Ricardo Mella escribió:
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Alterar el normal funcionamiento del Congreso
24 octubre 2012 – 7:44
Desde que hay manifestaciones cerca del Congreso de los Diputados el Gobierno (y una contumaz jueza madrileña) no paran de amenazar con la aplicación de un artículo del código penal, el 494, que castiga (sin demasiada dureza, todo sea dicho) a quien se manifieste ante el Congreso mientras esté reunido (algo que ya se ha producido varias veces )”alterando su normal funcionamiento“, que es lo que -¡mala suerte!- no ha sucedido por parte de los manifestantes. Por parte de los manifestantes, insisto.
Mientras en la calle se producía una nueva protesta ayer se produjo la mayor parte del debate sobre presupuestos en el Congreso. La descacharrante (o intolerable, según el estado de ánimo de cada cual) frase de Montoro según la cual “estos son los presupuestos más sociales de la democracia” (ojo, no de la Historia sino de la democracia: hemos de suponer que con Franco aún eran más sociales) tiene su fundamento en las cuentas que presentaba a debate y votación: si aplicamos la cláusula PMSC (por mis santos cojones) y según tal cláusula sacamos del gasto previsto los 38.000 millones de euros que pagaremos en 2013 sólo en intereses de la deuda nos queda un escuálido presupuesto. Y de ese pobre esqueleto, obviamente, una parte importante es gasto social, sobre todo porque las prestaciones de paro se consideran gasto social. Ocurre que redactar los presupuestos aplicando la cláusula PMSC allí donde nos dé la gana (que es el único lugar donde se puede aplicar tal cláusula) es simplemente mentir, es no presentar unos presupuestos sino un folleto publicitario. Es impedir el debate sobre lo que se presenta, que se convierte en un ejercicio de hermenéutica para descubrir qué se oculta tras lo que se presenta.
Aún más obsceno resulta que ni tras la presentación y debate con los grupos parlamentarios (a falta del grupo mixto) del presupuesto sabemos si el gobierno tiene previsto actualizar las pensiones para que no pierdan poder adquisitivo. Salvo en el improbable caso de que Montoro se digne a contestar al portavoz de Amaiur lo que se negó a responder a los del PSOE, CiU, IU, PNV y UPyD, hoy los diputados del Congreso votarán los presupuestos sin saber si incluyen algo de una importancia tan inmensa. Es decir, el gobierno les exige que voten a ciegas: si se oculta algo tan obsceno como si la birria de pensiones que hay en España seguirán igual o empeorarán aún más, ¿cuántas partidas en las que no hemos pensado estarán siendo escondidas?
Los diputados son intocables no porque gocen de una naturaleza semidivina, sino porque se supone que son el poder político legítimo (amparado por unos votos aunque sean manipulados después mediante la tramposa ley electoral), que son los legitimados para tomar decisiones. Es precisamente el gobierno y no ningún manifestante quien está alterando el normal funcionamiento del Congreso al obligar a los diputados a votar a ciegas.
Imaginemos que un partido dejara el número dos de sus papeletas en blanco, pidiendo a sus votantes que la metan en la urna y que ya le dirán después quién iba en ese lugar. Algo así está obligando el gobierno a hacer a los diputados. Que a muchos de ellos (los del PP y sus satélites: UPN y el Cascos Party) no les importe una higa y decidan votar a favor no añade legitimidad sino indignidad.
No se manifiestan salvo cuando desfilan hacia el bar al terminar las intervenciones de los partidos turnistas pero si andan buscando quién altera el normal funcionamiento del Congreso, no miren en la calle sino dentro de él.
http://blogs.tercerainformacion.es/iiir ... -congreso/
Aqui tenemos un ejemplo claro de las contradicciones de la izquierda. Por una parte se quejan de que las listas son cerradas y que a los candidatos los ponen a dedo los aparatos de los partidos políticos mediante procesos que son cualquier cosa menos transparentes y por otra abogan por una ley electoral de circunscripción única.
Ninguno de los aquí presentes en este foro sabía, en el momento en el que metió la papeleta en la urna, el nombre y apellidos del número dos de la lista. Ni tampoco ninguno de nosotros nos molestamos en indagar o saber algo sobre alguno de los candidatos que votamos, como no sea el numero uno.
En una circunscripción como Madrid pretender que el votante sepa distinguir o reconocer a los treinta y pico señores y señoras que componen una lista electoral es uno de los mayores absurdos que podemos tener en consideración. A mayores, los aquí presentes votamos unas listas, una candidatura, un partido político.
Tendría sentido votar a la persona y no al partido político en un sistema electoral de circunscripción unipersonal, al modo de los países anglosajones. Ahí sí que votan a la persona y se aplica el sistema mayoritario, a una sola vuelta. No el sistema proporcional que teóricamente beneficiaría a los partidos minoritarios de izquierdas.
Con todo, tan democrático es el sistema mayoritario como el sistema proporcional. Todos los partidos tienen tanto en un caso como en el otro las mismas oportunidades de obtener un gran número de escaños en el parlamento. Mismamente el Partido Popular pasó de tener 6 diputados en el Congreso a tener mayoría absoluta. Si ellos pudieron la Izquierda Hundida también. Todo es que el pueblo español esté por votarles, que esa es otra.