Iggy, es que yo estoy más con lo que dice Mr.Six que con tu postura, aunque pueda partir de algunas bases en común contigo.
El problema principal con lo que tú planteas es que, eso de "hay que abordar los abismos culturales" no lleva a ningún sitio, al menos desde el punto de vista que he introducido yo desde el principio, el de la conflictividad social. ¿Cual es la solución que proponéis Càtxum o tú al tema de los "abismos culturales"? No me ha quedado muy clara, pero lo poco que puedo deducir es, o la solución clavileñiana de "más educación" o la del contrato de inmigrantes de la Trotona de Pontevedra. No me parecen que hayan dado buen resultado (bueno, el contrato no se ha probado, pero me parece un poco ridículo), al menos para la izquierda (no me refiero en general a la cuestión de las migraciones).
Lo que yo digo es que, desde una postura de la izquierda que considere injusto tal y cómo está organizado el sistema socioeconómico, es suicida a largo plazo el seguir entestado en hacer del multiculturalismo una de sus banderas. Igual me gano algún enemigo, pero lo tengo que decir:
el multiculturalismo es una ideología intrínsecamente unida al neoliberalismo (entendido éste como un capitalismo de máxima desregulación basado en un enfoque estrictamente individual de las relaciones).
Esto es así porque en general la conciencia de clase, el dar un peso más decisivo a la cuestión de la clase social, es más fácil cuanto mayor homogeneidad étnico-cultural exista. No es conditio sine qua non, pero facilita el tema. Ahora bien, contando con esa diversidad, si la izquierda desea tener un imán aglutinador de la mayor parte de la población, deberá dirigirse a la problemática que puede afectar a un mayor número de personas, y a la vez, unificar sus intereses: la económica (es decir, la relacionada con la clase social). Si en cambio se dirige a las discriminaciones que afectan a grupos en concreto, y no estructuralmente (sin negar que esas discriminaciones pueden existir de hecho, y sin negar que pueda ser "justo" el oponerse a ellas) está cambiando el eje del debate y centrándolo en el del grupo étnico (o sexual, o lo que prefieras). Y no, tal y como está montado el sistema vigente, éste se basa en poner en el bando perdedor a un grupo muy grande, el de los trabajadores, y las situaciones de perjuicio agravado que puedan tener determinados grupos en concreto, las hallan en tanto en cuanto son parte integrante de este grupo mayor de los trabajadores (de ahí que quien lo puede pasar mal sea un señor negro del top manta y no un empresario negro, y no porque el del top manta sea de Camerún y el empresario no, sino porque el primero es un trabajador y el segundo no).
Centrarse en la cuestión del origen étnico, de nacionalidad, el género, es un laberinto porque:
1) Se puede integrar perfectamente a una parte del grupo sobre el que se haya construído el discurso de la opresión para desarmar en parte toda la retórica. Tenemos ya un Obama, Dodi Al Fayed se casó con Lady Di, están Denzel Washington o Zerolo. ¿El que Zerolo esté ahí rayando, implica que los trabajadores que sean homosexuales dejan de tener que palmar pasta para que se la paguen a Bankia? No, sólo implica que hay un señor que vive bien.
2) Se corre el riesgo de generar un rechazo entre los trabajadores que no pertenezcan a esos grupos en concreto, puesto que se ha centrado el eje del debate en la identidad (de nuevo, étnica, de nacionalidad, de género, etc) y no en la clase social, con lo que se alienta que el trabajador heterosexual perciba que sus intereses no son los del trabajador gay, y viceversa. Digo "alienta", no que se produzca automáticamente y en todos los casos, pero darse se da.
Conozco un caso ilustrativo del tema, y no lo quiero contar como razonamiento inductivo, sino como ejemplo de ese esquema mental. Un conocido, bastante bien intencionado e ingenuo, por ponerlo de una forma eufemística, participa dando clases de castellano como voluntario gracias a unas políticas de integración de cierto ayuntamiento. Dejando de lado el tema de que el voluntariado es siempre un timo, en teoría, son unas políticas promovidas desde una óptica "de izquierdas", para integrar, etc. Resulta que el conocido un día me comentó, muy extrañado, que en una de sus clases, un alumno musulmán (no recuerdo la nacionalidad, pero magrebí), le dijo que se había dejado el libro en el coche, y el conocido éste le acompañó a cogerlo. Cual fue su sorpresa, que al llegar al coche, el señor magrebí tenía un BMW de alta cilindrada. Me lo comentó muy extrañado, porque estaba acostumbrado a asumir que todos los alumnos eran de nivel socioeconómico bajo (y la mayoría seguramente lo fueran, por otra parte).
Al centrarse las políticas "de izquierdas" en el criterio del origen nacional y no en el de renta, se da la posibilidad de que una persona que no tiene necesidad alguna de recibir unas clases de castellano gratis, las reciba, simplemente por ser de X lugar. Yo quiero aprender francés, pero si quiero recibir clases, me las pago (o mejor dicho, al no poder pagármelas, estudio por mi cuenta). En mi caso, que soy un tío majo y con cierta cintura, el saber de ese caso u otros parecidos no me provoca ninguna indignación y asumo que siempre que haya políticas sociales va a haber abusos. Pero el que la política pública "de izquierdas" parta de esa óptica, ya planta la semilla, aunque sea la mera posibilidad, para que gente que tenga conocimiento de ese caso, y no sea tan "bien intencionado e ingenuo" como mi conocido, perciban un doble rasero o una discriminación. Y por tanto, que hagan del origen de las personas un factor determinante.
Si el criterio, el eje del discurso, se pone en la clase social (en ese caso en concreto por ejemplo, en la renta del ciudadano en cuestión que desea ser destinatario de una política social de formación), es mucho más fácil desactivar esa conflictividad latente. Normalmente la gente no percibe como injusto o incorrecto que la gente con menos posibilidades o recursos reciban ayuda, a menos que te creas un superhombre de Ayn Rand o que la política en sí se vaya de madre y acabe incentivando el que la gente
no quiera mejorar porque no tienen incentivo para hacerlo.
Pues más o menos la izquierda ha caído en numerosos casos en problemáticas así, sin lugar a dudas guiada por buenas intenciones, pero también por una comprensión chapucera de cómo interactuan las personas y por unos bongos de Manu Chao. Y no, lo que se tiene que seguir es la batería de los Seein' Red.
Para contrarrestarlo, lo que resulta necesario es identificar que existe un denominador común entre gente de aquí, de allá y de la Cochinchina: que unos son explotados y otros explotan. Porque los explotados son mayoría, y a esa mayoría se debe dirigir un discurso que quiera ser mayoritario. Ahora, otra cosa es que uno quiera sentirse moralmente superior, más molón en un festival alternativo. Entonces sí, entonces uno puede creer que la escalada del Frente Nacional es por culpa de un genio del mal que "atiza la xenofobia", y manipula a los blancos, que normalmente son tontos y/o malintencionados, menos tú, que eres muy listo y de noble corazón (bonus points si utilizas el término "blanquito").
Por ejemplo:
http://www.linformatiu.com/opinio/detalle/articulo/adeu-pobre-idiota/
Citar:
Se sorprenien els mitjans –d’ací i d’allà- de l’escalada del Front National del resultat de la primera volta de les presidencials, oblidant-se que increïblement els francesos ja havien triat com a president en 2007 un senyor que s’havia cobert de glòria a la tardor del 2005 proclamant la “tolerància zero” als residents dels suburbis de París, quan era Ministre de l’Interior. Un quefer xenòfob que, com era d’esperar, no va abandonar en tot el seu mandat endurint les condicions d’entrada dels migrants i posant-los la vida encara més difícil als estrangers que ja hi residien a França.
Vull pensar que els francesos li han fet també el buit a Nicolas Sarkozy perquè no suportaven més el seu discurs fal·laç que atiava l’odi cap a l’estranger.
En la recta final al capdavant del Govern, Sarkozy s’havia dedicat a atiar el fantasma de la immigració com a fenomen de tots els mals de la França de la llibertat, la igualtat i la fraternitat. “No permetré que la gent vinga a França únicament a gaudir de la nostra protecció social” –els sona la tonada?- , va arribar a dir en campanya el polític francès que és fill de d’un hongarès i d’una grega.
Al 2007, Sarkozy ja va jugar la basa de la mentida de la inseguretat ciutadana provocada pels immigrants de les banlieues -conflictivitat de la qual ja ens havien avisat en la genial La Haine-. Aquesta vegada, però, el farol no ha colat.
Desde la posición de la superioridad moral de ese artículo, o bien la izquierda se pega el hostión, o bien uno identifica la izquierda con Hollande (risas del público). El "Sarkozy jódete" mola, no lo niego. Pero a menos que vayamos con Hollande, nos van a decir "Pues Melenchon jódete tú más que has quedado cuarto". Por eso el modelo griego me parece mucho más inspirador y desestabilizador del capitalismo, a la vez que capaz de superar esas brechas que puedan producirse, porque el énfasis debe estar con la condición de una persona como trabajadora, de la cual se derivan el resto de problemáticas (que adquirirán distintos matices, sin duda, pero un mismo patrón u origen).
Càtxum dirá que vale, pero que eso de la clase no sirve en un barrio donde hay un 70% de musulmanes, que a esos musulmanes se la trae floja y que al 30% nativo no les vas a entrar por ahí. Pero lo que yo digo debe ser una aproximación a medio-largo plazo. A corto plazo, ni dios va a conseguir que ese 30% de nativos no adquiera probablemente actitudes conflictivas con el otro 70%, y que el 70% no intente decir que ahí no se vende alcohol por un precepto religioso. Pero cuando haciendo marcha y aprovechando las problemáticas transversales a todos esos subgrupos (falta de acceso a sanidad o educación, desahucios, quiebras de bancos, etc), se puede ir transmitiendo la idea de que hay un factor que condiciona todas esas desgracias, se podrán sentar las bases de ese "Nosotros" colectivo mucho más efectivo para no dejar intacto el status quo. No digo ir por ahí con la bandera roja gritando "¡Proletarios, uníos!", simplemente que las políticas, las propuestas, las campañas y los discursos vayan dirigidas al tema económico y de clase (incluso sin que se mencione explícitamente terminología "dura"), no al cinefórum sobre la película de un director pakistaní budista transqueer. Hablando de un desahucio para mí ya se está haciendo ese enfoque que menciono. MisterSix probablemente pueda dar argumentos de peso sobre ello (ya lo ha hecho, en realidad), ya que me sacará años luz de experiencia en ese aspecto.
Lo que saco como conclusión es que el modelo multicultural pseudoizquierdista es un timo, que a la larga sólo conduce a un modelo como el estadounidense, donde el peso de la clase social es muy minoritario. Es decir, a un modelo capitalista a ultranza, atomizador. Como ese modelo no me gusta, y como tampoco me gusta la otra alternativa, la de la deportación masiva de los blackmetaleros ciclados, pues me quedo con el enfoque que creo que puede reactivar a la izquierda: hacer hincapié en la clase social como eje aglutinador de la población. Que no digo que no existan minorías y cuestiones relacionadas con las mismas, pero son totalmente secundarias en el esquema completo, porque únicamente conducen a enredarse en pequeños movimientos laberínticos. Está el "voto negro", el "voto hispano", el "voto gay", y un presidente que sigue torturando en Guantánamo, amén de ser imposible convocar una huelga general. Eso sí, el presidente es medio negro. lol