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CAPITALISMO, COMPETICIÓN Y CRISIS. DE ANWAR SHAIKH.
Introducción.
El enfoque del libro. Orden y desorden.
La historia económica del capitalismo desarrollado se manifiesta como un progreso continuado: crecimiento inexorable, aumento constante del nivel de vida, crecimiento de la productividad, mejoras en la sanidad, la calidad de vida y el bienestar. Visto de lejos, es el orden del sistema, su coherencia interna, lo que destaca. Sin embargo cuando se profundiza, más azarosa parece esta visión. Los individuos vagan por caminos embrollados, impulsados por motivos oscuros que los dirigen a fines nebulosamente concebidos, entrecruzándose y chocando cuando desempeñan sus papeles de compradores y vendedores, de jefes y empleados, de productores y especuladores, de empleados y parados. La información, la mala información y la falta de información tienen el mismo peso. La ignorancia es tan útil como el conocimiento. La esfera pública y la esfera privada se hallan imbricadas, como la riqueza y la pobreza, el desarrollo y el subdesarrollo, la conquista y la cooperación. Y siempre se manifiesta una clara irregularidad: entre ciudades, regiones y naciones; y también a lo largo del tiempo, con booms, recesiones, crisis. Cuando se analiza más de cerca lo más chocante del sistema es su desorden.
¿Cómo puede uno abordar estos dos aspectos igualmente reales?
2. La respuesta neoclásica a esa realidad dual. La economía neoclásica, que constituye la ortodoxia actual, nos ofrece una respuesta. Se centra en el primer aspecto y purga, o por lo menos relega a la periferia teórica, el segundo. El orden que se percibe en el sistema se convierte en la situación óptima a la que lleva el mercado, o la siempre perfecta mano invisible. Esa situación óptima se proyecta a su vez en unidades microscópicas, denominados agentes representativos, de donde se dice que derivan las elecciones maravillosamente racionales. De este modo llegamos a una perspectiva particular. En su forma perfectamente ordenada, el sistema iguala todos los precios de bienes comparables, todas las tasas salariales de trabajos comparables y todas las tasas de ganancia en relación con niveles comparables de riesgo.
Además, se emplean plenamente todos los recursos disponibles, incluyendo las plantas, el equipo y el trabajo. Todo ello sin errores, inestabilidad o crisis. Sólo entonces, después de que lo anterior queda fijado como concepción dominante, se permite que entre el desorden potencial en el relato, sotto voce, concediéndose de mala gana la interferencia de una realidad lamentablemente imperfecta.
3. La respuesta keynesiana y post-keynesiana a esa dualidad real.
La economía heterodoxa, en particular la economía post-keynesiana, toma un enfoque diferente. Hace hincapié en la ineficacia, en los desequilibrios y en las desigualdades generadas por el sistema. En vez de competición perfecta, tenemos competición imperfecta. En vez de pleno empleo automático, tenemos paro persistente. Los resultados del mercado se presentan ahora condicionados por la historia, la política, la cultura y el azar, y sobre todo el poder: el poder de los oligopolios, el poder de clase y, por supuesto, el poder del Estado. Desde este punto de vista lo que otros perciben como patrones ordenados son realmente senderos contingentes, que surgen de constelaciones de fuerzas históricamente específicas. Los resultados sociales deseados no son automáticos, y los resultados automáticos no son siempre deseables. Es más probable que haya paro que pleno empleo, y las crisis y la inflación son siempre una posibilidad. Por lo tanto existe siempre una necesidad de intervención para acortar el espacio entre lo real y lo deseado. Lo que promete la economía neoclásica mediante el obrar de la mano invisible del mercado, la economía keynesiana y post-keynesiana propone conseguirlo mediante la muy visible mano del Estado.
Lo que resulta irónico es que ambas perspectivas ven la realidad a través de un prisma “imperfeccionista”. La economía neoclásica parte de una base perfeccionista y e introduce las imperfecciones como matizaciones apropiadas de la teoría subyacente. La economía heterodoxa acepta por lo general la visión perfeccionista en el sentido de que era correcta en una fase determinada del capitalismo pero sostiene que en el mundo real actual son las imperfecciones las que se imponen. Pero ambos enfoques sirven en realidad para proteger y preservar los fundamentos teóricos básicos, que siguen siendo necesario punto de partida y referencia fundamental para un número siempre creciente de desviaciones que se dan en el mundo real. ¿Después de todo, como puede estar equivocada la teoría básica si existe un “éter” particular para cada resultado problemático? Esta obra sigue un enfoque muy distinto.
4. La diferente finalidad de esta obra.
Para empezar, el fin que me propongo con este libro es muy distinto. La economía neoclásica investiga el funcionamiento de una versión del capitalismo idealizada deliberadamente, y quiere pintar el mundo desde ese punto de vista. La economía heterodoxa se aprovecha de la distancia entre esta visión de la perfección y el mundo real. Ambos bandos tratan de acercar las distancias resultantes echando varias “imperfecciones” al potaje original. Por consiguiente siempre se hallan en un equilibrio inestable, con un pie en lo ideal y otro en lo real. El fin de este libro es desarrollar una estructura teórica que resulte apropiada desde el principio para analizar cómo funcionan en realidad los países capitalistas desarrollados. Su objeto de investigación no es lo perfecto ni lo imperfecto, sino lo real. Por esta razón, los planteamientos teóricos que aquí se desarrollan, junto con sus alternativas, se cotejan constantemente con las pruebas empíricas.
En segundo lugar, aunque esta obra trata de demostrar que el sistema económico capitalista genera patrones vigorosamente ordenados que trascienden las particularidades históricas y regionales, las fuerzas que dan forma a estos patrones no son railes de acero ni meras constelaciones de circunstancias. Son, en realidad, límites al movimiento cuyos gradientes definen lo que es sencillo y lo que es difícil en un momento dado. De este modo canalizan los senderos temporales de las variables económicas clave. Ciertamente estas fuerzas modeladoras son ellas mismas el resultado de ciertos imperativos inmanentes, como los “comportamientos que buscan maximizar la ganancia”, que definen su forma social particular en todas sus expresiones históricas. No se trata de contrastar leyes no históricas con resultados históricamente contingentes. La agencia humana y la ley coexisten en el seno de una estructura multidimensional de influencias. Pero esta estructura es en sí misma profundamente jerárquica, y algunas fuerzas (como la búsqueda de ganancia) son mucho más vigorosas que otras. La fase en la que la historia se desenvuelve se está moviendo ella misma, dirigida por corrientes más profundas.
En tercer lugar, el orden sistémico resultante se genera por medio y a través de un continuado desorden, siendo este último su mecanismo inmanente. La tentativa de escindir teóricamente el orden del desorden, o de hacer énfasis en uno a expensas del otro, es perder de vista su unidad intrínseca, y por lo tanto perder de vista los mismos factores que dotan al sistema de sus patrones profundos. Pero el orden no es sinónimo de situación óptima, ni el desorden es lo mismo que la ausencia de orden. El orden que se alcanza por medio del desorden es de una pieza, una fuerza insensible que desdeña tanto las expectativas como las preferencias. Esa es precisamente la fuente del continuado vigor del sistema.
En cuarto lugar, si uno pretende demostrar como el orden y el desorden se hallan en íntima relación en unas circunstancias concretas, es preciso identificar mecanismos particulares. El principal objetivo del libro en este punto es demostrar que una gran variedad de fenómenos pueden explicarse remitiéndose a una serie muy pequeña de principios operativos que hacen que los resultados reales graviten en torno a sus centros de gravedad en permanente dinamismo. Es el medio del sistema de regulación turbulenta, cuya expresión característica adopta la forma de recurrencia de los patrones. Las aplicaciones teóricas y empíricas de estas dos ideas están entretejidas en la estructura de esta obra. La regulación turbulenta y la recurrencia de los patrones se aplican a las diversas tendencias gravitacionales del sistema. La primera serie comprende aquellas que canalizan los precios de las mercancías, las tasas de ganancia, las tasas de salarios, las tasas de interés, los precios en los mercados de renta variable, y los tipos de cambio. Estos procesos poseen dos aspectos. Las tendencias igualadoras guiadas por la incansable búsqueda de ganancia monetaria, cuyo efecto no intencionado es estrechar las mismas diferencias que las motivan. Y tendencias modeladoras que sirven de guía por el sendero en el que operan estas tendencias igualadoras. Por ejemplo, los procesos de igualación hacen que las tasas de salarios y ganancias individuales graviten alrededor de los promedios correspondientes. La competencia entre los trabajadores y los capitales desempeña un papel crucial aquí. Al mismo tiempo la propia tasa salarial promedio depende de la productividad, de la rentabilidad, y de la correlación de fuerzas entre patronos y empleados, mientras que la tasa de ganancia promedio depende de los salarios, de la productividad y de la intensidad en el empleo del capital. Los promedios surgen de las interacciones individuales (microeconómicas) en las que la competencia desempeña un papel central. Ambos procesos se encuentran en los dominios de la llamada “competición real”, en la que el fin de lucro tiene un papel fundamental. Como veremos la idea de competición real que se desarrolla en esta obra es muy diferente de la de la competencia perfecta y de la dualidad que supone la competencia imperfecta. La competencia real no reside en un punto medio teórico entre estos dos hitos teóricos.
La segunda serie de tendencias gravitacionales brota de la macro-dinámica turbulenta del sistema, con sus particulares procesos expansivos, oleadas de crecimiento y desaceleración económica, desempleo persistente y periódicos e intensos ciclos de recesión incluyendo la crisis global que comenzó, muy conforme al plan, en 2007. Una vez más, es el afán de lucro el factor determinante en la regulación de la inversión, del crecimiento económico, de los ciclos económicos, e incluso de la inflación. El carácter nuclear del afán de lucro ostenta diversas implicaciones. En primer lugar, la teoría de la ganancia, y de ahí la teoría de los salarios, cobra un sentido especial. En segundo lugar es importante demarcar el papel preciso de la rentabilidad en la teoría de la competencia real, ya que afecta a todos los aspectos del comportamiento de las empresas. Esta influencia se extiende a la teoría de la fijación competitiva del precio y la teoría del cambio técnico (endógeno) En tercer lugar la teoría de que la rentabilidad (esperada) regula tanto la inversión como el crecimiento implica un modo peculiar de interacción entre la demanda agregada y la oferta.
Comprobaremos que la dinámica resultante no es ni neoclásica, ni keynesiana, ni kaleckiana ni harrodiana, sino fundamentalmente clásica: es la ganancia la que regula la oferta y la demanda. La rentabilidad también desempeña un papel crítico en la teoría del desempleo persistente, por medio del canal del cambio técnico endógeno y una tasa de crecimiento natural “endógena” correspondiente. Por último veremos que el nuevo poder adquisitivo generado puede succionar la producción y el empleo, como decía Keynes, pero que esto puede llevar a la reducción de la tasa de crecimiento. Cuando la producción a corto plazo será mayor de la que pudiera haberse dado, la producción a largo plazo será menor que la que pudiera haberse dado. Las pruebas empíricas tienen un papel tan relevante en esta obra, que es importante señalar que los datos no son una simple colección de datos preexistentes. La teoría siempre está presente, no sólo en la interpretación de los acontecimientos, sino en su misma representación (y ocasionalmente en su supresión, como sabemos demasiado bien) Por ejemplo, ningún análisis del desempleo puede ir muy lejos sin reconocer que en todas las estadísticas oficiales en los países más desarrollados, se cuenta una persona como “empleada”, “si realizó cualquier trabajo remunerado durante la semana”. (1) Sólo en las últimas décadas las agencias gubernamentales han comenzado a publicar mediciones de empleo precario y de trabajadores desanimados, lo que por supuesto, revela un cuadro bastante más tenebroso del estado de la economía. Se verá que existe un problema análogo en las mediciones oficiales del stock de capital, que han cambiado notablemente cuando los constructos neoclásicos han suplido a los clásicos y keynesianos en este campo. No sólo los niveles y tendencias, la propia noción de capital se ha transformado. Tiene su importancia porque la medición del stock de capital desempeña un papel fundamental en el cálculo de la tasa de ganancia. Los datos no son tan inocentes como el Cándido de Voltaire. Este libro se inspira en una diversidad de fuentes. El principio de regulación turbulenta tiene su origen en el método de Adam Smith, David Ricardo y en especial de Carlos Marx, para quien las “leyes de movimiento” son los principios regulativos que ejercen su influencia en y por medio de diferentes contra-tendencias. La teoría de la competición real tiene raíces similares en el seno del canon de la ciencia económica, pero también se pueden encontrar elementos de la misma en la literatura que trata de las empresas. La mayor parte del tiempo los patrones se ven directamente, pero algunas veces la formalización exige las herramientas de la moderna dinámica no lineal y las pruebas empíricas exigen emplear las modernas herramientas econométricas.
El énfasis en el crecimiento como un proceso inmanente tiene también raíces en la tradición clásica y marxista, así como en las obras de Harrod, Robinson y otros. Como se ha señalado anteriormente, la reacción positiva de la tasa de ahorro de las empresas a las necesidades de inversión abre el camino para la síntesis clásica de Harrod y Robinson, en la que el crecimiento es guiado por la productividad y sin embargo el empleo de la capacidad gravita alrededor de una tasa normal. En un nivel macroeconómico la demanda no puede ser autónoma con respecto a la oferta, ya que la decisión de producir lleva a comprar material, máquinas, y a pagar salarios a los trabajadores y rentas, intereses y dividendos a los caseros, acreedores y propietarios. Por lo tanto la oferta no es ni la potencia imperial de la economía neoclásica, ni la presencia espectral de la economía Keynesiana o Kaleckiana. La oferta y la demanda están aquí en pie de igualdad, fardando en el escenario alternativamente. Pero, como siempre, quien mueve los hilos es la ganancia. La idea del desempleo persistente puede remontarse a la concepción de Marx del ejército de reserva de los desempleados, al puzle de Harrod sobre la diferencia entre tasas de crecimiento preferidas y naturales, y a la brillante síntesis matemática de Goodwin sobre la relación de estas como un ciclo de presa y depredador. En los trabajos de Harrod, Kaldor-Pasinetti y Goodwin, la tasa de ganancia debe adaptarse para conseguir que la tasa de crecimiento deseada sea equivalente a la tasa de crecimiento natural. Sostengo que la tasa natural, que es la suma del crecimiento de la productividad y de la fuerza de trabajo, responde positivamente en sí misma a la rentabilidad; la tasa de cambio técnico depende del coste relativo del trabajo, y el crecimiento de la fuerza laboral responde por medio cambios en las tasas de participación y de la importación del trabajo, y a los incentivos laborales. Por ello el crecimiento regido por el afán de lucro puede generar una tasa persistente de desempleo, como en Marx y Godwin. Se puede demostrar que esto tiene severas implicaciones en los efectos de la política fiscal. Con todos estos argumentos se pretende entretejer una narrativa teórica coherente en cuanto a su lógica interna, y coherente externamente en relación con las pruebas empíricas. Debe notarse que si bien esta obra se centra en el mundo capitalista desarrollado, no se debe a que no nos interese el mundo en vías de desarrollo. Por el contrario, tenemos fuertes motivos para pensar que un análisis del capitalismo en su forma más desarrollada es esencial para una comprensión adecuada de las relaciones entre el mundo desarrollado, en desarrollo y subdesarrollado. A este fin hemos consagrado nuestro proyecto.
II. Líneas Generales del Libro.
Esta obra se divide en tres partes: Fundamentos del Análisis, La Teoría de la Competencia Real, y la Teoría de la Macro-dinámica Turbulenta. Excluyendo este capítulo introductor y una breve conclusión, cada parte comprende cinco capítulos. Todos los argumentos teóricos se contrastan con los correspondientes puntos de vista neoclásicos y keynesianos/post-keynesianos y con las pruebas empíricas. En el siguiente resumen de los diversos primeros capítulos dejo fuera la mayoría de citas y referencias ya que aparecen en los textos apropiados.
1. Parte 1. Fundamentos del Análisis. (Capítulos del 1 al 6) Inmediatamente después de este capítulo introductorio, el capítulo 2 fija el escenario presentando pruebas empíricas sobre patrones económicos característicos a largo plazo en los países capitalistas avanzados. Incluyen un crecimiento persistente de la producción, la productividad, las ganancias, y el empleo, todo ello en el marco de ciclos recurrentes y grandes depresiones periódicas; la relación influenciada socialmente de los salarios reales con la productividad; el efecto beneficioso de las políticas y las instituciones en el desempleo; la sorprendente recurrencia de prolongadas oleadas doradas, incluso hasta el día de hoy; las implicaciones para el crecimiento del camino a largo plazo de la rentabilidad; la igualación turbulenta de las tasas de retorno entre los sectores industriales; y la determinación estructural de los precios industriales relativos.
Las ideas de recurrencia y regulación turbulenta brotan de forma bastante espontanea cuando se efectúa un escrutinio teórico de esta suerte. El capítulo concluye pasando revista de forma amplia al aumento de la desigualdad global que ha llevado al estado actual del mundo, en el que el desarrollo coexiste con el subdesarrollo, el crecimiento con la recesión, y la opulencia con la pobreza más extremada. El propósito de este capítulo es dejar claro que el objeto de estudio es el propio capitalismo.
El capítulo 3 se interesa por las cuestiones metodológicas suscitadas por la existencia de patrones a largo plazo. Comienza con la cuestión del método. La idea convencional de equilibrio como un estado de quietud es sustituida por la idea de regulación turbulenta en la que el equilibro sólo se consigue quedándose corto o pasándose de forma recurrente. Lo anterior plantea la cuestión de la temporalidad de los procesos involucrados, es decir, la duración de las “carreras” en las que se supone que se alcanza el equilibrio. También es necesario abordar la “nudosidad” inherente de los objetos y las respuestas sociales, ya que los umbrales implican una no linealidad intrínseca en los propios procesos.
Además la mera persistencia de patrones a largo plazo plantea otras cuestiones metodológicas: ¿cómo puede ser posible que la sociedad capitalista genere patrones recurrentes agregados a lo largo del tiempo teniendo en cuenta que se compone de individuos mudables insertos en estructuras sociales que evolucionan y sujetos a modas que cambian constantemente? Una respuesta, que hoy complace a los economistas neoclásicos, es pintar los resultados sociales recurrentes como las opciones súper-racionales de un inmutable agente representativo. Sin embargo la mera idea de un agente representativo padece de dificultades insuperables. En primer lugar, para derivar patrones agregados estables en circunstancias históricas cambiantes es necesario postular agentes representativos inmutables. En segundo lugar incluso en tomando como dadas ciertas circunstancias sociales, el comportamiento agregado de un grupo no se corresponderá con los comportamientos individuales subyacentes a menos que todos los agentes dentro del grupo sean idénticos. Es la existencia general de no linealidades que brotan de las interacciones de los individuos las que dan cuenta de este resultado. Los economistas neoclásicos sencillamente hacen caso omiso de este problema y sigue tirando. En tercer lugar, suponer híper-racionalidad no es útil ya que falsea sistemáticamente las motivaciones subyacentes y no es necesaria porque podemos derivar los patrones observados sin recurrir a esa suposición.
La clave es reconocer que los resultados agregados poseen “propiedades emergentes” debido a las interacciones entre los elementos individuales: un todo orgánico es más que la suma de sus partes. Aún necesitamos que se explique el carácter persistente de estas propiedades emergentes a la luz de condiciones históricas cambiantes. El secreto radica en la diversidad de los comportamientos de los agentes individuales. Pueden surgir patrones legítimos a partir de la interacción de unidades heterogéneas (individuos o empresas) operando con estrategias variables y expectativas en conflicto debido a que los resultados agregados son “muy indiferentes” a los detalles microeconómicos. La diversidad genera distribuciones estadísticas de resultados cuyos promedios y otros rasgos se ven moldeados por estructuras sociales y culturales. Este enfoque puede utilizarse para demostrar que podemos derivar las principales leyes empíricas del comportamiento agregado de los consumidores (curvas de demanda de pendiente decreciente, elasticidades características de ingresos en relación con lo necesario y los artículos de lujo, la no linealidad de las curvas de Engel, y la quasi-linealidad de las funciones de consumo agregado) sin tener que hacer referencia a ningún modelo concreto del comportamiento del consumidor. Los agentes toman decisiones, y las decisiones son importantes. Pero los patrones generales anteriores no dependen de esos detalles. Se sigue que uno no puede comparar modelos micro en competencia a nivel agregado. Tenemos que seguir dentro del nivel micro. Y entonces se ve claro que no tenemos que asustarnos si hay que enfrentarse a la naturaleza caprichosa, compleja y a veces incluso demente del comportamiento humano. Debemos abrazar la diversidad, no suprimirla.
El Capítulo 4 se ocupa de la estructura de la producción social. En la superficie el capitalismo se manifiesta como un sistema de intercambios generalizados. Ciertamente, la economía neoclásica presenta el intercambio de equivalentes como el principio central organizador de la economía capitalista, introduciendo sólo la producción como un medio de intercambio indirecto entre el presente y el futuro. El punto de vista clásico es muy distinto. Como la producción lleva tiempo, antecede al intercambio de productos. Y es dentro de la producción donde nos enfrentamos a disputas constantes sobre los salarios, la duración y la intensidad de la jornada de trabajo. La primera parte de este capítulo contrasta el énfasis clásico sobre la importancia del tiempo en la producción y sobre el papel activo del trabajo en la misma, con la metodología intemporal y pasiva de insumos-productos de la mayoría del resto de tradiciones económicas. La distinción entre la inversión circulante y la inversión fija tiene importantes implicaciones para la dinámica económica. Los relatos clásicos y de la economía convencional sobre la producción son diferentes en cuanto a la medición de la producción total y el valor añadido, pero, sorprendentemente, no son diferentes en lo que al excedente bruto operativo respecta.
Se realiza un estudio cartográfico de los dos esquemas en el apéndice 4.1. La segunda parte del capítulo muestra como el empleo de las materias primas, del capital fijo, y del trabajo está vinculado a la duración e intensidad de la jornada laboral.
Estas conexiones se usan para deconstruir diversas representaciones convencionales del proceso de producción que van de los coeficientes fijos a las funciones de producción clásicas. Las diferentes combinaciones potenciales de los cambios en la utilización del trabajo cambiarán de posición a lo largo de la frontera de las posibilidades de producción en diferentes niveles de utilización. Esta nueva índole de “reversión de las técnicas” ha defenestrado cualquier posibilidad de construir una función de producción neoclásica microeconómica. Por otro lado la determinación social de los cambios en la duración y la intensidad del trabajo implican que no podemos tomar modelos de coeficientes fijos ni variables de producción como si representaran “condiciones” técnicas en exclusiva. La tercera parte muestra que las curvas de coste propiamente derivadas son muy distintas de las postuladas en los manuales convencionales de microeconomía. La noción de curvas de coste en forma de U queda singularmente afectada, ya que los cambios de costes normales de un cambio al siguiente dan lugar a una forma de erizo en los costes promedio variables y a acusados saltos correspondientes en los costes marginales. Una implicación directa de esta forma de erizo es que un precio dado puede intersectar con la curva de coste marginal en múltiples ocasiones, de modo que la norma p=cm no sirve de nada para determinar el punto de producción en el que se maximiza la ganancia.
El enfoque de coeficiente fijo puede acomodar los resultados algo mejor, pero sólo al precio de tratar cada combinación potencial de cambios, que operan en duraciones e intensidades determinadas de la jornada laboral como una “tecnología separada”.
El capítulo termina pasando revista a las pruebas empíricas sobre la duración e intensidad de la jornada de trabajo, sobre la productividad del trabajo, y sobre las formas de las curvas de coste reales.
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