Clavileño escribió:
Interesante, pero el razonamiento ese según el cual el multiculturalismo como "ideología dominante" pretende desclasar al obrero y atomizar a la clase proletaria mediante el fomento de identidades étnicas podría aplicarse al rollo nacional. ¿Se podría decir que, para el caso catalán, por ejemplo, la "ideología dominante" soberanista pretende poner el acento en aspectos identitarios para diluir la conciencia de clase del currante a través del fomento de identidades transversales y desclasadas? Yo creo que esa es una de las funciones que ha cumplido tradicionalmente el nacionalismo desde que surgieron los primeros movimientos obreros. El Mas es un tipo muy, pero que muy listo.
Ah, y lo mismo se pordría decir del españolismo en Cataluña. El PP y CIU representan a la burguesía catalana en sus dos vertientes nacionales y el hincapié que hacen en aspectos nacionales mientra coinciden en políticas socioeconómicas no es inocente.
Cuestión muy interesante. Por supuesto que puede "utilizarse" para eso (como casi cualquier otro mecanismo de agregación de identidades). No obstante:
No todas las "identidades" politizadas son equivalentes. Cada una está vinculada a diferentes tipos de procesos causales, y toca cuestiones políticas o sociales que, aunque interrelacionadas, no son exactamente iguales. La identidad nacional apunta al marco de referencia de la comunidad política, la de género, a la estructura reproductiva y familiar que permea relaciones sociales y laborales fuera de este ámbito, el de la edad es quizás uno de los más complicados (porque además no hay "línea de corte" clara), pero apunta entre otras cosas al estancamiento de diferentes condiciones de empleo y experiencias vitales, etc.
La cuestión desde el punto de vista marxista no es (y no creo que sea en el artículo que he pegado), negar la existencia de identificaciones en base a colectivos diferentes del de la clase social, sino evitar caer en darle mayor énfasis a éstas, puesto que palidecen en comparación a la fuerza explicativa que tiene la clase social. No obstante, creer que estas identificaciones surgen por una "ingeniería social" (y ahí el error del constructivismo radical) es caer en la conspiranoia. Creer que el subidón del independentismo en Catalunya se debe al taimado Mas complotando contra España es reducir los procesos sociales e históricos a las obras de cabalas masónicas. No, Mas no ha creado el independentismo, ni siquiera lo ha amplificado conscientemente, es un proceso que viene de largo (y los que lo hemos seguido de cerca lo podemos constatar). Lo único que hace el pavo es ahora surfear la ola como si fuese un articulista de El País con la bilis que surge de su editorial tras la victoria de Chávez. Ante ello, la izquierda anticapitalista (marxista o de otro tipo), puede hacer oídos sordos, o puede intentar amoldarse a unas circunstancias dadas en el contexto actual.
En lo relativo a ganar mayorías sociales, nada se gana si se desdeña la identificación colectiva mayoritaria nacional en casos como Catalunya o Irlanda, donde además, son "fragmentaciones" del poder estatal concentrado que pueden ser incluso útiles estratégicamente para llegar a cambios de mayor calado (esto último admito que es bastante menos controlable y más una mera posibilidad deseable que algo que crea de verdad).
Por poner otro ejemplo no nacional, para que se vea lo que quiero decir: incluso aunque los comunistas sudafricanos pudiesen ser timados tras el fin del apartheid, el oponerse a acabar con éste hubiese ido en contra de su capacidad de generar mayoría social, puesto que hubiese sido remar a contracorriente de un determinado contexto social y político, que no había sido creado ni por un capitalista con chistera, ni por una quinta columna judía comunista.
De nada hubiese servido ir a unos mineros negros y decirles: "Eh, que aunque se acabe el apartheid, os van a seguir tiroteando, en tanto mineros y por tanto trabajadores que sois. Sólo que ahora lo harán también policías negros". Porque en ese momento, la inercia social apuntaba hacia una determinada dirección, y a fin de conseguir la mayoría social, los marxistas tenían que ser capaces de actuar conforme a ese contexto. La respuesta hubiese sido "Bueno, pero ¿por qué no vamos a acabar con el apartheid? ¿Es mejor un capitalismo con apartheid que uno sin apartheid?". Porque contraponiéndose a ese proceso, se puede acabar dando la imagen de que uno apoya un status quo percibido como injusto por la mayoría, y utiliza una retórica "radical" como mera coartada para sostenerlo (el típico maximalismo que no admite ningún cambio, porque siempre se va a quedar corto en comparación con un mundo ideal de la piruleta donde hay pedagogía sin jerarquías, la gente no trabaja, la dieta es frugívora, no existen los géneros, etc).
El enfoque marxista en lo que tiene que insistir es en no perder la centralidad de la cuestión de la clase social en cualquiera de estos procesos: no pensar que hay que comerle el culo a Mandela para que luego saque camisas con su jeta estampada y diga que utilizó a los comunistas sudafricanos, ni tampoco hacer piña con Mas por mucho que de repente aparezca con una estelada como toga. Si se pierde la centralidad de la clase social, entonces para mí sí que se ha conseguido desactivar la explosividad que tiene este identificador colectivo con otra identidad (en el caso de Catalunya, la cuestión nacional, en el de Sudáfrica, simplificando mucho, la étnica o racial). Ahora bien, ignorar la fuerza generadora de mayoría social que tiene esa identificación colectiva, es dejar en bandeja a otros que se apropien de ella y lleguen al mismo final, la desactivación de la clase, solo que contigo mirando desde el banquillo. Uno puede participar en esa cuestión desde diversas ópticas: la más cañera la de las CUP (socialistas anticapitalistas e independentistas hardcore), o si uno está más socialdemócrata como te mola a ti, desde el plan ICV-EUiA, que introducen el tema del federalismo (con lo cual, teóricamente, hasta una persona que votaría que no a la independencia, pero reclama el derecho a decidir como base democrática, podría apoyarles).
El tema desde mi punto de vista, y donde reside la clave de la diferencia entre el multiculturalismo neoliberal y otro tipo de identificaciones colectivas está en el punto de que el primero genera un mosaico de feudos enfrentados entre sí, incapaces de constituir una mayoría social en ningún momento. Es como un puzzle cuyas piezas están bailando constantemente. Un partido político de gestión del capitalismo puede ir "jugando" con los equilibrios: hoy pongo a un ministro rastafari, mañana inauguro una mezquita, pasado hablo de los valores de los sueco-americanos, etc. En el caso de identificaciones en procesos de liberación nacional/separatismo (pongo los dos términos para que no se me acuse de tendencioso

) se apunta a la identificación mayoritaria (o potencialmente mayoritaria) de la población en un sociedad. Eso tiene mucha más capacidad de ser atravesado por la vertiente de clase y atraer a esa mayoría potencial, que un enfoque disgregador. Quizás en algunos casos de Europa del este, con numerosas comunidades étnicas y nacionales divididas y dispersadas a lo largo de un territorio, mezcladas entre sí en enclaves, la cuestión nacional se puede asemejar más al multiculturalismo que critica el artículo. En el caso de España, el Reino Unido, y otros estados occidentales, no.
Pero, por otra parte ¿por qué te interesa tanto el enfoque marxista respecto a las identidades sociales? ¿Te estás convirtiendo a los rebeldes?
