimiento. No puede haber tiempo sin movimiento; y no puede haber movimiento sin un Universo que contenga cosas en movimiento, al igual que la Fuerza necesita de criaturas vivientes para existir. Dios, sin embargo, debe existir fuera del universo, porque Dios creó el universo. Eso significa que Dios podría existir incluso si no hubiera universo alguno. Puesto que el tiempo precisa la existencia de un Universo que contenga cosas que se mueven, y Dios podría existir sin necesidad de que exista el Universo, Dios debe existir fuera del tiempo, es decir, Dios es eterno. ¿Cómo podemos concebir mínimamente una existencia eterna fuera del tiempo? Experimentamos el paso del tiempo en forma lineal, un momento y después el siguiente, el siguiente, y así sucesivamente. Cuando Han Solo hace la carrera de Kessel en menos de cinco Parsecs (error científico de la película, ya que ésta es una medida de distancia y no de tiempo. N de Malet el traductor español se debió dar cuenta porque tradujo “parasegundos” LOL, kudos to him) primero debe pasar el primer parsec, después el segundo antes de llegar al tercero, y así sucesivamente. Esto precisa por supuesto que pueda viajar un periodo de tiempo antes de llegar al segundo periodo de tiempo antes de que pueda llegar al tercero… ¿nos entendemos? Es la naturaleza del tiempo desde nuestra perspectiva. Desde la eternidad, sin embargo, cada momento del tiempo tiene lugar simultáneamente. Imagina ver todas las películas de Star Wars en el mismo instante, no una escena detrás de otra como viñetas en un comic; ¡verías a Han disparando a Greedo y siendo congelado en carbonita al mismo tiempo!
Si alguien pudiera ver en verdad desde esta perspectiva eterna conocería el futuro, ya que, desde su perspectiva, tanto el pasado como el presente y el futuro son presente ante el observador. Para nosotros, pobres observadores lineales, el futuro no existe. Tampoco el pasado, que sólo podemos recordar. Sólo podemos percibir el presente. Tomás de Aquino escribió: “Dios conoce los sucesos futuros aún por determinar […] Dios conoce tales sucesos no sólo con respecto a sus causas sino como sucesos reales. Aunque ocurren uno tras otros, el conocimiento de Dios de los mismos no es sucesivo (como el nuestro) sino completo e instantáneo. Su conocimiento, como su existencia, se mide en función de la eternidad, que comprende en uno y el mismo instante todo el tiempo; así que su Divina Mirada se concentra en todo lo que ocurre en el tiempo como si se tratara de algo presente y conocido por el con certeza, aún si es un suceso futuro e indeterminado en relación con sus causas”.
¿Acaso el conocimiento del observador eterno del futuro del observador lineal determina ese futuro? Si se parte de la premisa de que el observador eterno no puede llamarse a engaño, parece que tiene que ser el caso. ¿Cómo voy a cambiar el futuro que ya conoce alguien que no puede engañarse sobre él? Suponiendo que la profecía es correcta y que Anakin es ciertamente el Elegido, no parece que pueda evitar traer el equilibrio a La Fuerza. No tiene libre albedrio a la hora de matar al Emperador. Algunos filósofos responderían que Anakin no elige libremente tirar al Emperador por el reactor de la Segunda Estrella de la Muerte. Suponen que el conocimiento del observador eterno determina su sino; lo que se ha profetizado acertadamente debe ocurrir. ¿Pero qué determina el conocimiento del observador eterno? ¿Qué causa que la profecía del Elegido exista en primer lugar?
Cuando Anakin, como Vader, contempla que su hijo está siendo torturado y asesinado lentamente por el Emperador, es patente que se debate entre la lealtad a su maestro y el amor a su hijo. La dramática banda sonora de John Williams alcanza un tenebroso crescendo cuando parece que se ha perdido toda esperanza de salvar la Galaxia de la tiranía. Pero después se escuchan súbitamente las notas triunfales del Tema de la Fuerza, cuando Anakin toma una decisión, destruye al emperador, salva a su hijo, restaura la libertad en la Galaxia, y trae el equilibrio a la Fuerza, entregando su propia vida para ello. Pudiera ser que la elección de Anakin determina el conocimiento del observador eterno de lo que hará, y no a la inversa. Si Anakin no hubiera decidido matar al Emperador y cumplir la profecía, la profecía nunca hubiera existido. La profecía que parece determinar el curso final del futuro de Anakin pudiera ser ella misma determinada por el curso final del futuro de Anakin que resulta de sus propias decisiones.
Esta posibilidad implica una “causalidad contra-temporal”, es decir, que en este caso, una decisión futura causa un conocimiento pasado, mientras que normalmente concebimos que los acontecimientos pasados causan los acontecimientos futuros. Pero desde la perspectiva del observador eterno, la decisión de Anakin y el conocimiento expresado en la profecía están presentes simultáneamente. Por tanto en el caso que nos ocupa no existe una causalidad contra-temporal. La decisión de Anakin ocasiona el conocimiento del observador eterno del mismo modo que dar una patada a una pelota en el suelo desplaza a la pelota – ambos acontecimientos suceden simultáneamente.
San Agustín compara el conocimiento del futuro del observador eterno con nuestro temporal conocimiento del pasado:
“¿Por qué no puede [Dios] castigar justamente lo que Él no fuerza a hacer, incluso aunque sabe que va a ocurrir? Cuando recuerdas los acontecimientos pasados no haces que ocurran. Del mismo modo, que Dios conozca los acontecimientos futuros no obliga a que ocurran. Al igual que tú recuerdas ciertas cosas que has hecho y sin embargo no has tomado parte en todas las cosas que recuerdas, Dios sabe de antemano todas las cosas de las que Él mismo es causa, pero Él no es la causa de todo lo que sabe de antemano”.
Esta no es la única forma de resolver el dilema del observador eterno. Hemos estado suponiendo que el observador eterno personificado en la noción teísta clásica de Dios tiene un conocimiento infinito del Futuro. Pero quizás no existan tales observadores eternos y no exista tiempo alguno más allá del momento presente que los observadores lineales estamos experimentando al presente. Cuando Yoda asevera “siempre en movimiento está el futuro”, puede que no estuviera hablando desde una perspectiva lineal, sino reflejando un hecho metafísico: el futuro no está escrito, porque aún no existe. Cuando existe, lo llamamos “presente” por lo que en realidad no existe realmente nada a lo que podamos llamar “futuro”. “Todo se ha cumplido de acuerdo con mis designios”. Incluso si el futuro no existe hasta que se convierte en presente, una persona poderosa en el presente puede tratar de prever lo que deparará el futuro. En la Amenaza Fantasma, Darth Sidious trama un plan para vengarse de los Jedi y dominar tiránicamente la Galaxia. En la Venganza de los Sith, el plan se cumple cuando Sidious se convierte en Emperador de la Galaxia, y, en el Retorno del Jedi, se dispone a barrer definitivamente la Rebelión que amenaza su Imperio y convertir al último Jedi al Reverso Tenebroso de la Fuerza. Cuando llega a la Segunda Estrella de la Muerte y observa la Gran Armada Imperial, alardea ante Vader: “Todo se ha cumplido de acuerdo con mis designios” (insertar risita malvada aquí) Pero en El Imperio Contrataca advierte a Darth Vader que Luke “podría destruirnos”. Vader comparte esta predicción con Luke cuando trata de seducirle por primera vez para que se pase al lado oscuro, pero obviamente tiene designios ligeramente diferentes, diciendo “puedes destruir al emperador. Él lo ha presentido. Es tu destino”. Ya sabemos cómo acaba la historia. Las cosas no marchan como ha “previsto” el Emperador, o no hubiera soltado esa risa malévola después de presumir ante Vader. El Emperador trata de actuar lo mejor que puede como un gran maestro de títeres que mueve los hilos. Pero la gente no es una marioneta y el Emperador parece verdaderamente pasmado y defraudado cuando Luke, después de derribar con ira a su padre, tira su sable de luz y declara solemnemente que jamás se unirá al Reverso Tenebroso. “Has fracasado excelencia. Soy un Jedi, cómo mi Padre antes que yo”. Sorprendido por esta súbita y libre decision, al Emperador no le queda más remedio que declarar no menos solemnemente: “Así sea, Jedi”.
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Registrado: Mar May 30, 2006 1:18 pm Mensajes: 56622 Ubicación: Andorra la Vieja (de turismo)
Para algunos creyentes, Dios puede mover ciertos hilos en el mundo para que se llegue al desenlace que desea. Dios diseñó el Universo junto con todas las leyes de la causalidad que nos afectan todos los días, como la Gravedad, la Inercia, la Fuerza Centrífuga, que la cerveza light no hay quien la trague, etc. ¿Pero cómo puede Dios mover los hilos de la libertad humana? ¿Acaso puede verdaderamente “endurecer el corazón” del Faraón como dice la Biblia (Éxodo 4:21)? Es una cuestión importante para los creyentes que también piensan que los seres humanos son responsables de sus actos: haz el bien e irás al cielo, haz el mal e irás al infierno. Si Dios endureció el corazón del Faraón para que no dejara marchar a los Israelitas, ¿por qué le castigo cuando hizo que se cerrara el Mar Rojo?
Para los filósofos de la religión, como San Agustín y Santo Tomás de Aquino, Dios puede infundir “La Gracia” en el espíritu y los corazones de aquellos que la pidan, y negarla a los que se nieguen a recibirla. Y esta gracia puede influenciar la voluntad de una persona, por lo común para el bien. La única forma de recibir la gracia de Dios es no rechazarla, y puedes evitar recibir esa gracia si no quieres aceptarla. Por consiguiente, al crear a los seres humanos con libre albedrío, Dios limita su propio poder de controlar nuestras vidas; Dios sólo puede mover sólo esos hilos de nuestra voluntad que nosotros le dejamos, aunque aún puede mover los hilos de todo lo demás que nos rodea.
En este sentido, Dios tiene tanto poder sobre nosotros como el Emperador tiene sobre Luke y Vader. El Emperador cree que tiene un poder sobre la voluntad de otras personas que no puede tener, porque por muy poderoso Señor Sith que sea, al cabo no es más que un ser mortal y limitado. Dios, por otro lado, es omnipotente, y por lo tanto ¡podría haber ejercito un control absoluto sobre todo lo creado por él, nosotros incluidos! Por ejemplo, Dios podría habernos diseñado como autómatas descerebrados al igual que los naturales del Planeta Kamino modificaron la estructura genética de los soldados clones de la República para hacerles “menos independientes” y “totalmente obedientes, cumpliendo toda orden sin hacer preguntas”. Pero Dios optó por crearnos con libre albedrió y por tanto decidió limitar su propio poder para mover nuestros hilos. Aunque omnipotente, ni siquiera Dios puede controlarnos debido a la forma en la que nos creó. Esto nos permite ser responsables de nuestros actos y merecer recompensa o castigo por los mismos. Pero incluso si el futuro no estuviera determinado y no existiera un maestro de títeres cósmico, no hemos escapado a la posibilidad del destino. Pudiera ser que la mera verdad de lo que los filósofos llaman “proposiciones contingentes en relación con el futuro”, -es decir, aseveraciones sobre el mismo- obliguen a que los acontecimientos se desarrollen de un modo determinado. Existen puntos de vista diversos sobre el destino que anteceden realmente a gran parte de la filosofía de la religión de la que hemos tratado, por ejemplo en la antigua cultura sumeria, en la épica homérica (la Ilíada y la Odisea) y en las mejores tragedias griegas se trata del Destino.
Su obra, De Interpretatione, Aristóteles plantea el tema del Destino señalando que uno puede decir verazmente en cualquier momento que “mañana tendremos una batalla naval o no”. Esta proposición no nos ofrece mucha información, y podemos imaginarnos al estratega rebelde, El General Ackbar, diciendo a Lando Calrissian “Mañana destruirás la Estrella de la Muerte cuando llegues a Endor, o no”. Sin embargo, dice Aristóteles, si alguien dice “habrá una batalla naval mañana”, puede tener razón, porque puede haber muy bien una batalla naval mañana. Y también puede equivocarse, porque puede no haber una batalla naval mañana.
Digamos que hay una batalla naval y la persona que lo dice acierta aunque carezca de la gracia de una previsión omnisciente. El hecho de que la proposición “habrá una batalla naval mañana” es cierta hoy parece determinar que en verdad habrá una batalla naval mañana. ¿Cómo no podría ser así a no ser que la proposición sea falta? Si era verdad cuando se desarrollaban los acontecimientos en La Amenaza Fantasma que Obi Wan sería muerto por Darth Vader en La Guerra de las Galaxias, Obi Wan debía morir en se momento. Pero Obi Wan dejó de luchar, sostuvo su sable y dejó que Vader acabara con él, un acto aparentemente libre, pero misteriosa.
Una forma de dar respuesta a este fatalismo aparente es señalar nuevamente dónde empieza la cadena causal. Si la proposición “Obi Wan será muerto por Vader” es verdadera treinta y pico años antes de que ocurra, no causa necesariamente la muerte de Obi Wan. Es la decisión de Obi Wan de dejar que Vader lo abata lo que convierte en cierta la proposición y lo que hace incierta la proposición “Obi Wan vivirá para ver la derrota del emperador”. Otra forma es negar, como hace Aristóteles, que las proposiciones contingentes sobre el futuro tengan valor de verdad alguno, no son ni verdaderas ni falsas cuando se enuncian. Esas proposiciones sólo son correctas o no cuando el acontecimiento al que aluden ocurre o no.
“Tiene que seguir su propio camino”.
¿Pero qué sucedería si Obi Wan no decidiera libremente permitir que Vader le mate, porque no tuviera otra opción? Muchos filósofos (a los que se suele etiquetar como “libertarios” (6) convendrían en que Obi Wan no es libre si no tiene otra opción. Vader parece sufrir esa falta de elección en una conmovedora escena en El Retorno del Jedi cuando, después de que Luke trata valerosamente de despertar la bondad que siente en su padre, le responde: “no conoces el poder del Reverso Tenebroso, tengo que obedecer a mi Señor. Es demasiado tarde para mí, hijo mío”. Y en verdad, parece que la Fuerza funciona así, ya que Qui-Gon dice, aludiendo a Anakin que “encontrarle fue la voluntad de La Fuerza, no albergo la menor duda”. Después enseña a Anakin la forma en que los midiclorianos están presentes en todas las formas de vida y “nos hablan constantemente, revelándonos la voluntad de la Fuerza”. Si la “voluntad de La Fuerza” determina el sino del Universo, directamente incluso si interviene en la concepción de Anakin como infiere Qui-Gon, no parece que ni Anakin ni cualquier otro ser vivo sometido a La Fuerza tenga posibilidad de obrar de otro modo. Tienen que obrar como desea la fuerza.
¿Es posible que los únicos seres vivos en la Galaxia de Star Wars sean aquellos que no se someten a la voluntad de la Fuerza? El ejemplo más claro es Han Sólo, que dice enfáticamente, “ningún campo de energía mística controla mi destino”. Han ha vivido siempre como un “espíritu libre” contrabandeando por la galaxia para Jabba de Hutt, rompiendo plusmarcas de velocidad con el Halcón Milenario, y tratando de evitar “embarazosos contactos Imperiales”. Han muestra su libre albedrío del modo más vigoroso cuando prefiere cobrar la recompensa por rescatar a la Princesa Leia y abandonar la Alianza Rebelde en vez de ayudarla a destruir la Estrella de la Muerte. Luke le interpela, pero la voluntad de Han es clara y responde con un poco entusiasta “Que la Fuerza te acompañe”. Su hermana, mucho más bregada, también está decepcionada por la decisión que ha tomado Han, pero comprende que no pueden hacer nada para detenerle: “Es su vida. Es él quien tiene que tomar sus decisiones”. Ya sabemos que al cabo Han cambia de opinión y resuelve acudir al rescate de Luke en el último momento, permitiendo que emplee La Fuerza para destruir la Estrella de la Muerte.
Parece que Han, al contrario que Anakin y Luke, tiene posibilidad de elegir entre diferentes alternativas que determinarán su propio futuro, lo que la mayoría de los pensadores libertarios consideran ser un requisito fundamental de la definición de “libertad”. El filósofo de la ilustración John Locke ( (1632-1704), observó, empero, que la libertad no necesariamente precisa de la posibilidad de decantarse por diferentes alternativas:
“Supóngase que llevan a un hombre, profundamente dormido, un cuarto, donde está una persona a la que ansía ver y conversar, y que, cerrada la puerta a cal y canto, no puede salir de allí; se despierta y se complace en encontrarse en tan agradable compañía, con la que permanece de grado, es decir, prefiere quedarse a marcharse. Pienso yo: ¿acaso no es voluntaria su permanencia allí? Pienso que ningún mortal dudará de ello; y con todo, estando encerrado, es evidente que no tiene libertad de no quedarse, que no tiene libertad de irse”.
Lo que convierte en libre a la persona de la historia de Locke es que a pesar de que no le queda otra que no salir de la habitación, quiere estar allí. Percibe esa compañía agradable y desea permanecer con ella. Mientras quiera quedarse en la habitación, su elección es libre, según Locke. Si por el contrario decide irse y se encuentra con la puerta cerrada, se ha forzado su voluntad, y por lo tanto no es libre. La libertad, por tanto, puede radicar en última instancia en la voluntad de una persona: si desea hacer una acción u otra, si desea hacer el bien o él mal, y de su capacidad de hacer lo que desee.
Cuando trata de demostrar la razón por la que los seres humanos obran libremente cuando hacen el mal, y no se ven compelidos a hacerlo por los designios o la previsión eterna, San Agustín sostiene que el deseo es la fuente de todo el mal resultante de la voluntad desquiciada de una persona: “todo hombre malvado es causa de su propio mal” San Agustín considera que una persona tiene “apetencias desordenadas” cuando se centra demasiado en los bienes “temporales”. Las buenas personas viven “sin amar aquellas cosas que no pueden poseerse sin arriesgarse a perderlas”. Si las personas malvadas “tratan de eliminar cualquier obstáculo para gozar seguramente de estas cosas, viven una vida sumida en la iniquidad y el crimen, a la que tal vez sería mejor llamar “muerte” (10)
Es una descripción que le cuadra muy bien a Anakin, que es incapaz de dejar de amar posesivamente a su madre y Padme, y las pierde. Cuando muestra su frustración por no haber podido rescatar a su madre de las garras de los moradores de las arenas, hace un voto de “convertirse en el Jedi más poderoso de la historia” y “tratar de aprender a evitar la muerte de las personas”. George Lucas, el major conocedor de la psicología de Anakin, observa:
“El problema de Anakin es lo pasa muy mal cuando tiene que dejarlo estar. Trata de conseguir cada vez más poder para cambiar el destino de la gente para que sean como él quiere, y esa codicia hace que pase de querer salvar a la persona que ama a percatarse de que puede ser dueño del Universo. Anakin desea controlar cosas que al cabo están fuera de su control, desafiando el orden natural del Universo establecido por la Voluntad de la Fuerza, y de ahí su caída moral. Y ese deseo tiene en Anakin su propia fuente: “Lo que cada hombre decide perseguir y amar es su propia decisión” (12)
Desde esta perspectiva, tanto da que Anakin tenga la posibilidad real de obrar como quiera. Incluso si algo evita que Anakin, digamos, se case con Padme en Naboo, imagínate que reventara su nave por el camino, ya ha decidido quebrantar sus votos Jedi y es responsable moralmente de esa apetencia. Por tanto pese a las apariencias de que no le queda otra que ser el Elegido y destruir al Emperador, no es menos libre a la hora de dejarse seducir por el Reverso Tenebroso, ya que su libertad nace de su libre albedrío y de sus “apetencias desordenadas”.
“A Este yo le he observado Mucho Tiempo”.
Luke, al igual que su padre, tiene sobre sí el fardo de las expectativas. Si Anakin es el hijo de la profecía, Luke es la nueva y última esperanza de redención para la galaxia. Pero para recobrar la libertad, Luke debe ejercer su propia libertad. Como descubre en la cueva de Dagobah, Luke es susceptible de que las apetencias desordenadas hagan que sea seducido por el lado oscuro. Tanto Vader como el Emperador tratan de canalizar la apetencia de destrucción de Luke, y de servirse de esas apetencias en su propio provecho. Pero en última instancia, sólo depende de Luke ceder a esa apetencia desordenada; sólo él puede dejarse seducir por el reverso tenebroso: “Después de todo, ¿qué podría causar la voluntad, sino la voluntad misma? Y si bien Yoda y Obi Wan tienen gran fe en Luke desde su nacimiento, sólo pueden observar cómo se desenvuelve la vida de Luke y ayudar a su adiestramiento como Jedi. Pese a sus buenas intenciones, ninguno tiene el poder para doblegar la voluntad de Luke, como vemos en Dagobah cuando le ruegan que no abandone el planeta hasta completar su entrenamiento. Luke ha salido bastante a su padre, ya que permite que las apetencias desordenadas controlen su voluntad. Pero también es como Han Solo, porque no está completamente sometido a la Voluntad de la Fuerza. Cuando pregunta a Obi Wan si La Fuerza controla tus acciones, Obi Wan replica “parcialmente, pero también obedece tus órdenes”. En una escena borrada del Ataque de los Clones, Mace Windu aconseja a Obi Wan: “Debes tener fe en que elegirá el camino recto”. Anakin domina su propio destino e incluso los Maestros Jedi no pueden evitar que lo haga. Por desgracia, Anakin no elige el camino recto, pero sí su hijo, a pesar de afrontar parecidos obstáculos.
Es importante que nos preguntemos, a lo largo de nuestra vida, que “fuerzas” tratan de doblegar nuestra voluntad. ¿Qué deseos pueden convertirse en “apetencias desordenadas” y dominarnos? Y también tenemos que ser conscientes del control que poseemos sobre nuestros propios deseos y voluntad. Incluso si en verdad existiera un observador eterno vigilándonos o un maestro de títeres moviendo los hilos del Universo, podemos mover nuestros propios hilos y determinar lo que conoce el observador eterno y limitar lo que, en su caso, puede lograr el maestro de títeres.
Somos radicalmente libres y por lo tanto responsables por lo que hacemos con nuestra libertad. Y como mi mujer aún está de parranda con “sus amigas”, creo que ejerceré mi libertad radical de ver el Ataque de los Clones y despertar a todo el vecindario, seguro de mi conocimiento de Que sera, sera... Whatever will he, will he.
(Es un juego de palabras que considero intraducible, a cuento de la Doris, aunque si a alguien lo lee y se le ocurre algún modo, pos muchas gracias. Entiendo que quiere decir “será lo que él quiera” probablemente refiriéndose a Dios, a la fuerza o whatever)
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Iros todos a tomar por culo. Ya lo hago yo, yalo hago yo. Se tarda menos tiempo en hacerlo que en estar dando explicaciones.
Registrado: Mié Ene 14, 2015 5:39 am Mensajes: 7597
Malet escribió:
Que está uno ahito de marxismo (y de política) por una temporada, collons. Y este es mi libro ideal, ya que se mezcla mi innato frikismo con mis frustradas pretensiones de gafapastismo.
La Guerra de las Galaxias y la Filosofía.
Tal vez os resulte chocante, pero existe una alusión esotérica y poco conocida, plena de significado, en todas las películas de Star Wars. “Tengo un mal presentimiento”. En todos los episodios de la “ópera espacial” de George Lucas, uno de los personajes principales expresa esa ansiedad existencial fundamental. Supone una respuesta intuitiva a un vago problema . Pero ese problema está enraizado en la esencial noción filosófica de formular preguntas acerca del Mundo. A veces la maravilla nos lleva a hacer preguntas, otras, la duda. Contemplamos los cielos, como Luke en Tatooine, y nos preguntamos por la extensión del Universo, su origen, y su sentido. Cuando sufrimos una crisis de fe, al igual que Luke cuando se entera de su parentesco con Darth Vader en la Ciudad de las Nubes, podemos poner en tela de juicio nuestras ideas y creencias más firmemente asentadas. Escudriñamos en nuestro yo interior, como Leia cuando iban a introducir a Han en el congelador de carbonita, y nos preguntamos qué significa amar o ser virtuoso.
Si compartimos el punto de vista escéptico y mundano de Han Solo, no pensaremos que existe una mente o espíritu que sobrevive después de que nuestros procesos orgánicos finalicen con la muerte. Buscamos en nuestra chatarrería, como hace Watto constantemente, y nos preguntamos si existen fórmulas que describen las variaciones en la expresión de valor de los productos del trabajo humano.
La filosofía no posee el monopolio de la maravilla o la duda. Uno puede maravillarse cundo reflexiona sobre el nacimiento de tus mellizos, o cuando contempla esa nueva obra de arte colgada en la pared de nuestro Hutt predilecto. También se puede dudar si bastarán las modificaciones en tu vaina de carreras para triunfar en la Carrera de Boonta Eve.
En esos casos no es preciso un cuestionamiento filosófico. La filosofía comienza con esa sensación de maravilla pero conduce a la reflexión. La necesidad de reflexionar, de cambiar nuestra mente y nuestro entorno, sólo surge porque nos vemos en situaciones complicadas. Encontramos soluciones inmediatas a los problemas sencillos, como la sobrenatural pericia del joven Anakin para reparar máquinas. Los problemas más difíciles imponen decantarse por diversas alternativas: ¿debería decir Obi Wan la verdad a Luke sobre su padre o esperar a que madure? ¿Debería Qui-Gon emplear “trucos mentales” Jedi sobre el Jefe Nass para conseguir un medio de transporte para salir de la ciudad Gungan? Los problemas filosóficos se distinguen con frecuencia por el hecho de que el propio problema no está claro, debemos aclarar ciertas cosas sobre el mundo y sobre nosotros mismos, en ocasiones en los niveles más profundos antes de que podamos “acabar con ello e irnos a casa”.
Star Wars no muestra a las claras su filosofía, no hace astutas alusiones a Alicia en el País de las Maravillas o a la Cábala para hacer pensar al espectador medio. Si bien estas películas son fundamentalmente vehículos para temas fantásticos y escenas de acción, se encuentran en ellas personajes que tratan de solucionar, a un nivel profundo, problemas más grandes que ellos mismos. En Star Wars, el conflicto es contante, pero no se trata de la lucha en las “guerras” del título en las que se desarrolla la personalidad de los personajes principales, después de todo, y como diría Yoda “Las Guerras no le hacen a uno Grande”. No, se trata de la lucha por comprender y superar problemas profundos sobre la identidad, la verdad, el libre albedrío y el sentido trágico de la vida que define el auge, la caída y nuevamente el auge de la familia Skywalker y el impacto que provocan tanto en sus aliados como en sus enemigos. En esencia, las películas de Star Wars nos cuentan una sencilla historia de tragedia, valor y redención. Pero bajo esta simple guisa se analizan las eternas preguntas de la filosofía, muchas de las cuales cuando son analizadas en esta obra adquieren un nuevo significado cuando se contrastan con el trasfondo de la trama, las pintorescas situaciones y los memorables personajes. Por ejemplo:
* ¿Es la virtud buena por ser cara a los Jedi, o es cara a los Jedi porque es buena? (Platón) * ¿Es Yoda un Maestro Jedi tan Grande que no puede concebirse otro mayor? (San Anselmo) * ¿Puede Anakin consagrarse a ser un Jedi casto y desapegado, pero aún no? (San Agustín? * ¿Qué es mejor para un gobernante absoluto de la Galaxia, ser temido o ser odiado? (Maquiavelo) * ¿Soy una mente, un cuerpo, o una pesado glóbulo de grasa? (Descartes) * ¿Cómo podemos asegurar que saldrá el Sol en Alderaan por la mañana, por mucho que haya salido todos los días desde el comienzo de los tiempos? (Hume) * ¿Si Vader escudriña el abismo, acaso el abismo no le escudriña también a él?? (Nietzsche) * ¿El infierno son otros señores Sith? (Sartre) * ¿Quién es piojoso? (Han Solo)
Aquí encontrarás un debate animado y meditado sobre esas preguntas, pero no se nos culpe si no se obtienen respuestas claras y rápidas, ya que estas preguntas, ¡llevan rondando dos mil años sin recibir respuesta! Judith Barad analiza las respuestas más antiguas cuando estudia las virtudes de la Orden Jedi. Para William Stephens, Yoda representa tanto un gran maestro Jedi como un prudente sabio Estoico. Chris Brown considera que la caída y la redención de Anakin son invitables si es necesario el bien para que exista el mal. Kevin Decker ve en Palpatine el más diestro político de la galaxia que se sirve de artes maquiavélicas. Robert Arp encuentra la pregunta de Descartes sobre el dualismo entre alma y cuerpo tan intrigante como preguntarse por C3PO y R2- D2 como reflejo de nosotros mismos, y Jerome Donelly conviene en que los androides pudieran ser más “humanos” que los humanos en Star Wars. Aunque sabemos la respuesta a la pregunta de Alderaan, Jan-Erik Jones encuentra que hay parecidos debates de café entre las esperadas relaciones causa y efecto que no están resueltas en nuestros días. ¿Qué es lo que hace funcionar a la Gravedad, al fin y al cabo?
Por supuesto, Vader pasa su vida entera contemplando el metafórico abismo de la tinieblas y el mal, y de vez en cuando el abismo literal de los canales de un reactor de una estación espacial; lo que esto nos dice de su fibra moral y de su capacidad para la redención es lo que resulta fascinante para muchos.
Y si la pregunta de Sartre atañe a tres extraños atrapados en una habitación “sin salida” por toda la eternidad, Brian Cameron señala que sólo hacen falta dos Señores Sith para bailar el “pas de deux” de la dialéctica hegeliana que conlleva la destrucción mutua.
Claro está que no son las únicas preguntas filosóficas formuladas y abordadas por nuestros escritores duchos en la Fuerza. Emplear la naturaleza y otros seres dotados de razón y conciencia como mero medio para nuestros fines, considerar el engaño como una herramienta para obtener un bien mayor, evitar la influencia deshumanizadora de la técnica, encontrar un equilibro entre amor y deber, dar un salto de fe, y llegar a la iluminación mental “cuando no hay mente” son cuestiones filosóficas definitorias tanto en la Galaxia ficticia de Lucas como en la nuestra.
Este libro de fraguó teniendo en cuenta el pensamiento socrático de que la prudencia, tanto para los seres humanos como para los androides, comienza cuando descubrimos nuestras “malas motivaciones”. Las preguntas precedentes y las cuestiones que suscitan son profundas y retadoras, pero meditar sobre ellas puede ser gratificante e incluso divertido para aquellos, al menos, que piensan con algo más de precisión que disparan los soldados de asalto. ¡Considera este libro una “Carrera de Kessel” para tus sesos y goza de tu derecho a alardear si consigues leer el libro entero en menos de cinco parasegundos!
Cohones, Malet , peaso tocho que te has marcado. Yo esperaba ver al final de tu post un enlace a algo, y veo que es cosecha propia.
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