Estoy de acuerdo con Neck en que el análisis de clase y el cuestionamiento del sistema socioeconómico vigente, al menos desde una posición socialista o comunista, debe ser predominante. Que ese discurso puede unir a un mayor número de personas a medio-largo plazo, más cuando la gente está sufriendo las consecuencias de la crisis (y cómo) Pero predominante no significa asimilador ni incompatible con esas luchas.
Ahora bien, voy a pegar una entrevista y un artículo (aunque sea referidos a la problemática específica de los pueblos indígenas) que también demuestra que desde la izquierda marxista (o desde algunas organizaciones de la misma) debemos hacer también autocrítica, primero, por una cuestión de mera urbanidad con algunos pueblos con particularidades específicas y problemáticas de opresión específica (que sabrás tú puto indígena, lee a Marx y no me cuentes historias pre-lógicas y mitológicas, como si fuera incompatible el mantenimiento de algunas peculiaridades con la lucha social y política, o como si los marxistas nos arrogáramos el monopolio de la lucha, por mucho que consideremos que nuestro planteamiento es el correcto.
http://www.theclinic.cl/2011/06/14/no-n ... s-abuelos/
El titular choca, y de primeras parece revelar al lector apresurado como lo fui yo en primer momento

cierta cerrazón intelectual, (conocer a Marx o a cualquier otro sociólogo o politólogo o economista importante, se compartan o no sus postulados, me parece que no puede descartarse por persona que se interese por la política y participe en ella activamente) pero leyendo la entrevista y en el contexto en que la afirmación se hace, queda claro que es una reacción irónica ante lo que se percibe (al parecer con razón) como desprecio dogmático por otras formas de organización y de lucha y por problemáticas específicas.
Citar:
Cuentan que se conocen desde la enseñanza media. José Ancalao Gavilan (22 años) es originario de la comunidad Ignacio Cheuquemilla de Purén. Hoy cursa tercer año de Antropología en la Universidad Católica de Temuco. También en la UCT estudia su “peñi” Jonathan Zapata Painemal (21 años), quien cursa la carrera de Pedagogía Básica Intercultural. Zapata es originario del lof Tromen, una de las zonas más tradicionales del territorio mapuche. Pablo Millalen Lepin (22 años), por su parte, cursa Trabajo Social en la Universidad Autónoma de Chile y es originario del lof Mañuco, en Galvarino.
Ex dirigentes del emblemático movimiento de secundarios “Meli Newen” de Temuco, encabezan hoy un viejo anhelo del movimiento estudiantil mapuche; avanzar hacia la conformación de una Federación de Estudiantes que los convoque, aglutine y represente. El 2010 dieron los primeros pasos y este 2011 se lanzaron a la piscina, solicitando el pasado 22 de mayo su inclusión formal en la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech). Nunca sospecharon la reacción de las federaciones bajo control de las Juventudes Comunistas. No solo no respaldaron su petición. Más grave aun, fueron atacados por estos con epítetos racistas y actitudes matonescas, según denunciaron en Temuco.
El incidente, lejos de ser anecdótico, preocupa de sobremanera a los jóvenes portavoces estudiantiles sureños. Y es que lo transversal del racismo, que cruza de izquierda a derecha del espectro político chileno, no dejó de sorprenderlos. Reconocen no haber buscado jamás enfrentarse con la “Jota”. Pero puesto así el escenario, advierten no se dejarán amedrentar. Ya se anotaron su primera victoria política; José Escarate, militante comunista y presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, por su responsabilidad en el intento de agresión, acaba de ser destituido de su cargo. Para clarificar lo acontecido y sobre todo ahondar en su propuesta, Azkintuwe entrevistó a los voceros de la Federación Mapuche de Estudiantes (FEMAE).
- Partamos por la polémica. ¿Qué pasó con las Juventudes Comunistas en Santiago?
José Ancalao (JA); Pasó lo que sucede siempre cuando los mapuche demandamos auto representarnos, de manera autónoma y sin tutelajes políticos. Hay que contextualizar. Este conflicto se da en el marco de la búsqueda nuestra por participar, como Federación Mapuche, en el Confech y ser parte de la discusión que se da a nivel estatal respecto de la educación en Chile. Buscamos participar, pero en igualdad de condiciones, con voz y voto, no para estar como atractivo de circo en las asambleas. Nuestra idea era poder aportar a la discusión que se da en el Confech, asumiendo que los estudiantes chilenos reconocían la existencia de una nación como la nuestra, con demandas que le son propias y con la legitimidad de levantar nuestros propios referentes. Para nuestra sorpresa descubrimos que no era tan así.
Pablo Millalen (PM): Queremos ejercer un derecho legítimo de nuestro estudiantado. Los mapuches tenemos nuestras diferencias que son evidentes con el estudiantado chileno, formamos parte de un pueblo distinto, pero no estamos contra ellos. Entendemos la necesidad de unir esfuerzos, pero eso pasa porque podamos ejercer este derecho legítimo de autorepresentación y que se nos ha negado históricamente en diversas plataformas donde hemos querido participar. Buscamos participar, como decía mi peñi José, pero también estar en la toma de decisiones, en igualdad con el resto de las federaciones.
- Qué opinión les merece esta ceguera de los sectores políticos chilenos, en particular de las Juventudes Comunistas.
JA: Lamentable. Existe desde las cúpulas partidistas algo que predomina; nos ven siempre bajo la tutela de ellos, nos reivindican desde el centro, la izquierda y la derecha, pero para sus fines. Yo creo que esto responde a una lógica de no entendimiento y de no querer entender tampoco, esto quedó demostrado en la actitud racista asumida por los dirigentes de la Jota. Existe un gran desconocimiento de lo que somos y eso es precisamente un problema que nos remite a la educación. Tal vez si existiera un modelo educativo intercultural ellos podrían conocer nuestros derechos y saber cómo nos organizamos. Hay comentarios en las redes sociales que rayan en el racismo y eso nos parece impresentable en los tiempos actuales. Y sorprende que muchos digan “estar con la lucha mapuche”, pero al parecer siempre y cuando sea “sin los mapuche”.
- Tratándose de sectores en teoría “aliados” de la causa mapuche, ¿les sorprende o es una olla que simplemente se destapó?
PM: Es simplemente una olla que se destapó, sobre todo en el caso del Partido Comunista. Se asume casi como un dogma que los mapuches y los comunistas son aliados naturales, pero eso no es tan así. Puede ser que en los tiempos de la dictadura hayan existido alianzas coyunturales, pero asumir de buenas a primeras esto es un absurdo. Las nuevas generaciones no desechamos estos nexos, reconocemos la historia de lucha social de los comunistas, pero eso no nos impide plantearnos de manera autónoma y soberana. Nuestra lucha como mapuche esta por sobre divisiones de izquierda, centro o derecha, hay gente que simplemente no lo entiende.
Jonathan Zapata (JZ): La izquierda chilena y el Partido Comunista tiene varias autocríticas pendientes con nuestro pueblo. Se causó un gran daño a nuestra lucha en tiempos de la UP, hubo represión contra los mapuches que defendieron sus tierras y se negaron a ser vistos como “campesinos”. Eso no se cuenta mucho, pero fue una realidad.
- Hay quien escribió en Twitter que a ustedes les hacia falta leer a Marx o a Lenin para saber de política. ¿Qué opinan?
JZ: A mi me preocupa sobre todo la ignorancia del winka respecto de nosotros. Y la prepotencia, que va de la mano de la ignorancia. Nosotros ocupamos el feipiam, la memoria oral, esa es nuestra bibliografía. A veces yo digo “mi abuelo dice eso” y el lo escuchó y lo aprendió de otros más antiguos que él. Ellos son nuestra biblioteca, allí está el conocimiento mapuche. No necesitamos leer a Lenin ni a Marx para luchar, nos basta con aprender de nuestros abuelos. Los pueblos construyen conocimiento. Dentro del mapuzugun tenemos nuestra forma de ver el mundo, nuestra ciencia, nuestro conocimiento, nuestra estructura social, nuestra forma de organizarnos. Me parece que en la Jota están leyendo mucho a Sergio Villalobos (risas). Deberían leer por último “Escucha Winka”, que habla más de nosotros y demuestra que no somos unos indios que andamos a pata y a quienes solo buscan para arrear a las votaciones.
PM: Yo no necesito leer a Marx. Nuestros viejos son la biblioteca de nuestras comunidades, de nuestras familias. Ese conocimiento lo complementamos con lo que aprendemos de la sociedad occidental, que también tiene cosas buenas que enseñarnos, pero así, mezclando lo mejor de cada lado vamos construyendo un discurso propio.
YZ: Y si necesitamos ideólogos nuevos, hay hermanos mapuche que se han ido formando y que nos entregan elementos para construir un discurso propio.
- Esto también apareció en las redes sociales y debo preguntarlo; ¿Están siendo manejados por la CIA?
JA: Lo descartamos totalmente (risas). Tampoco tenemos por el momento contactos con los extraterrestres, aunque no descartamos a futuro alianzas intergalácticas con otros seres, dependerá de la coyuntura (risas).
- ¿Creen que el incidente con la Jota refleja algo mucho más profundo, como lo es el racismo en Chile?
JZ: Totalmente. Hay racismo, ignorancia, desconocimiento en todos los sectores. Esto trasciende la Jota. Ellos son unos dogmáticos, que no ven más allá de cómo fueron formados en su ideología. Es preocupante lo que pasa en la Confech, la ignorancia que se tiene de nuestros temas; por ejemplo, cuando presentamos nuestra propuesta ellos escribieron en el registro: “la etnia mapuche opinó lo siguiente”. “La etnia”, así nos llamaron, ni siquiera utilizan los términos que corresponden, estamos en el siglo XXI, y conste que lo dice la “intelectualidad” del pueblo chileno, que es como se califican a si mismos los estudiantes de la Universidad de Chile.
- Entiendo que se reunirán esta semana con la dirigencia del PC en Santiago.
JA: Así es. Hemos agendado esta semana una reunión en Santiago con la dirigencia del PC, encabezada por Guillermo Tellier, para abordar el problema que se ha generado con su tienda juvenil. Buscamos dialogar con la Jota pero nos fue imposible y no nos vamos a desgastar con ellos. En días recientes la Jota emitió un comunicado donde no solo no responden por lo acontecido en Santiago, sino que además desmienten un intento de agresión física que fue presenciado por diversos delegados estudiantiles. Han montado incluso toda una campaña de desprestigio en las redes sociales y en las universidades donde tienen presencia. Ante eso, poco y nada que hacer. Por ello solicitamos dialogar políticamente con la cúpula del PC y nos deja muy satisfechos que su Secretario General, el diputado Tellier, haya accedido al primer llamado.
- ¿Cuándo será la reunión?
JA: El jueves próximo en el ex Congreso Nacional, aprovechando nuestro viaje al pleno del Confech. Esperamos puedan participar delegados de la FEMAE de Temuco, Valdivia, Concepción y Santiago, además de dirigentes de organizaciones mapuche que han manifestado su disposición de apoyarnos.
- ¿Qué responden a aquellos que plantean que la Confech solo reúne a federaciones de universidades?
JZ: Nos parece absurdo. Es un argumento que no da cuenta de la realidad del país y, más grave aun, no da cuenta del conflicto existente entre nuestro pueblo y el Estado chileno. Hay un contexto histórico que se insiste en desconocer. Nuestra realidad como estudiantes obedece a un problema que es contextualizado; la opresión de nuestro pueblo y la negación de sus derechos nacionales. Si la Confech habla de luchar por un mejor país, de luchar por una sociedad más democrática, debiera partir por reconocer este contexto que menciono y con ello la legitimidad de nuestros planteamientos. Si dicen reconocernos como pueblo, debieran por supuesto reconocer a nuestra federación. Nosotros partimos desde el respeto; nos acercamos a ellos para explicarles nuestra propuesta, nos dimos el tiempo para que nos conocieran, pero nos encontramos con un rechazo que no esperábamos. Pero somos optimistas; más allá de la Jota, varias federaciones del Confech nos apoyaron, nos respaldaron y eso da esperanza de que finalmente el respeto sea mutuo.
PM: A mi juicio Confech solo resume el actuar de la sociedad chilena con los mapuches, que es discriminador. Lo que debemos hacer es luchar por cambiar esta situación. Queremos participar plenamente, lucharemos por ocupar el espacio que nos corresponde, entendiendo también que Confech está en deuda hoy no solo con nuestro pueblo. Hay un amplio sector del estudiantado chileno que no se siente representado por la Confech, tenemos aquí en Temuco una universidad del Consejo de Rectores que ni siquiera tiene federación de estudiantes, entonces, hay mucho que cambiar y debiera existir una autocrítica también.
JZ: ¿Qué beneficios ha traído la Confech para el estudiantado mapuche en todos estos años? Hasta donde se, ninguno. Hasta ahora no hemos existido para ellos. Incluso nosotros, como “Meli Newen”, logramos más cosas en la lucha de los secundarios que la Confech a nivel universitario en más de 20 años. Por ejemplo, lo que se consiguió en la LGE, el que existan horas para educación intercultural, aquello no fue fruto de la lucha de la Confech, sino del movimiento de los secundarios donde todos nosotros participamos activamente en la región.
PM: Qué hizo la Confech cuando los estudiantes luchábamos y éramos reprimidos por la policía en Temuco demandando hogares estudiantiles, becas, respeto para nuestra gente en las comunidades en conflicto. ¿Se pronunció? ¿Alzó la voz? Jamás. Eso creemos debe cambiar.
JA: Hay una tremenda crisis de representatividad de la Confech. No se ve como una plataforma de lucha estudiantil, sino como una plataforma política, como un trampolín de quienes quieren ser diputados, una plataforma de cúpulas juveniles de partidos políticos, sobre todo del Partido Comunista y la Concertación. Cómo dice el peñi Millalen, es hora de que exista una mínima autocrítica al respecto.
- ¿Aún con ese diagnóstico quieren formar parte de la Confech?
JA: Por supuesto, porqué estamos a favor del movimiento estudiantil chileno, compartimos la mayoría de sus demandas, reconocemos el rol que cumple, para bien o para mal, la Confech como plataforma histórica de lucha, queremos ser un aporte en ese sentido, pero ello en base al respeto de nuestras particularidades como mapuche. Y marginarse no tiene ningún sentido; criticar por fuera no sirve de nada. Decimos que hay cosas que deben cambiar pero para cambiarlas hay que estar dentro.
PM: El camino fácil seria marginarnos de Confech y crear algo solo nuestro, pero no creemos que ese deba ser nuestro camino. Vamos a insistir en que se nos reconozca como federación en la Confech. Estamos esperanzados en que lograremos hacerlo, sabemos que vamos por buen camino porque numerosas federaciones autónomas entienden lo que planteamos y nos apoyan.
- De dónde viene la idea de conformar la FEMAE.
JZ: Es una sentida aspiración de los estudiantes mapuche. Existió en los 70’ la Federación de Estudiantes Indígenas, la FEI, que es un antecedente a considerar. Y deriva de una necesidad histórica, no solo por auto representarnos como sector, sino también por resguardar determinados derechos que están siendo violentados a diario por la educación chilena. Tenemos el deber de conservar y proyectar nuestro conocimiento, nuestra lengua nacional, es un deber que tiene todo joven y estudiante mapuche, esté en la ciudad o en el campo.
En este caso, nosotros como universitarios hemos diagnosticado que se requieren profesionales con pertinencia cultural, que se requiere que las mallas curriculares sean modificadas, que se necesitan universidades interculturales, donde los estudiantes chilenos asuman que tienen al frente una cultura, una nación diferente y que deben aprender a reconocerla y valorarla. Todo ello nos lleva a organizarnos como federación para representar estos intereses en diversas instancias, siendo uno de ellos la Confech, que es un paso coyuntural, por los debates y movilizaciones que se están coordinando a nivel país y donde no queremos quedar al margen.
- ¿Quienes conforman FEMAE en la actualidad?
JA: FEMAE es una instancia en construcción, no le cerramos la puerta a ningún estudiante mapuche, sea de una universidad tradicional o privada, sean de institutos técnicos o de los mismos liceos. Buscamos construir un referente estudiantil nacional mapuche, que vaya más allá de una casa de estudios en particular. Estamos conversando con los dirigentes de los hogares universitarios mapuche de Temuco, sin ir más lejos el propio peñi Zapata es delegado del emblemático Hogar Pelontuwe en la FEMAE y el peñi Millalen es dirigente del Hogar Lawen Mapu, de Padre las Casas. Estamos coordinados con la gente de CODEMU en Santiago, es decir, la puerta no se le cierra a nadie. Ya estamos en contacto con hermanos de Concepción, Valdivia y Valparaíso, donde existan estudiantes mapuche organizados queremos estar presentes. Todos están invitados a construir la FEMAE allí donde se encuentren.
PM: Es una responsabilidad muy grande la que estamos asumiendo. Y si se presentan barreras las vamos a superar. Ante todo tenemos una responsabilidad con nuestra gente.
- Algún mensaje que quieran enviar.
PM: Si, quiero enviar un mensaje a todos mis peñi y lamngen estudiantes que leerán esta entrevista. Como los compañeros de la Jota dicen que somos todos iguales, proletarios oprimidos, supongo entenderán lo que digo sin necesidad de traducción. Feley may, pu peñi pu lamngen, petu trawükülepayiñ inchiñ pu wechekecheyem iñchiñ pu chillkatufengeiñ welu ta mülepayiñ tüfachi rangin waria, rangin wingka, welu ta ngoymatukelayaiñ, feymu ta petu mongeleiñ inchiñ, feymu ta feypifi müten. Newentuleayiñ müten kom pu mapuchengeiñ. Marichiwew!!
JA: Marichiwew!!
JZ: Marichiwew!!
El hecho de que haya problemáticas y formas de lucha específicas, y modos diferentes de ver el mundo, no necesariamente puede identificarse con el neoliberalismo. Primero, los Mapuches no están obligados a ser marxistas o a aceptar todos los postulados marxistas. También es por desgracia obvio que una cosa es predicar y otra, dar trigo, y resulta vergonzoso que alguien que se proclame marxista desprecie a otros pueblos y lance epítetos de carácter racista. El propio Marx mandó una carta a Lincoln apoyándole en su lucha contra la esclavización de los negros en el SUr, a pesar de que Lincoln era conservador en lo económico. Sin embargo, en términos de progreso histórico, había que estar con ellos.
Pues bien a esto, hay una respuesta de un miembro de las Juventudes Comunistas que presenta otra versión de los hechos:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131692Citar:
El 19 de junio pasado The Clinic publicó en su página web un artículo titulado “¡Mapuches del mundo, uníos!”, cuya autoría corresponde a Pedro Cayuqueo. En él, el autor hace eco de la denuncia realizada por la Federación Mapuche de Estudiantes (FEMAE) en contra del brazo universitario de las Juventudes Comunistas, las que fueron acusadas de negar el acceso de la FEMAE al principal órgano de coordinación de las federaciones universitarias de Chile. Este hecho fue leído tanto por la agrupación de estudiantes mapuches como por Cayuqueo como un acto de racismo, el que a su vez denotaría una práctica extendida a lo largo del tiempo de los comunistas en particular y de la izquierda en general. Una semana después, Cayuqueo publicó una nueva columna ahora reaccionando ante una aclaración/respuesta del Partido Comunista de la Araucanía frente al primer artículo.
Ambos textos, notablemente el primero, abundan en imprecisiones, acusaciones exageradas e incluso descalificaciones, como en el caso del Secretario de la JJCC, Óscar Aroca, a quien trata de “mafioso rojo”. Aun así, la polémica ofrece la oportunidad de reflexionar sobre un tema bastante descuidado en los debates de la izquierda chilena; a saber, el problema indígena. Si bien es cierto que la izquierda debería realizar una autocrítica política en relación al tema, no es menos cierto que el ejemplo usado por Cayuqueo para exigirla es bastante poco consistente, de hecho, por la forma en que realiza su denuncia, más bien, provoca el efecto contrario que espera, pues invisibiliza la crítica de fondo mediante el uso de argumentos bastante arbitrarios.
En primer lugar, desde mi punto de vista, la negativa de la CONFECH – vale recordar que la misma no está constituida sólo por comunistas y refleja un abanico bastante amplio de posiciones políticas- frente a la solicitud de ingreso de la FEMAE es reflejo de una cultura organizacional con poca disposición al cambio, toda vez que el motivo de rechazo fue que la FEMAE no correspondía a una Federación de una universidad en particular, condición básica de ingreso a la Confederación. En otras palabras, la FEMAE presentaba un formato organizacional que no se encuadraba dentro de los parámetros formales definidos por la propia CONFECH para ser parte de ella. Tal vez hubiera sido interesante que la CONFECH hiciera una excepción en su formalidad e incluyera a la FEMAE para dar más visibilidad al problema indígena 1 . Por este hecho puede que la CONFECH sea miope políticamente, aunque no por ello racista.
El autor acusa, además, a Camila Vallejo de complicidad por haber guardado silencio sobre esta situación. Con ello Cayuqueo personaliza la responsabilidad institucional de la CONFECH, esperando, a su vez, que, en medio de las movilizaciones universitarias de mayor convocatoria de los últimos tiempos, la presidente de la FECH convierta un problema organizacional en su prioridad. Y es que según Cayuqueo, “ para los comunistas y la izquierda en general, los mapuches nunca hemos dejado de ser el vagón de cola de sus intereses. Clientela electoral, cuando se trata de elecciones; carne de cañón, si hablamos de revoluciones armadas”. Si bien la izquierda cuando invoca una categoría tan imprecisa como la de “pueblo” para sus plataformas electorales incluye a los mapuches, creo que afirmar que la relación de la izquierda con ellos es simplemente clientelar requiere al menos una precisión, ni qué decir sobre las revoluciones armadas a la cuales se refiere, las que, en el caso chileno, personalmente desconozco.
Ahora bien, no todo lo que el autor plantea debe ser desconsiderado, pues, aunque no lo expresa con claridad, un argumento que atraviesa el texto es que la izquierda chilena durante buena parte de su historia simplemente redujo el problema indígena a un problema de clase. Probablemente a eso quería referirse Cayuqueo cuando aseveraba que “Allende, que no era comunista pero gobernó de la mano con ellos y por tanto, [es] hoy santo de su devoción, tampoco vio a los mapuches como pueblo. Cuando mucho, en los rostros de nuestros abuelos, padres y tíos, el Chicho solo vio a campesinos pobres”. No obstante el ejemplo dado resume bastante bien el posicionamiento de la izquierda en relación al pueblo mapuche en la práctica 2 , hacer extensiva la acusación de racismo a Allende es al menos exagerado e intelectualmente desleal. La consolidación de una demanda política eminentemente mapuche, con organizaciones propias (independientes de la izquierda tradicional), con un discurso de autonomía y de reivindicación cultural es bastante reciente, por lo que no se le puede acusar a Allende de no ver lo que hoy parece evidente. A Allende se le debe valorar por lo adelantado frente a su tiempo, por ejemplo, por haber inaugurado la posibilidad de realizar un tránsito democrático y pluripartidario al socialismo, y no desmerecerlo por lo que veía con los ojos de su época.
Una micropolémica que llama la atención es la generada en torno a la figura de don Venancio Coñoepan Huenchual, político mapuche ligado al Partido Conservador. En ambas columnas, el autor reivindica su figura como prueba de la factibilidad de realizar una práctica política que instrumentalice, en beneficio del pueblo mapuche, los marcos tradicionales de la política chilena. Al mismo tiempo, identifica en el rechazo de los comunistas a este ex senador y ministro una prueba más de la incomprensión – que deslinda en racismo- de la izquierda chilena. Resulta tan legítimo como cuestionable, dependiendo de la posición política que se defienda, la reivindicación de esta figura política, ahora bien, me resulta extraño que Cayuqueo no vea en la desafección del PC a Coñoepan una esperable aversión a un político conservador y no un rechazo a su condición étnica.
En este sentido, no es antojadizo señalar que, por la manera de construir el argumento, tanto en relación a la demanda de la FEMAE como en relación al punto anterior, pareciera que disentir con Cayuqueo o con alguna postura política que se considere, de alguna forma, vocera del pueblo mapuche, se vuelve sinónimo de un acto de racismo político. Si hay un elemento recurrente en la práctica de la izquierda es la propensión a la adjetivación negativa de los adversarios políticos: amarillo, izquierdista, oportunista, etc., como estrategia para desacreditar a sostenedores de argumentos contrarios para rehuir el debate. Lamentablemente, Cayuqueo exige la superación de la izquierda reproduciendo una de sus malas prácticas.
Cuando Aimé Césaire 3 , el intelectual martinicano que acuñó el concepto de negritud, renunció al Partido Comunista Francés desnudó la deuda del marxismo con el problema racial. Reivindicando la singularidad cultural dada por su experiencia en el mundo como un hombre negro, Césaire afirmaba que la lucha de los pueblos de color contra el racismo era de una naturaleza completamente diferente de la lucha de los obreros franceses contra el capitalismo francés y no podía ser considerada, de ninguna manera y por más legítima que ella sea, como una parte, como un fragmento de esta lucha. Aunque el tema de la negritud guarda distancia del tema mapuche, la crítica de Césaire es ilustrativa de la deuda de la izquierda con el problema racial. Ahora bien, pese a todo, Césaire nunca renunció al marxismo, ni lo tachó como un “relato” ajeno, ni importado, por el contrario, usó la armas críticas que el marxismo podía proporcionarle a favor de la lucha de su propio pueblo.
Me parece, aunque no conozco la situación in situ, que dada la situación de discriminación histórica de los mapuches y de su invisibilización, no concederles un papel específico en la organización es atenerse demasiado a la letra de la ley, y no es extraño que se interprete como racismo. Lo de los insultos racistas, de ser cierto, y más por parte de comunistas, es una vergüenza. No creo que esté vinculada a la teoría, sino que consciente o inconscientemente a veces asumimos los mismos prejuicios etnocentristas del resto. Y la verdad está en el medio, como siempre: ni multiculturalismo a ultranza atomizador, como dice Neck, ni un intento imposible de asimilación y absorción sin tener en cuenta peculiaridades específicas de opresión. Entiendo que mi apreciado Neck con lo de los bongos intenta parodiar estas formas más extremas de lo primero, pero más allá incluso de la estrategia política está la cuestión de la urbanidad y de intentar comprender al otro. El diálogo.
Por otro lado, si les miran por encima del hombro sin intentar entender otras culturas en su contexto, con otro sistema de valores, no me extrañan que digan irónicamente que si eso es Marx se lo pueden meter por el culo. Ya sabemos que el propio Marx, cuando veía la interpretación que algunos hacían de sus teorías decía que, visto lo visto, el no debía ser marxista.
Sin embargo afortunadamente el escritor de las juventudes comunistas hace autocrítica y extrae una conclusión con la que, estoy de acuerdo:
L
Citar:
a misión histórica atribuida al proletariado (en alianza con los campesinos) por el marxismo de ser el redentor de toda la humanidad, pues su liberación implicaba la liberación de todas las clases, contribuyó a la invisibilización de las luchas de otros sectores subalternos (los negros, las mujeres, los homosexuales). Y tal como lo recuerda Daniel Bensaïd 4 en uno de los textos marxistas recientes más lúcidos que he leído, la historia le enseñó a la izquierda que las diferentes luchas son irreductibles unas a otras – se determinan y condicionan recíprocamente-, pero no se puede luchar de manera eficaz contra cualquier tipo de opresión (racial, nacional, de género, etc.) sin luchar contra la explotación (económica).
Las luchas de la izquierda y de los mapuches, sin duda, se complementan, pero, tal como afirmaba Césaire, su alianza no se puede confundir con subordinación. Y si en el pasado hubo errores o lecturas erradas, eso no implica que esa[b]s conductas o interpretaciones deban sobrevivir en el tiempo o que sean un rasgo inmutable de la praxis de los grupos de izquierda. No obstante lo anterior, el primer paso para la superación de estas lógicas es su reconocimiento. [/b
En lenguaje sencillo y como yo lo entiendo, debemos tener en cuenta:
-Que hay problemáticas específicas de opresión para las que el marxismo puede no tener todas las respuestas, y hay que reconocer que la praxis de los paises socialistas y de los partidos socialistas o comunistas no siempre ha tenido en consideración estas peculiaridades.
-Que en todo caso no debemos ir con nuestra infalible teoría por delante y al menos si existen otras culturas con características específicas (Marx hizo su análisis económico en relación con paises capitalista avanzados de su época) deberíamos hacer un esfuerzo previo de conocimiento de las mismas para ver hasta que punto nuestros postulados son aplicables a ellos. A lo mejor podemos aprender de ellos tanto como ellos de nosotros, y posiblemente más, porque ellos están en una situación de todavía más indefensión que nosotros, y como bien se dice, la necesidad aguza el ingenio.
-Que esas luchas no pueden ni deben ser incompatibles, tenemos que aprender unos de otros y tender puentes. No podemos asumir que toda la razón está de nuestra parte ni que podemos explicarlo todo.
-Que algo de humildad nos vendría bien en ese sentido.
Y que sí, que no me extraña que si los traten como el culo, muchos pasen de Marx, que identifican con los partidos políticos que se reivindican como sus herederos y depositarios.
Por otro lado el mundo cambia, y el marxismo debe incorporar elementos nuevos, fruto de una experiencia histórica no siempre muy lúcida. No creo que en la teoría marxista haya nada que lleve inevitablemente a la homogeneización forzada y a la asimilación despiadada, pero la praxis ha sido en ocasiones muy distinta.
Por lo tanto, no nos riamos tanto de los timbales, las costumbres ancestrales y otros temas culturales. Por supuesto que hay especificidades que pueden ser más susceptibles de crítica que otras, pero desde un esfuerzo de comprensión previo y desde dentro. No es bueno crearse enemigos, y esa atomización contribuimos a provocarla nosotros al creernos a veces en posesión de toda la verdad. La unión empieza por la comprensión mutua, y el respeto mutuo.