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Los medicos no son santos, ni diablos, ni tampoco angeles caidos del cielo, y ello sumado al riesgo de que se puedan ir quemando en el infierno de los enfermos, contribuye a que puedan ver morir a gente o firmar partes de guerra con nuevas bajas, cual general al que se le hace tarde para irse a tomar unas cañas. Por eso no se trata de demonizar a nadie, pero tampoco de ensalzar la labor de unos fulanos que cada vez estan mas acostumbrados a moverse por su interes personal de medrar o prosperar o de saciar sus ansias de notoriedad que de curar por el placer de curar.
Ello se ve perfectamente cuando solo se acuerdan de lo mal que esta la sanidad y la falta de recursos que hay, cuando ven sus puestos peligrar.
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