Pues yo me divierto mucho leyendo la Razón. Son sinceros y transparentes. No intentan ir de liberales modennos como en el mundo ni de carcas moderados como el ABC. Y aclaran mucho las cosas:
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Pudo ser un político valiente, honrado y de nuevo cuño, pero su entrega a los radicales de Podemos, su palanca absoluta a los comunistas de extrema izquierda, su cesión a los gobiernos municipales y autonómicos, que nunca habrían tocado poder, ha sido su tumba definitiva.
Las autonomías y gobiernos locales son muñidores de chanchullos. El PSOE entraba en el turnismo, pero si vienen otros a por el pastel pues... esa es exactamente la traducción de lo que pone.
Y es que en este país nada cambia. De mi novela favorita:
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l marqués de Vegallana era en Vetusta el jefe del partido más reaccionario entre los dinásticos; pero no tenía afición a la política y más servía de adorno que de otra cosa. Tenía siempre un favorito que era el jefe verdadero. El favorito actual era (¡oh escándalo del juego natural de las instituciones y del turno pacífico!) ni más ni menos, don Álvaro Mesía, el jefe del partido liberal dinástico.
El reaccionario creía resolver sus propios asuntos y en realidad obedecía a las inspiraciones de Mesía. Pero este no abusaba de su poder secreto. Como un jugador de ajedrez que juega solo y lo mismo se interesa por los blancos que por los negros, don Álvaro cuidaba de los negocios conservadores lo mismo que de los liberales. Eran panes prestados. Si mandaban los del Marqués, don Álvaro repartía estanquillos, comisiones y licencias de caza, y a menudo algo más suculento, como si fueran gobierno los suyos; pero cuando venían los liberales, el marqués de Vegallana seguía siendo árbitro en las elecciones, gracias a Mesía, y daba estanquillos, empleos y hasta perbendas.
Así era el turno pacífico en Vetusta, a pesar de las apariencias de encarnizada discordia. Los soldados de fila, como se llamaban ellos, se apaleaban allá en las aldeas, y los jefes se entendían, eran uña y carne. Los más listos algo sospechaban, pero no se protestaba, se procuraba sacar tajada doble, aprovechando el secreto. V
[...]
Cuando este quería castigar a alguno de los suyos, le ponía enfrente de un candidato reaccionario a quien había que dejar el triunfo. El Marqués agradecía a don Álvaro su abnegación, y le pagaba diciéndole, por ejemplo:
-Oiga usted, mi correligionario, Fulano quiere tal cosa, pero a mí me carga ese hombre; haga usted que triunfe el pretendiente liberal. Y entonces Mesía premiaba los servicios de algún servidor fidelísimo.
Dicho sea de paso me encanta Oviedo, ¿eh? Que conoste.
Puede que Clarín no fuera estilista consumado, pero bueno, soy de esos a los que se la suda el estilismo. Prefiero contenido y expresividad.