El hijo independentista del escolapio Amadeu
El líder del PSAN cuenta en "Josep Guia. L'independentisme complet" que vio la luz de la conciencia nacional con un sacerdote de Algemesí y rememora la época clandestina
Libro. Josep Guia (Beneixama, 1947) lleva 39 años al frente del independentismo en tierras valencianas.
Ahora, un libro-entrevista escrito por Núria Cadenas relata los curiosos orígenes políticos de este irreductible Astérix de la aldea pancatalanista.PACO CERDÀ VALENCIA
En las afueras de la periferia del nacionalismo valenciano -ya suburbial en sí mismo- resiste un puñado de
románticos infatigables (expresión no agresiva para sustituir al término friki) que, medio siglo después de Nosaltres, els valencians,
todavía luchan por el independentismo de corte catalanista que teorizó Fuster y cuyo cielo se llama Països Catalans. El verdadero Astérix de esta aldea de irreductibles es Josep Guia. Es el hombre que siempre ha estado ahí. El que en 1974 fundó la primera célula ilegal en suelo valenciano del Partit Socialista d'Alliberament Nacional (PSAN) cuando Franco aún vivía y que, 39 años después, sigue siendo su histórico dirigente, su alma mater. Es el independentista valenciano en mayúsculas, el encargado de apagar la luz -y él nunca lo haría, antes la muerte-
si esta ideología marginada y lo que viene después de minoritaria tuviera que bajar la persiana política. Ahora, a los 66 años, Guia ha entrado en el confesionario. El resultado es el reciente libro-entrevista Josep Guia. L'independentisme complet (Malhivern, 2013), en el que mantiene una conversación de 120 páginas -entre memorialística y actual- con la periodista y escritora Núria Cadenas, a su vez presidenta de Solidaritat Catalana per la Independència y camarada de Josep Guia en el PSAN.
De la confesión no se sale con padrenuestros ni avemarías de penitencia, aunque el pecado sea tan grande para algunos como
reivindicar la catalanidad del País Valencià. Pero sí que surge un sacerdote escolapio, el padre Amadeu, como el responsable de enchufar este incombustible motor del independentismo que ha sido Guia. Se lo explica él mismo a Cadenas al rememorar que despertó a la cuestión nacionalista "a los 14 o 15 años", tras dejar su Beneixama natal para afincarse en Valencia y empezar a estudiar en la Escuela Pía. "Allí había un capellà, el pare Amadeu, que nos explicaba cosas de un hombre que había escrito libros importantes, al que querían quemar en una falla y que se llamaba Joan Fuster. O que el Concilio Vaticano II preconizaba hacer la misa en las lenguas vernáculas y que nosotros lo teníamos que solicitar, tal como lo postulaba un manifiesto con 22.000 firmas en favor de la misa en valencianoÉ O que, cuando llegaba el 9 d'Octubre e íbamos a ver la bajada de la senyera y acudíamos al Parterre, al pasar el piquete de soldados que cerraba la comitiva, medio en broma dejaba caer: "Ahora vienen las fuerzas de ocupación"".
La "droga" dura. Aquel pare Amadeu, natural de Algemesí, "fue de los primeros que me hicieron ver la realidad del país y de la lengua" en aquellos años sesenta transformadores, recuerda Josep Guia. Ya con la miel en los labios, el primer chute de verdad le llegó con Manuel Sanchis Guarner.
Su padre, farmacéutico municipal de Valencia con casa en la burguesa Gran Via Marqués del Túria de Valencia -que ha heredado Guia- llevó a casa un libro de Sanchis Guarner sobre los valencianos y la lengua autóctona de los siglos XVI, XVII y XVIII. "Lo devoré. Es el primer libro que leí en catalán", recuerda. Luego ya vino la droga dura: Fuster y su Nosaltres, y con él, "la conciencia nacional fuerte" que se alimentaría del antifranquismo.
Para entonces, el veneno independentista ya era demasiado para contenerlo en un solo cuerpo. Así que, acabada la licenciatura de Matemáticas, hecha la mili y casado con la también profesora Maria Conca, marido y mujer entraron en el grupo Nova Germania. Fue su primera incursión política en la clandestinidad. Pero vio que aquel movimiento era demasiado español para su gusto y pronto finiquitó la aventura. Se acercaba el momento de alcanzar el Nirvana del independentismo convencido. Y aquello, más o menos, sucedió en una reunión celebrada en un caserío del Morquí, entre la Vall d'Albaida y la Safor. La reflexión, explica Guia, fue sencilla: "Si somos una cultura, si tenemos una lengua, si somos una nación, ¿cómo es que no hemos de tener derechos políticos para organizarnos como tal?". Y se pusieron manos a la obra.
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