"Dinero, dinero, dinero" escrito en 1865 e incluído, como el texto anterior, en la "Fe Nacional y otros escritos sobre España":

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“El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos, comparadas con una crisis financiera. ¡Cuánto apuro! ¡Cuánto desorden!¡Qué desastrosa serie de coincidencias, de compromisos, de privaciones! (…) La crisis financiera, la bancarrota de un Gobierno, tiene una grandeza que no se advierte en la bancarrota individual: es la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión (…), sin duda un ministro de Hacienda empobrecida (…), lívido y acontecido, registra ese inmenso bolsillo que se llama Tesoro y, encontrándolo poco menos que vacío, abre con mano convulsa ese cepillo que se llama Caja de Depósitos (…) y confronta el reducido capítulo de haberes con la lista de menudos compromisos que se llama Deuda, y, ¡oh dolor!, resulta un déficit espantoso”.
Más adelante, Galdós dice: “No es la discordia, es la crisis. La crisis financiera que es la más terrible de las crisis. La pobreza, mas no de uno, sino de todos los españoles, la bancarrota de una nación, la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión”.
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Con bastante ironía, Galdós propone que las joyas de los acaudalados y de la Iglesia que visten y adornan a vírgenes y santos con metales y piedras preciosos, se entreguen al Estado para sacar al país de la ruina. Y cree que ya no presenciaríamos “el triste espectáculo de un Banco que cojea y otro que se alza sobre las ruinas, ni oiríamos ese atronador oleaje de los fondos públicos, ni sentiríamos los estragos de la marea financiera, siempre descendiendo hasta dejar en seco las profundidades del abismo”.
El autor de Los episodios nacionales concluye: “ Sólo un discurso le queda al ministro color de rosa, el ministro de los proyectos, de los horizontes resplandecientes. ¿Cuál? Pronunciar un rotundo allá se las haya y dejar que la Hacienda se arregle por sí sola o se desarregle hasta llegar a la condición plebeya del maravedí”.