neckbearded sockshitter escribió:
Pero, por otra parte ¿por qué te interesa tanto el enfoque marxista respecto a las identidades sociales? ¿Te estás convirtiendo a los rebeldes?

Empiezo por el final. Me interesa porque soy de la opinión de que el marxismo, o muchos elementos del marxismo, han sido y siguen siendo el mejor punto de partido para analizar la historia, por varias razones que yo comparto completamente:
1. Materialismo.
2. Desconfianza del sistema socioeconómico y análisis crítico del status quo social.
Otras cosas (no menos fundamentales para Marx, lo confieso) me parecen muy discutibles como, por ejemplo, su visión progresista de la historia y su carácter dialéctico. Vamos, que la herencia hegeliana es lo que menos me gusta del análisis marxista. Pero, con todo, creo que no ha habido ningún método de análisis histórico que se le asemeje en profundidad y capacidad para ir a la raíz de los temas. Marx, junto con Freud y Nietzsche, es uno de los "filósofos de la sospecha", en expresión de Ricoeur, porque puso en duda, como nadie, todo el sistema socieoconómico del capitalismo e investigó sus fundamentos y pilares fundamentales. Por eso, mis historiadores favoritos, o son marxistas o vienen de la tradición marxista.
Y es por esa razón por la que me satisface enormemente el análisis que hacen los constructivistas de la nación, porque es un intento de deconstruir (perdón por usar un palabro horrorosamente posmoderno) la nación y de analizar cómo se forma la conciencia nacional, tanto en las élites como en las masas y, sobre todo, cómo y a quién beneficia su desarrollo. El propio Marx ya se dio cuenta de que la identidad nacional era enemiga de la identidad de clase y así lo dejó escrito en varias ocasiones. Por ejemplo, cuando escribió: "La nacionalidad del trabajador no es francesa ni inglesa ni alemana: es el trabajo [...] Su gobierno no es el de Francia ni el de Inglaterra ni el de Alemania: es el capital. Su aire nativo no es francés ni alemán ni inglés: es el aire de la fábrica"
Dices varias veces que el constructivismo radical te recuerda al pensamiento conspiranoico, pero creo que eso parte de una exageración de lo que es el constructivismo porque, al menos en sus principales figuras (Gellner, Anderson, Kedourie), el fomento de la idea de nación por parte de las élites no es producto de una conspiración en la sombra dirigida y controlada sino, a la manera de la superestructura marxista, un proceso en el que entran elementos conscientes e incoscientes pero que, a la postre, como pasa, por ejemplo, con la religión, permite un mayor control social por parte de la burguesía de la identidad de clase. Así, por ejemplo, el fomento de la identidad nacional entre el proletariado europeo fue la principal causa del fracaso de la II Internacional y permitió a las clases dominantes encuadrar a sus obreros en las filas de los ejércitos nacionales de la I Guerra Mundial. Es decir, una auténtica forma de control social a través de la desviación de lo fundamental en favor de algo accesorio y, hasta entonces, nuevo para las clases bajas: la idea de la solidaridad nacional. Porque durante todo el siglo XIX el nacionalismo es una ideología de las élites liberales y burguesas, y no es hasta finales del XIX y el siglo XX que se extiende este sentir entre las masas. Es gracias al surgir de los movimientos obreros de masas y por miedo a estos que la burguesía y la clase intelectual se plantea evangelizar al pueblo a través de símbolos, sistemas educativos alfabetizadores, monumentos, mitos históricos, etc en la idea de la nación fomentando su conciencia.
Algunos de los constructivistas más importantes han sido antropólogos (Gellner), lo cual no es de extrañar porque son estos los que mejor saben que en las sociedad preindustriales no existía la identidad nacional fuera de las élites económicas e intelectuales. No hay conspiranoia por tanto sino análisis materialista y desconfiado (crítico) de la estructura social y de las nuevas identidades nacidas al albur de la modernidad.