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—Durante su etapa de delegado del Gobierno en Navarra, la lucha antiterrorista estaba en su apogeo. Había muchos atentados por parte de ETA y había aparecido el GAL. Todo esto le concernía de forma menos directa que cuando ocupó la Dirección General de la Guardia Civil, pero debía de ser, lógicamente, una persona muy informada. ¿Cómo era el trato a los detenidos? ¿Se torturaba de forma general, como cabe deducir de los casos de Lasa y Zabala y otros?
—En Navarra se producían detenciones y denuncias por torturas. En los manuales de ETA se indicaba cómo efectuar la denuncia en todos los casos de detención. Por otro lado, hay sentencias que confirman torturas. Bien, si no somos hipócritas, uno tiene que entender que si detienes a un señor que ha matado a 23 personas y lo interrogas y confiesa, ¿qué es lo que le ha hecho confesar? Ha habido golpes, presiones físicas que no dejan huella, pero que puedes pensar que se producen. Presiones psíquicas, también. ¿Alguien se cree que declaran lo que declaran sin coacciones?
—¿Significa esto que justifica usted la tortura?
—¿Cuántas vidas se han salvado por confesiones de detenidos que han sido sometidos a tortura? Hablo de vidas concretas. Yo conozco algunas: vidas de jueces, de militares, de fiscales…
—¿Es un sí a la tortura?
—En abstracto, desde un punto de vista intelectual, le diría que no, pero ante la tesitura de torturar a alguien cuya declaración puede salvar la vida de alguien, le diría que sí.
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