Pongámonos en situación: estás en el corredor de la muerte, en las horas previas a la ejecución:

En estas circunstancias, una antigua tradición que dicen que ya se aplicaba en la Grecia clásica, en la antigua China, en el Egipto de los faraones, en la Roma imperial y entre los aztecas, y que pervive en la mayoría de los gobiernos modernos que mantienen la pena capital, consiste en ofrecer al reo su plato favorito.
Melanie Dunea ha publicado dos libros con las recetas de los chefs de postín para su última cena que pueden consultarse aquí, pero los condenados a muerte no suelen pedir croque monsieur con caviar ni Laurence's rataouille.
La exposición "No seconds" del fotógrafo
Henry Hargreaves trata precisamente de esto, de la última comida de los que van a morir. Aquí el último deseo de algunos:
Aquí podéis ver más.
Puestos en situación, yo me pediría una de chipironcitos rebozados (ojo: chipironcitos, no pulpitos, que si me dan el cambiazo no me dejo matar y los denuncio por incumplimento de contrato)

Luego unes garotes al natural (si no es temporada, hagan el favor de retrasar la fecha de ejecución, por favor)
Y de postre una de percebes

Todo ello regado con un buen albariño.
Y luego ya si eso pos que me maten, que me llevo un buen sabor de boca.
Y ustedes, ¿qué pedirían antes del trance final?