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 Asunto: Re: El Rojo's Reader
NotaPublicado: Mar Feb 05, 2013 2:11 pm 
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doniña escribió:
Muy interesantes vuestras recomendaciones, Neck y Shibboleth.

Laclau al menos es menos brumoso y pajillero, más estable que Zizek, que oscila entre boutades robespierrianas neostalinista-maoístas cuando está de subidón, y realismo socialdemócrata cuando se cansa de bracear y aterriza. Y ni que decir tiene que el marco interpretativo de Laclau se adecúa bastante bien a las experiencias latinoamericanas post-neoliberales. Además Zizek se burla de los veganos, aunque, eso sí, es más divertido.

El debate clave es sobre qué es más realista y plausible: una política que apele a una composición de clase donde converja un sujeto social que sea "proletario/asalariado pobre" con un programa político comunista, o una política como el populismo à la Laclau, que ante el problema de la composición opta por difuminar tanto la intensión de la definición del sujeto social como la intensión del programa político, ganando así en extensión y por tanto transversalidad y en adecuación realista a la estructura de clases y sus varias maneras de medirla, tanto como a la diversidad de ideologías dentro de los dominados, el 99%.

Esto es, ¿es plausible crear un catch it all party al estilo marxista auténtico, con su viejo marco interpretativo, al estilo KKE, o por el contrario al estilo Mélenchon (el caso más parecido a lo defendido por Mouffe-Laclau), o al estilo Syriza (que no deja de ser una socialdemocracia)? ¿Cómo crear una coalición vencedora mediante la combinación de un grupo social determinado y un programa determinado? El marxismo vintage desde luego, creo, es el que peor lo tiene, por mucho que exhiba pureza revolucionaria frente a los revisionistas. Sin una sociología de clases adecuada, como la desarrollada por Erik Olin Wright, la apelación a la clase trabajadora con la esperanza de que ésta devenga en "clase para sí comunista" no sirve de mucho.




Ya ves el éxito que tuvo Mélenchon, y en cambio, el que tiene Syriza. Me gusta porque ejemplifican muy bien le disyuntiva que le veo yo a la izquierda: o el postmodernismo, inherentemente neoconservador o histérico (puesto que, o cae en esencialismos de identidades y relativismos culturales, o simplemente es una respuesta emocional que no elabora racionalmente su marco interpretativo de la sociedad), o un llamamiento a la clase social como aglutinador principal.

Es cierto que no lo hacen con el lenguaje algo más old school del KKE, pero no por ello creo que vayan en la dirección de "multitudes" o coaliciones arco iris que defienden Laclau (un inciso: de Laclau no he leído casi nada y me guío por reseñas e interpretaciones que han hecho otros, así que igual me equivoco). Pongamos que hacen una elaboración más flexible del concepto de clase trabajadora que el de sacar un póster de la URSS, pero están en mi orilla del río. Allá, al otro lado, está el calvo al que citas, con su relativismo que no puede cambiar ninguna realidad objetiva porque no cree en que esto exista. Cada vez que veo una foto de Foucault, me dan ganas de soltarle un puñetazo en el ojo.

Respecto a lo de que sean socialdemocracia, es cierto, si se interpreta dentro del clásico debate de "revolución vs. reformismo". Pero tienen dentro a grupos marcadamente anticapitalistas, y no veo por qué podemos criticar el inmovilismo y el anacronismo de marcos conceptuales anticapitalistas antiguos ("ya no puedes hablar de clase obrera fabril" etc etc) pero tenemos que seguir encallados en la confrontación esa de revolución vs. reformismo. Ni que fuésemos Rezzonics acabando de descubrir a Rosa Luxemburgo. Mientras la dirección y las propuestas que haga Syriza vayan en pro de los trabajadores griegos (y por tanto, a la larga, de todos los trabajadores), olé sus cojones (incluso aunque yo dijese que me mola más el old school flavour del KKE). Criticarles por ser socialdemocracia o demasiado tibios se puede hacer si tienes un ejemplo de alternativa en marcha que está funcionando y viable de ser trasladada a ese contexto.

El otro día estuve en una charla sobre "Movimientos sociales alternativos en la crisis griega", que era "dos pavos anarquistas te comen la oreja sobre Grecia" en neolengua. Rajaron al KKE y a Syriza. Cuando la peña le pegaba a los nazis, eran "el pueblo". Cuando votaban a Syriza por supuesto eran algo así como borregos alienados, o incluso traidores. Luego, según ellos, Amanecer Dorado tenían "el poder que les daba el sistema" (lol, claro, "el sistema" quiere un partido extremista con un punto de vista rupturista, y de reminiscencias fascistas que desequilibre la UE, claaaro). Y su sindicato de base de camareros había visto un incremento entre 2007 y 2013 de... chan chan channnnnnnnnnnnnnnnnnnnn.... 300 miembros.

Que echaran mierda sobre Syriza o el KKE me daba más o menos igual, el problema es que, ni aclararon qué proponían para Grecia, ni explicaron cómo llegar ahí. Y no tenían un contra-ejemplo al ascenso en popularidad de Syriza. ¿Por qué me tengo que fiar de que el barman loco va a saber cómo organizar Grecia, sólo porque reparta los carnés de revolucionario? No me interesa la moto. Iba a trollear in real life la charla, pero como estaba con una amiga, me supo mal por ella y me callé.

Bonus track: una histérica del público que empezó a preguntar si "los comunistas del KKE no se enfrentarían a los anarquistas porque quieren defender sus ministerios, que están muy cómodos en ellos".

Pista: el KKE no tiene ministerio alguno, pero como siempre, una histérica no permite que la realidad estropee su fantasía.

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Éste soy yo, entrando en el hilo que has abierto, a leer todos y cada uno de tus posts:
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 Asunto: Re: El Rojo's Reader
NotaPublicado: Vie May 30, 2014 9:28 am 
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Más de "mi libro".

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12. Reforma y Revolución en la política leninista.

En las secuelas del colapso de la URSS se ha dado una vigorosa presión en la izquierda para abandonar el marxismo-leninismo. Ahora han adquirido una mayor preponderancia varios puntos de vista anarquistas y libertarios en la izquierda, y socialdemócratas en la derecha. Quiero defender que aunque el Marxismo-Leninismo puede tener grandes deficiencias en cuanto a la organización de una sociedad socialista, aún supera ampliamente cualquier alternativa sobre como conducir la lucha política de clases por el socialismo.

El marxismo-leninismo es la aplicación de la ciencia racional a la política, en servicio del comunismo. Es el método político de los partidos comunistas. Esos partidos tienen como su objetivo final la creación de una sociedad sin clases, a la que llaman comunismo. Los marxistas leninistas no son las únicas personas que dicen querer una sociedad sin clase, la mayoría de los anarquistas y los socialistas también comparten este objetivo. Lo que hace la estrategia leninista diferente es la forma en que combina el análisis económico racional con la agitación, la propaganda, la organización y el liderazgo militar para lograr sus fines.

El análisis marxista de la sociedad.

El propósito de la teoría marxista-leninista es permitir a los comunistas analizar las condiciones económicas y políticas de forma suficientemente detallada para aportar los fundamentos de una línea política efectiva. Una línea política eficaz es aquella que produce las mayores ganancias posibles en la situación presente.

La política es la lucha para controlar o influenciar el poder estatal.

La lucha política de clases siempre se da en el seno de un Estado concreto, y puesto que las condiciones políticas y económicas son distintas en cada país, el análisis marxista-leninista debe concentrarse en las condiciones específicas en la nación de cada partido.

En el pasado era claro y sencillo identificar cuál era la nación. Con procesos como la Unión Europea se ha vuelto más difícil. Hoy en día vivimos en un sistema dual de poder estatal, en la que la Comisión Europea es es aún el elemento más débil. Una vez que se establezca una moneda única y el sistema de mando militar europeo se implanten, la comisión europea será el elemento dominante. En este punto, el establecimiento de un partido comunista paneuropeo será necesario.

Un partido comunista debe disponer de un análisis de la economía y de la estructura de clases del estado que opera en él si ha de tener una estrategia política efectiva. Ejemplos clásicos de este tipo de análisis son “El Desarrollo del Capitalismo en Rusia” de Lenin y el “Análisis de las clases en la sociedad China” de Mao. El propósito del análisis, en palabras de Mao, es responder a la pregunta: ¿quiénes son nuestros enemigos? ¿Quiénes son nuestros amigos?

Este análisis no puede conducirse mediante razonamientos apriorísticos. Requiere de investigación. Requiere la aplicación de la economía política marxista a las condiciones económicas contemporáneas. El análisis trata de responder a diversas preguntas:

-¿Cuáles son los sistemas de explotación en este país? ¿Quién explota a quién? ¿Quién sufre por la explotación y quién se beneficia de ella? No basta con responder estas preguntas de modo general, con decir simplemente que los trabajadores son explotados por los capitalistas. Para empezar, existen otras formas no capitalistas de explotación. En China la explotación de los campesinos por los terratenientes era más importante que la explotación capitalista. Aquí tiene uno que tener en cuenta la explotación a través de las deudas y la renta y la explotación de las mujeres por sus maridos y esposos.

-¿Qué sistemas económicos crecen y cuáles se hunden?

En tiempos de Lenin era una cuestión de defender que la agricultura campesina comunal estaba siendo reemplazada por la agricultura capitalista, y por lo tanto la demanda populista de volver a la agricultura comunal era poco realista. Eso sólo puede ser demostrado mediante un examen detallado de las estadísticas gubernamentales. Necesitamos saber qué categorías de actividad están creciendo y cuales disminuyen en términos de aspectos como: trabajo del gobierno local, empleados bancarios, empleados de ventas, guardias de seguridad, obreros fabriles y autónomos.

-¿Cuáles son las contradicciones inherentes en la economía que pueden desencadenar una crisis?

-¿Qué clases son nuestros amigos y qué clases nuestros enemigos? ¿Cuáles son las demandas justas que unen a nuestros amigos y aíslan a nuestros enemigos? Una vez que conocemos las respuestas a estas cuestiones debemos averiguar cuáles son los posibles cursos de desarrollo de nuestra sociedad. No hay razón para la política a no ser que exista más de un futuro abierto para nosotros. Tenemos que identificar, en términos generales, que futuros son posibles de modo que podamos pelar por el que sea en interés de la clase trabajadora.

Políticas marxistas-leninista en periodos estables.

Los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones internas de la sociedad, o lo que es lo mismo, la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, las contradicciones entre las clases, y la contradicción entre lo antiguo y lo nuevo; es el desarrollo de esas contradicciones lo que hace avanzar a la sociedad y confiere el ímpetu para la supresión de la vieja sociedad y el surgimiento de la nueva. (Mao Sobre las Contradicciones)

El capitalismo es con frecuencia estable durante largos periodos. Siempre hay contradicciones en el capitalismo, pero cuando la explotación y la acumulación de capital se producen con tranquilidad, lso antagonismo de clase están latentes y no son explosivos y por lo tanto no se manifiestan en un conflicto social abierto. La explotación del trabajo asalariado siempre lleva a luchas sobre los salarios y las condiciones laborales, pero en la mayor parte de los casos sólo una fracción muy escasa de los trabajadores participan en huelgas, etc. Ese ruido de fondo de la lucha de clases no amenaza de ningún modo al orden social.

En los periodos de estabilidad, la forma existente del Estado, las normas que rigen la propiedad y el sistema ideológico se corresponden con las necesidades de la base económica. Permiten la acumulación de capital y el desarrollo de la economía. Ejemplos de dichos periodos en el Reino Unido fueron el tardío periodo victoriano y los cincuenta y sesenta del siglo XX.

En los periodos estables se restringe la actividad de los partidos revolucionarios. Puesto que no existe una necesidad social objetiva para ellos pueden degenerar fácilmente en una irrelevancia sectaria. Aunque incapaces de intervenir en la política nacional, los comunistas deben participar en la actividad política. Puede que en esos tiempos no sean capaces de ejercer influencia sobre las masas, pero deben prepararse teóricamente, políticamente y organizativamente durante ese tiempo cuando puedan.

Deben profundizar su entendimiento de la sociedad de modo que puedan identificar las contradicciones que pueden surgir en tiempos de crisis. Deben educar a los trabajadores en la teoría marxista de modo que tengan los conocimientos y destrezas requeridas para analizar una situación de crisis cuando surja.

Deben ayudar a la luchas de masas que sobrevengan, y mediante ese auxilio práctico ganar la reputación de una abnegación consagrada a los intereses de la clase trabajadora en su conjunto.

Deben pelear por reformas que puedan mejorar las condiciones de vida inmediata de las masas.

Crisis de Reestructuración.

La estabilidad relativa es la condición normal del capitalismo, las crisis revolucionarias son muy raras. Por esa razón los partidos abiertamente revolucionarios rara vez tienen un seguimiento masivo. Puesto que las situaciones revolucionarias pueden darse sólo una vez cada siglo, habría poco alcance para las políticas comunistas si no fuera por el hecho de que crisis menores y de reestructuración ocurren con más frecuencia.

El desarrollo del capitalismo atraviesa diferentes fases. Durante los periodos estables la superestructura corresponde bien con las necesidades de la base. La economía tiene un patrón de crecimiento y el capital se acumula, pero mientras sucede así, el proceso de desarrollo gradual cuantitativo acaba produciendo cambios cualitativos. Los cambios graduales en la titularidad de la propiedad y en las dimensiones de las diferentes clases sociales pueden socavar las condiciones originales favorables al crecimiento y conducir a dificultades económicas. Esto es muy abstracto, pero un par de ejemplos históricos pueden aclararlo:


El periodo que condujo a la Primera Guerra Mundial en el Siglo XIX, y la expansión del capitalismo en el Reino Unido había descansado en los fundamentos de una creciente clase trabajadora y libre comercio internacional. La aplicación del capitalismo a la agricultura y una elevada tasa de nacimientos aseguraron un constante flujo de población del campo a la ciudad. Esto aportó una reserva de desempleados que podían ser contratados por salarios muy bajo, y la inestabilidad de la población trabajadora dificultaba la formación de sindicatos salvo en trabajos cualificados. Al mismo tiempo la ventaja de salida que el capitalismo británico tenía sobre otros países significaba que el comercio internacional aportaba un mercado dispuesto a absorber la producción cada vez mayor de la industria británica.

Sin embargo la exportación rentable de maquinaria del Reino Unido promovió la industrialización de otros países creando rivales en el mercado mundial. El proceso de urbanización acabó drenando el ejército de reserva de trabajo procedente del campo.

Tabla 12.1 porcentaje de población clasificado como urbano.

Como resultado dos de los presupuestos esenciales del periodo de estabilidad fueron eliminados. Internacionalmente, la competencia con otras potencias capitalistas condujo al militarismo. Domésticamente, la estabilización del proletariado llevó a una membresía creciente en los sindicatos, y en huelgas cada vez más militantes.

El capitalismo británico no podía continuar como hasta entonces. De 1910 en adelante se sumió en una crisis de reestructuración, que después de guerras y recesiones no se resolvió hasta las reformas que el gobierno laborista de 1945 introdujo y que pusieron los fundamentos de un nuevo periodo de crecimiento estable.

-El periodo de 1950 a 1979. Este periodo de 1950 hasta mediados de los 70 contempló un crecimiento económico estable y rápido. El capital se acumulaba con rapidez y se produjeron enormes incrementos en los salarios reales, un acusado contraste con los comienzos de siglo. Durante los primeros 50 años de siglo no hubo un crecimiento real de los salarios reales. Lo que los trabajadores ganaron en los años buenos lo perdieron en los malos. Al mismo tiempo la burguesía dedicaba una proporción trivial de sus beneficios a la acumulación de capital, consumiendo el resto de forma parasitaria.

Después de 1950 el cuadro cambió. En los siguientes 25 años los salarios reales casi se duplicaron, mientras que la acumulación se llevaba la mayor parte de los beneficios o incluso los superaba.

Esos cambios fueron efecto de la reestructuración progresista del capitalismo que se había producido después de la guerra: nacionalización de las principales industrias, controles de cambio, y políticas keynesianas de plano empleo. Esos cambios restringieron el papel del libre mercado e introdujeron un elemento de planificación consciente de la actividad económica. Como tales fueron pasos, aunque escasos y limitados, hacia el socialismo. Se llamó en su día una economía mixta, puesto que mezclaba elementos del capitalismo de Estado con el capitalismo privado. La naturaleza objetivamente progresiva del capitalismo de Estado en comparación con el capitalismo privado significó que tanto las fuerzas productivas como la clase trabajadora se beneficiaron.

La dialéctica sostiene que existen contradicciones en todo. Las soluciones socialdemócratas y keynesianas a los problemas de la primera mitad del Siglo XX generaron nuevas contradicciones que, a mediados de los 70 llegaron a su punto culminante:

Existía un gran complejo de contradicciones:

-Un largo periodo de pleno empleo había permitido desarrollarse a los sindicatos, y de esta manera los trabajadores pudieron mejorar sus salarios reales.
-La rápida acumulación de capital significaba que se empleaba más capital por trabajador. Puesto que el plus-valor sólo puede surgir de la explotación del trabajador, eso significaba que sólo una porción decreciente del stock de capital estaba contribuyendo a la producción de plusvalía. En consecuencia descendió la tasa de beneficios.
-El aumento de los empleados del Estado, fuerzas armadas, funcionarios, sanidad, y gobierno local disminuyo el número de trabajadores explotados directamente por el capital. Puesto que sólo los trabajadores empleados por el capital producen plusvalía esto disminuyó aún más la tasa de beneficio.
-Mientras que mejoraron los salarios reales, y más trabajadores se convertían en pensionistas, los ahorros de los asalariados aumentaron. Esto aumentó en número de entidades bancarias, constructoras y compañías de seguros: todas ellas eran básicamente actividades improductivas. La absorción de trabajo y capital por estas actividades parasitarias socavó la tasa de beneficio.
-Elevados niveles de ahorro hacían que una fracción más pequeña de los salarios se gastara en consumo. El sub-consumo consecuente creó aún tendencias más recesivas y al mismo tiempo expandió la oferta monetaria en manos de los bancos. El resultado fue una combinación de paro e inflación, que se llamó estanflación, que nunca se había visto antes.

El resultado fue una nueva crisis de reestructuración: un periodo de estancamiento económico y lucha de clases creciente similar a las de las primeras décadas de siglo. Las contradicciones significaron que una reestructuración de las relaciones de producción era una necesidad objetiva. Había dos tipos posibles de reestructuración, uno reaccionario llevado a cabo bajo presión burguesa, o uno progresista llevado a cabo por la presión proletaria. Y sabemos cuál se llevó a cabo.

Responsabilidad de la Izquierda.

La izquierda, que siempre está muy dispuesta a discutir lo que fue mal en Rusia, lo estaba mucho manos a cuestionarse que errores en su propia estrategia contribuyeron a la victoria del Tacherismo que resultó tal desastre para la clase trabajadora. Nadie en la izquierda disponía de un análisis marxista claro o de una estrategia leninista para esa situación. Que no se hayan enfrentado a sus errores en la última crisis no presagia nada bueno.

Las diferentes corrientes de pensamiento que influenciaron a la izquierda no se correspondían precisamente con divisiones organizativas. Una rama era el catastrofismo trotskista, encarnado más claramente en el WRP. Pero compartido en algunos momentos por otros. Según ellos el Reino Unido estaba en una periodo inmediatamente pre-revolucionario, que, por medio de una huelga general, podría convertirse en una revolución real. Este punto de vista, que implicaba una dosis no pequeña de wishful-thinking, no era muy compartido.

Una actitud más común era el economicismo sindicalista, según el cual la tarea clave era alentar y apoyar la militancia en los sindicatos. Combatir las reformas estructurales quedó estigmatizado como una distracción reformista de la realidad de la lucha de clases. La cuestión clave era preservar la independencia de los sindicatos, defender la negociación colectiva y oponerse a las políticas de rentas. Ese punto de vista era ampliamente compartido, por la WRP, a través de la SWP” a la base sindical de la CP.

El único punto de vista con algo de análisis económico para apoyarlo fue adoptado por la izquierda de Benn y el liderazgo del CP que presentaron una estrategia económica alternativa. Esta fue la única respuesta políticamente seria.

Pero al final la respuesta decisiva fue la del gobierno laborista que, sin estrategia de reformas estructurales, trató de alcanzar un acuerdo social ad-hoc con el TUC para trocar la moderación salarial por el pleno empleo. Ningún partido en las negociaciones fue capaz de lograr sus objetivos en las mismas. A toro pasado podemos ver que la mejor estrategia comunista hubiera tenido más en común con la posición de Benn y del CP que con otras. Hubiera aceptado que la situación no era revolucionaria: que el Estado retenía el monopolio de las fuerzas armadas, el ejército era leal y el proletariado estaba completamente desarmado. El objetivo clave por lo tanto tenía que ser implantar las reformas más radicales y progresistas. Reformas genuinamente progresistas no sólo resolverían la crisis económica inmediata, sino que fortalecerían la posición social de la clase trabajadora, como había sucedido de 1945 a 1950.

Lo que era necesario era un viraje decisivo de la economía hacia un capitalismo de Estado pleno. Una idea más o menos esquemática de lo que hubiera hecho falta se hubiera podido obtener leyendo el panfleto de Lenin “La catástrofe que se cierne y como combatirla”.

Las medidas claves hubieran sido:

-Poner las instituciones financieras bajo control estatal.
-Dirección estatal de la inversión para asegurar que los beneficios y los ahorros se invertían productivamente.
-Una política de precios y rentas regulada por un “hogar del trabajo” compuesto de delegados de “shop stewards”. (Durante el pánico de mediados de los setenta esto se propuso realmente por la revista Economist. Hubiera sido un acto análogo a Luis XVI convocando los Estados Generales.
-Introducción del control obrero, con una mayoría en los consejos de administración de los delegados de los sindicatos.
-Reemplazar el ejército profesional con un sistema de defensa al estilo suizo para evitar el peligro de los golpes militares.

Obviamente estas medidas no son socialistas revolucionarias. Hubieran sido medidas radicalmente capitalistas de Estado para resolver la crisis en términos favorables al movimiento obrero. Si se hubieran obtenido esas ganancias, entonces la próxima crisis de reestructuración, que se daría tal vez en los tempranos años del siguiente siglo, hubiera planteado la cuestión de la transición del Capitalismo de Estado al socialismo.

Puesto que la reestructuración era objetivamente necesaria, y puesto que el movimiento obrero carecía de una política coherente para acometerla, el camino quedó abierto para la reestructuración reaccionaria de Thatcher presentada bajo la bandera totalitaria de “No hay alternativa”.

Crisis Revolucionarias.

Una crisis revolucionaria es aquella en la que existe una posibilidad real de que el poder estatal se arrebate de manos de la clase dirigente. En todas esas coyunturas el elemento decisivo inmediato es la fuerza militar. El poder político nace del cañón de un arma; por lo menos en las crisis es así.

Que la fuerza sea un factor decisivo no implica que tenga que ser empleada. Lo que es importante es que la clase dirigente ya no pueda recurrir a la violencia efectiva par imponer su voluntad
.

Esto puede ser resultado de una derrota en una guerra anterior. En Polonia por ejemplo, el efecto combinado de la invasión alemana. La ejecución de la oficialidad por Stalin en Katyn, y la supresión del alzamiento de Varsovia dejó a la burguesía sin fuerzas armadas eficaces.

Puede ser el resultado del cansancio de la guerra en el ejército; que rechaza obedecer órdenes. Ejemplos de ello son lo que ocurrió en la revolución de febrero de 1917 en Rusia o en la revolución de 1975 en Portugal.

Puede ser posible que el poder se transfiera pacíficamente; debido al colapso de los órganos ejecutivos del Estado y de la consecuente falta de coordinación del ejército, como ocurrió con la instauración inicial de la Comuna de Paris y el colapso del gobierno imperial.

La forma más elevada de lucha de clases es la guerra civil revolucionaria. En la misma, las fuerzas armadas de los reaccionarios son aplastadas y los antiguos dirigentes forzados al exilio. Ejemplos de ello son las guerras lideradas por Cromwell, Toussaint L´ Overture, Lincoln, Trotsky, Mao, Castro, Ho Chi Min y Giapp.

La importancia del factor militar en las revoluciones es tan evidente que no haría falta ni mencionarla. Incluso en los casos en que, como la Comuna de París, la transferencia inicial del poder es pacífica, tiene que ser seguida de la construcción de un ejército revolucionario. “Sin un ejército popular el pueblo no tiene nada”.

No es mas que un demente y total aventurerismo presentar objetivos revolucionarios en un periodo en que los factores militares hacen la transferencia de poder imposible. Contra todo prejuicio constitucional y democrático debe recalcarse que la situación militar determina donde descansa el poder estatal eficaz en una coyuntura revolucionaria. La repetida experiencia ha mostrado que un ejército bien disciplinado bajo un control centralizado puede suprimir cualquier amenaza al poder estatal si no se enfrenta a un ejército superior. Un ejército no puede ser derrotado por los sindicatos u otras organizaciones pacíficas de la clase trabajadora.

Decir que la cuestión militar es decisiva en situaciones revolucionarias no implica que la revolución quede reducida a una cuestión de organización militar. Una guerra revolucionaria es una guerra de masas y sólo puede ser librada movilizando a las masas y confiando en ellas. Eso precisa que el partido tenga una política correcta para formar una alianza revolucionaria de todos los oprimidos: la política de unir a todos los que puedan unirse contra el enemigo principal El hecho de que la lucha llegue a su forma más extrema, la guerra, no significa que el programa inmediato del CP deba ser extremista. Los objetivos sociales de la guerra popular en China eran un programa relativamente moderado de reforma agraria. Trataba de unir al proletariado rural y al campesinado contra los terratenientes. Objetivos específicamente socialistas: la formación de cooperativas y comunas fueron dejados de lado hasta que fue obtenida la victoria.

La lucha revolucionaria en países desarrollados.

¿Cuál debería ser la actitud de los comunistas británicos con respecto a la cuestión militar?

No basta con ignorar la cuestión afirmando que las tropas, que son ellos mismos trabajadores, no aceptarán disparar contra los trabajadores. Esto es pensamiento mágico. Hay otros cuatro enfoques que por lo menos merecen ser tomados con seriedad.

-Volver la guerra imperialista en guerra de clases. Eso es lo que Lenin defendió durante la primera guerra mundial. Las precondiciones para ello son:

La existencia de una guerra imperialista.
Que sea prolongada.
Que no sea una guerra nuclear.
Que haya pocas posibilidades de que “nuestro bando” gane.

La guerra fría y la existencia de la disuasión nuclear evitó guerras imperialistas, y torno esta estrategia irrelevante mientras duró. Si vuelven guerras imperialistas como un peligro, volvería a ser una esrategia apropiada.

-Reforzar las fuerzas armadas.

Esta estrategia fue defendida por Peter Tatchell y otros a la izquierda del Laborismo. Pretendían reemplazar el ejército profesional con otro basado en un breve periodo de reclutamiento con un entrenamiento militar general similar al del modelo suizo o el de la antigua Yugoslavia. Junto con ello vendría un intento de cambiar la composición de clase de la oficialidad. Este enfoque tiene antecedentes en el programa clásico socialdemócrata que pedía que se reemplazara el ejército permanente por el pueblo armado. Algún apoyo a esto se puede encontrar en el artículo de Engels, “LA Cuestión Militar Prusiana y el Partido Alemán del Trabajo”. En el mismo Engels defendía que un ejército de reclutas con un corto periodo de servicio, que dependía para su eficacia de una movilización general, era un instrumento inadecuado para la ejecución de un golpe militar.

Si estas reformas son suficientes par evitar un golpe militar en tiempos de crisis social no puede asegurarse, pero en comparación con el presente ejército mercenario del Reino Unido, serían ciertamente un avance democrático. Por lo tanto hay poderosas razones para que el movimiento obrero demande esas reformas de un gobierno laborista.

-Guerrilla urbana.

La estrategia maoísta de la guerra popular ha sido aplicada con éxito en varios países coloniales o semi-coloniales. Esto implica emplear el campo para rodear las ciudades; construir áreas rojas y a través de un combate sostenido, pasar de la guerra de guerrillas a una ofensiva general. Ningún intento de aplicar esto en un contexto urbano ha resultado aún en victoria. Lo más cercano fue probablemente la guerra argelina por la independencia, pero esta era más una guerra de liberación nacional más que social.

Esto ha llevado a la mayoría de los marxistas a concluir que la guerrilla urbana es inadecuada en países capitalistas avanzados. Se señala que la naturaleza de la guerra de guerrillas conduce de modo inevitablemente a las guerrillas como un movimiento sumergido y aislado de su clase. Y la experiencia europea parece confirmarlo. Los intentos de la Facción del Ejército Rojo y de las Brigadas Rojas, aunque sostenidos durante varios años nunca superaron el terrorismo aislado y han dejado de ser un peligro para el Estado. Pero sería un error concluir que esto ha de ser inevitablemente el caso. Un contraejemplo aparente es lo que ocurrió en la cercana Irlanda. Aquí, un movimiento de guerrillas ha continuado durante más de 20 años. No ha quedado aislado de la población, ciertamente, un número significativo de los obreros votan a candidatos que defienden abiertamente la lucha armada. El hecho de que no haya resultado victorioso se puede atribuir no tanto a factores militares como políticos: el programa político del IRA sólo atrae al 25% de la población. Sin un programa político capaz de ampliar su base no pueden romper la situación de tablas.

Al contrario que las RAD y las Brigadas Rojas, cuyo ímpetu provenía al principio del movimiento estudiantil, el núcleo del Ira provenía de una sección de la clase trabajadora. Es esto lo que le permitía moverse entre la población como el pescado de Mao por el agua. Son sus fuertes lazos con la población trabajadora católica lo que impide su erradicación por el Estado. Por lo tanto sigue siendo posible que una organización de la clase obrera genuina, con un programa político bien pensado, pueda perseguir una estrategia de guerra de guerrillas hasta una conclusión exitosa

Formación de guardias defensivas de los trabajadores.

Trotsky elevó el eslogan de las milicias defensivas de los sindicatos que pasarían de ser piquetes defensivos a formar el núcleo del ejército rojo.


En los EEUU ha existido una fuerte tradición de huelguistas que formaban milicias armadas para defender a las líneas de los piquetes. Esto sin duda estaba ayudado por la Constitución de EEUU que consagra la libertad de llevar armas. Esas guardias obreras fueron desplegadas con éxito en las escuadras de choque formadas durante las huelgas de los mineros. Es sin embargo, difícil ver cómo esas fuerzas puedan comprometer el poder estatal en su país, donde el pueblo en General está desarmado.

Este documento data de 1992.

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Iros todos a tomar por culo. Ya lo hago yo, yalo hago yo. Se tarda menos tiempo en hacerlo que en estar dando explicaciones.


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13- Reseña de "Estrategia Revolucionaria" de Mike Macnair.

Mike Macnair del Partido Comunista de Gran Bretaña ha escrito recientemente un libro cuyo fin explícito es reformular la estrategia de la izquierda en la línea de Kautsky. Un podría decir, seguramente es un paso hacia atrás políticamente. Pero en un cierto sentido el acercamiento a Kautsky podría ser un avance para el movimiento comunista “oficial”.

Macnair distingue entre la tendencia de Kautsky y la derecha de la socialdemocracia. Además, recordando cuanto del leninismo ortodoxo no es más que Kautsky de segunda mano, Macnair hace una observación muy aguda:

“La política de coaliciones del ala derecha de la Segunda Internacional ha sido, desde 1945, la política de los socialistas de la Segunda Internacional y de los comunistas “oficiales”. La diferencia sustancial entre ellos, antes del primer eurocomunismo y de la caída de la URSS era que los comunistas oficiales proponían en cada país una coalición socialista liberal que se consagrara a una postura geopolítica de neutralidad, en conjunción con relaciones de amistad con el bloque soviético. Con el ancla soviética extinguida, la mayoría de los antiguos comunistas oficiales quedaron desorientados en el mejor de los casos, y en el peor pasaron a formar el ala derecha de coaliciones gobernantes, como era el caso de los excomunistas y ex compañeros de viaje que se pasaron al Partido Laborista”.

Un rasgo particular de la tendencia de Kautsky era su oposición a la coalición con partidos burgueses y la insistencia de que sólo entraran en un gobierno cuando tuvieran la mayoría necesaria para gobernar sin apoyos. En ese sentido, esa tendencia supondría una considerable radicalización de los comunistas europeos.

Así pues, el libro es significativo. Defenderé, no obstante, que está marcado por la incapacidad de ir más allá de ciertos límites fatales de la socialdemocracia clásica, y también por la incapacidad de presentar una teoría positiva sobre el socialismo.

Y esas carencias teóricas son evidentes en primer lugar en su no tratamiento de la historia de la URSS o China, y después en la incapacidad de describir por qué tipo de economía debería luchar el movimiento comunista.

Sobre la primera cuestión Macnair escribe: “Bajo el gobierno burocrático de estilo soviético, no había una tendencia objetiva hacia la organización independiente de los trabajadores. Más bien había explosiones episódicas; pero hasta el punto en que la burocracia no procedió a darles poder político, tendieron hacia un desarrollo pro-capitalista. La línea estratégica de una revolución obrera contra la burocracia, ya se llamara “revolución política” como por los trotskistas ortodoxos o “revolución social” por los teóricos del capitalismo de Estado y del colectivismo burocrático, carecía de una base material”:

Extiende el argumento a los Estalinistas ortodoxos, que debían explicar por qué los estalinistas reales no fueron capaces de organizar la oposición a la restauración capitalista. Es una observación interesante, pero tiene dos problemas:

-Su foco es exclusivamente en la URSS y en Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial. Ignora la experiencia de China durante la revolución cultural, y si debemos de creer a Getty y a otros (1) la experiencia de las grandes purgas. Había participación de la clase obrera ahí. ¿Surgió de una “tendencia objetiva”.

-Puede ser un consejo desesperado. La abolición del capitalismo privado tenderá a remover la vieja lucha de clases entre el trabajo y el capital sobre los beneficios. Si la lucha sindical es una precondición de la conciencia de clase, entonces el socialismo tenderá a remover esa conciencia de clase (ya sea burocrático o no) ¿Entonces dónde va a encontrarse el fundamento material de la resistencia a la restauración capitalista?

Macnair sostiene en relación con la URSS “Lo que sucedió fue hacer muy concretos los avisos de Marx y Engels en 1950 sobre la toma prematura del poder en Alemania, que formaba la base de la precaución de Kautsky en 1890 y 1900. Al escoger representar al campesinado y otros pequeños propietarios (en especial a los burócratas estatales) el partido de los trabajadores quedo incapacitado para representar a los mismos, con lo que se convirtió en una especie de Bonaparte colectivo. Los líderes bolcheviques podían verlo y sentir que les pasaba a ellos mismos, y en 1919-1923 el Comintern osciló con una sucesión de concentos estratégicos de corta vida, cada uno de los cuales, se esperaba, rompería el aislamiento de la revolución. Esos conceptos estratégicos no se tornan obsoletos simplemente con el colapso de la URSS en 1991. El destino de otros países socialistas también demuestra que son un callejón sin salida estratégico. Era, por supuesto, como el argumento de Kautsky durante los años 20. ¿Es válido decir que el Partido Comunista representaba a los pequeños propietarios cuando estaba en el poder”.

Bueno, ciertamente hay verdad en ello en la medida, en la que, mientras existiera la pequeña propiedad campesina, creaba alas dentro del Partido Comunista que defendían sus intereses: Bujarin, Gomulka, Deng. Pero estos eran sólo un ala del partido, y en la mayoría de los casos no acabaron imponiéndose.

En la URSS la agricultura privada campesina fue en gran medida eliminada por la colectivización. Y en los cincuenta y sesenta las granjas estatales se expandieron en detrimento de los colectivos. En Polonia después de 1956 el ala partidaria de los pequeños propietarios se impuso, pero no fue el caso en general. En la RDA, Checoslovaquia y Bulgaría, la agricultura estatal o colectiva era la regla general. La crisis del sistema socialista, dejando de lado Polonia, no fue precipitada generalmente por las demandas de los pequeños propietarios en la agricultura y la identificación de los burócratas estatales con los pequeños empresarios es algo poco convincente y no está realmente apoyado por datos y argumentos sólidos.

Coaliciones.

Macnair escribe: “La política de reforma a través de gobiernos de coalición conlleva (a) el desplazamiento de las recesiones propias del ciclo comercial a los Estados más frágiles y a sus poblaciones y empresas; y (b) el desplazamiento de la polarización social a la polarización entre naciones.

Por un lado, esto quita credibilidad a los reformistas: se logran las reformas y la polarización social se reduce en los Estados exitosos. Por otro, los reformistas necesariamente se consagran al sostenimiento y a la gestión de una fuerza militar imperial”:

Esto puede ser verdad por lo que respecta a Alemania, El Reino Unido o los EEUU, pero ¿qué pasa con Suecia? Es una generalización abusiva.

Macnair sigue: “en el punto de guerra global entre los grandes poderes, el carácter ilusorio de la política de reformas a través de gobiernos de coalición se vuelve transparente. Todo lo que mantiene a los reformistas es el miedo masivo a las consecuencias de la derrota militar y el apoyo directo al Estado bajo la forma de represión de sus oponentes de izquierdas. Así tanto 1914-1918 como 1939-1945 conllevaron la debilitación de la política reformista en el seno del movimiento obrero y el crecimiento de alternativas. Después de la destrucción de la hegemonía mundial británica vino una nueva fase de crecimiento, y el reformismo pudo revivir. Ahora nos hallamos en el camino de otro colapso de políticas reformistas… pero lo que falta es una estrategia plausible alternativa”.

Aunque el razonamiento anterior es sólido, Macnair ataca el eslogan “todo el poder para los Soviets”: “Pero, todo el poder para los soviets” también era ilusorio en otro sentido. Incluso antes de que se extinguieran en meros apéndices del Partido Comunista, los soviets no funcionaban como parlamentos o gobiernos, incluso como la Comuna de París, en sesión permanente. Se reunión de forma discontinua, con comités ejecutivos que gestionaban sus asuntos.

Aunque los Bolcheviques tomaron el poder en nombre de los Soviets, en realidad la coordinación central procedente de Rusia de los mismos la aportaban los partidos políticos, los mencheviques y lo social-revolucionarios, y después los bolcheviques. Fue Sovnarkom, el gobierno formado por los bolcheviques y que incluía al principio a alguno de sus aliados, y su capacidad para conseguir a través del Partido Bolchevique una organización nacional, lo que resolvió la crisis de autoridad en Rusia en 1917.

La cuestión es simplemente que el problema de la toma de decisiones no se resuelve por la creación de consejos de soldados que surgen de una huelga general masiva. Por lo tanto el problema de las formas institucionales que hará que la autoridad responda ante las masas debe ser abordado de otro modo, abandonando el fetichismo de la huelga general y de los consejos obreros”.

Macnair afirma que el centro de Kautsky se oponía a la izquierda sobre el fundamento de que si el partido obrero ya tenía una mayoría entonces una huelga general no tendría objeto, mientras que tomar el poder después de una huelga estando en minoría sería elitista y minoritario. Contra esto argumentaban que tomar parte en una coalición cargaría al partido obrero con la responsabilidad de las medidas adoptadas por sus aliados de la clase media, que, quieras que no, serían hostiles a la clase obrera. Resume la estrategia del centro de este modo:

“Cuando tengamos una mayoría, formaremos gobierno y llevaremos a cabo todo el programa mínimo; si es necesario, estar en mayoría nos legitimaría para forzar a la minoría pro-capitalista y pequeño burguesa. Llevar a cabo todo el programa mínimo prevendría que el Estado en el futuro sirviera como instrumento de la clase capitalista y permitiría que la lucha de clases progresara en un terreno más favorable para la clase obrera”.

El Estado.

Critica las posiciones tardías de Engels sobre el Estado como insuficientes. Engels había defendido que había que luchar por una república democrática para que una transición pacífica al socialismo por medios electorales fuera posible, poniendo el Reino Unido y a EEUU como ejemplos de países donde esto podía suceder. Macnair apunta que Engels no advirtió la esencia de la forma de Estado burguesa:

“El secreto íntimo de la forma de Estado capitalista no es la democracia burguesa. En realidad, tiene tres elementos: 1. El imperio de la ley, el poder judicial, 2. LA financiación del Estado a través de mercados financieros organizados y 3 el hecho de que el capital manda, y no en un Estado determinado, sino a través de un sistema de estados internacional, en el que cada Estado sólo es una parte”.

Esto parece un poco idiosincrático, especialmente el punto 2. Ciertamente, los Estados muchas veces recurren al déficit para financiarse, y ciertamente uno puede defender que el crecimiento de la oferta monetaria necesaria para el circuito M-C-M´ puede ocurrir con frecuencia de este modo. ¿Pero por qué es esto la clave? Con seguridad el poder para exigir impuestos es más importante que esto, y en particular el poder para exigir los tributos en dinero y no en especie. Y junto con esto va el derecho a imprimir dinero.

La aceptabilidad del dinero emitido por el Estado, y la capacidad de financiarse mediante déficit, al final dependen del poder tributario. Sin ingresos fiscales, no se pueden pagar los intereses de la deuda nacional, y sin la obligación de pagar impuestos en moneda nacional, no existiría la capacidad de emitir dinero que fuera generalmente aceptada.

¿Por qué razón pasa también por alto el monopolio de las fuerzas armadas por el Estado, la existencia de un ejército permanente y de una policía asalariada? ¿Por qué no menciona el Estado parlamentario como la forma constitucional característica de la sociedad civil?

Macnair presenta una crítica interesante de rasgos nacionalistas residuales en los escritos de Marx y Engels. Estos son por supuesto, especialmente marcados en el Engels tardío, donde se aprecian ciertas resonancias patrióticas jacobinas, que en fecha posterior podían servir de base para que el Partido Socialdemócrata Alemán votara apoyar la Primera Guerra Mundial. Macnair argumenta con sentido de lo que se dice en el Manifiesto Comunista en relación con la cuestión de que el proletariado de cada país debe primero ajustar cuentas con su propia burguesía.

Macnair resume la línea de Lenin sobre el derrotismo revolucionario, pero defiende que fue el carácter específico de la Gran Guerra lo que lo convirtió en una estrategia efectiva. Si hubiera triunfado Alemania rápidamente como en 1870, no hubiera habido caso; y ciertamente, de haber tenido que luchar Alemania una guerra defensiva en su propio suelo, entonces la defensa de Engels de una política “defensista” hubiera quedado reivindicada. También arguye que una política derrotista nuna se hubiera impuesto o hubiera sido apropiada en las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial. La estrategia derrotista sólo puede funcionar si se aplicara en general por todos los poderes beligerantes. Esto presuponía la posibilidad de una crisis internacional y generalizada revolucionaria.

Aunque esto no sucesió, Macnair piensa que la estrategia derrotista era correcta porque se basaba en una verdad importante sobre el Estado. La cuestión central es que el poder del Estado descansa en la coherencia y solidez del ejército.

Una guerra injusta y terrible ofrece la oportunidad de que, mediante la propaganda derrotista en las fuerzas armadas, uno pueda dislocar la principal fuerza coercitiva del Estado y por lo tanto derrocar a la vieja clase dominante.

Macnair defiende que fue un error de la Segunda Internacional no tomarse en serio la defensa de Engels de medidas democráticas republicanas, como servicio militar universal, una milicia, y el derecho a llevar armas.

También deberían haber defendido que en las filas militares hubiera libertad de expresión y el derecho a organizarse en partidos políticos y sindicatos. Esto hubiera creado condiciones favorables a la oposición a una guerra imperialista y, aunque Macnair no lo menciona, también hubiera creado condiciones favorables para evitar golpes militares.

República Democrática.

Mike Macnair escribe: “La clave es reemplazar la idea ilusoria de “Todo el Poder para los Soviets” y la vacía de “Todo el poder para el Partido Comunista” con la idea marxista original de una república democrática pura, o una democracia extrema, como forma de dictadura del proletariado… La tarea presente de los socialistas y comunistas es por tanto no pelear por un gobierno alternativo. Es la que se consagra sin reservas a la auto-emancipación de la clase trabajadora a través de una democracia radical, en contraposición a los partidos lealistas”.

Esto es correcto, superficialmente, ciertamente el ímpetu va en la buena dirección. Pero contiene ambigüedades reales cuando señala sus demandas. Cuando lo hace, entonces Macnair cae en la confusión y muestra que sus concepciones de la democracia política no se han liberado del republicanismo burgués.

Pero voy a hacer una crítica en este punto y defender que la expresión “república democrática” es errónea desde el principio. Emparienta dos conceptos muy diferentes, los de Atenas y la antigua Roma, dos formas de Estado que son radicalmente distintas en relación con el grado de poder popular que se permite.

La República es Roma renacida: es el poder senatorial, es el poder presidencial (el primer magistrado) la forma política del Estado dominante imperial. No es un accidente ni casual que las clases esclavistas de EEUU adoptaran una forma republicana que tomó a la antigua Roma como modelo. El movimiento socialdemócrata debería, en repúblicas como USA, Alemania y Francia, buscar el derrocamiento de la constitución republicana y reemplazarla con la democracia. En monarquías burguesas como el Reino Unido, Suecia u Holanda, el eslogan del republicanismo antes de perseguir la democracia real, no te lleva mucho más lejos a la izquierda que los liberales radicales.

¿Qué nos ofrece Macnair como las medidas políticas necesarias para alcanzar esta “democracia extrema”

-Servicio militar universal, derechos políticos y sindicales de los militares y el derecho a llevar armas.
-Elección y revocación de todos los cargos públicos; los cargos públicos percibirán de media el salario de un trabajador cualificado medio.
-Abolición de las leyes de confidencialidad y de la propiedad intelectual.
-Autogobierno a nivel local, esto es, la supresión de los poderes de control y del tutelaje del gobierno central y la abolición de la capacidad del poder judicial para revocar las decisiones de los cuerpos electos.


-Abolición de las garantías constitucionales a los derechos de propiedad y a la libertad de comercio y empresa.

Lo que es más impactante es lo que omite. ¿Cómo se van a alcanzar decisiones políticas en esta “democracia radical?

Como Macnair no dice nada nuevo sobre esto, acepta las pretensiones del gobierno parlamentario como democrático. Pero una vez que lo hace, se ha metido en un problema. Está aceptando la estructura básica del Estado burgués designada por Hamilton y Madison donde la gente no manda, sino que tienen la ilusión de influir a poder elegir cuáles de sus mejores mandaran sobre ellos. Los federalistas conocían su teoría política clásica y entendían que al establecer un Estado en esta forma en los EEUU no instauraban una democracia, sino una República. Habían leído bien a Aristóteles y entendían perfectamente que la elección era un principio antidemocrático:

“Existe una tercera modalidad, en la que algún elemento se toma prestado del principio oligárquico y otro del democrático. Por ejemplo, el nombramiento de magistrados por sorteo se considera democrático y su elección oligárquico; democrático de nuevo cuando no se precisa ser propietario para votar, oligárquico cuando sí se necesita. En el Estado aristocrático o constitucional, un elemento de tomaría de cada uno, de la oligarquía la elección de cargos públicos, de la democracia que no sea preciso tener propiedad para votar. Estas son las diversas modalidades de combinación”. (2)

Los Federalistas defendían este Estado constitucional o “aristocrático” que era oligárquico en esencia, pero tenía ciertos rasgos democráticos. En la práctica, por supuesto, la eliminación de los requisitos de propiedad vino posteriormente, pero la cuestión clave era la elección. Al principio el sufragio censitario imperaba en los Estados burgueses, y más tarde fueron eliminados, pero se retuvo el principio de la elección.

Estaba muy claro si se estudiaba la teoría política clásica que la elección era un principio oligárquico o aristocrático. Implicaba la selección deliberada de “los mejores” para los altos cargos. Y nuestros mejores son las clases altas, los más cultos, los más ricos, etc.

Cualquier sistema de elección está inherentemente sesgado contra las clases inferiores y favorece a las superiores. Las elecciones son por su propia naturaleza oligárquicas y elitistas.

Aristóteles también escribe: “… una oligarquía se dice que es un gobierno de hombres de familias destacadas, de hombres de fortuna o cultura; así que, por el contrario, la democracia es el gobierno que está en manos de gente sin linaje, pobres, y empleos manuales”. (3)

Echemos un vistazo a EEUU, el Reino Unido o Alemania. ¿Gobiernan personas pobres y gente que realiza trabajos manuales? Ciertamente no. ¿O tienen gobiernos compuestos por gente de familias destacadas, fortuna o cultura? Está claro que sí. Por lo tanto, como todos los Estados burgueses, son oligarquías, no democracias.

Como se etiquetó el antiguo Estado oligárquico como “democracia” es la mayor falsificación intelectual de la época burguesa. Y sin embargo tanto Kautsky como Macnair aceptan acríticamente la falsificación por su valor nominal. Acaban apoyando la oligarquía más que la democracia.


En contraste con la forma oligárquica de gobierno, Aristóteles resumió los componentes esenciales de la democracia:

-Que todos magistrados, fueran elegidos del pueblo llano, y que todos tuvieran mando, cada uno cuando le tocara.

-Que todos los magistrados fueran elegidos por sorteo, salvo en aquellos cargos que precisaran cierto conocimiento o destreza particular.

-Que no haya cualificaciones de propiedad, o que sean muy pequeñas, para que un hombre pueda desempeñar un cargo.

-Que nadie debería ocupar el mismo empleo dos veces (5), o muy pocas, o rara vez, salvo en el ejército.

-Que todos los nombramientos deberían limitarse a breve tiempo, o por lo menos tantos como sea posible.

-Que toda la comunidad debería estar cualificada para juzgar en cualquier tipo de causa, da igual si la cuestión es compleja, interesante o elevada; como en Atenas, donde la gente en general juzgan a los magistrados cuando abandonan sus cargos, y deciden tanto por lo que se refiere a los asuntos públicos como a los contratos privados.

-Que el poder supremo debe restar en una asamblea pública, y que ningún magistrado debería tener poder discrecional salvo en pocos casos, y sin consecuencia para los asuntos públicos (6)

Aristóteles no era precisamente un defensor de la democracia, pero trató de aportar una descripción relativamente objetiva de las formas constitucionales vigentes en su día. Su “Política” aportaba el “menú” para que los muy cultivados (especialmente en los clásicos) fundadores de la Constitución Americana, hicieran su comanda.

Lo que Aristóteles describía no es una “democracia radical”. No. Estaba haciendo una lista de las condiciones mínimas que debe tener un Estado para que pueda ser llamado democracia. El principio clave es que, en vez de se elegidos, los cargos públicos deben ser escogidos del público general como un jurado. Aristóteles argumenta que en las democracias la forma mejor de magistratura, o del ejecutivo es un Consejo. Si los magistrados se escogen por sorteo, entonces puede que carezcan de conocimientos de especialista en el arte de gobernar, pero si son un grupo, colectivamente serán más sabios y competentes que un individuo sólo. El pueblo no carece de sabiduría, pues en un colectivo amplio hay personas con muy diferentes habilidades y experiencias.

En una oligarquía moderna como Francia, el Reino Unido o EEUU, lo que Aristóteles llamaba “las magistraturas” son elegidas. En esas elecciones, los que tienen dinero y cultura tienen una gran ventaja. El proceso electoral es caro, con los costes de publicidad electoral y de las campañas. Históricamente, en Europa al menos, los partidos obreros, han sido capaces de enfrentarse a ello recaudando cuotas de cientos de miles o millones de miembros. Pero cuando estos candidatos se presentan normalmente se encuentran con la hostilidad declarada de los medios privados, que suele ser difícil de contrarrestar.

También están bajo presión para presentar candidatos que se hallan lejos de ser “indigentes o gente de empleos mecánicos”. La primera generación de dirigentes puede ser de esa clase: Ramsay MacDonald o Lula.

Pero después tratan de presentar candidatos que son cultos y sofisticados. Los Obamas y Blairs. En consecuencia, los representantes electos de partidos de raigambre popular tienden a ser de clase más elevada que los que les apoyan. Tienden, en consecuencia, a ser más que demasiado prudentes a la hora de llevar a cabo todo el rigor de un programa socialista cuando se hallan en el cargo.

La selección democrática por sorteo no tiene estos problemas. Garantiza que la asamblea será dominada por los trabajadores. Garantiza que la asamblea estará equilibrada en términos de sexo edad, origen étnico, etc. Como tal supondría un campo abonado y lo más favorable posible para que el socialismo obtuviera mayoría. Si Macnair quisiera realmente seguir la lógica del partido overo siendo el más coherente abogado de la democracia, lo que debería pedir es:

-Sustituir todos los parlamentos, consejos, asambleas y demás por jurados seleccionados por sorteo entre la población.

-El derecho de iniciativa y referéndum, con los impuestos y el presupuestos sometidos a voto popular, y las declaraciones de guerra igualmente sometidos al mismo.

-Derechos políticos plenos, incluyendo el derecho a elegir a los oficiales a las fuerzas armadas.

-Abolición del Poder Judicial como tal; los jurados serían dominantes en los tribunales; ninguna privación de libertad sin precio por jurado.

Indignante.

Una de las partes más interesantes del libro de Macnair es su tratamiento de la historia del internacionalismo. Es un ardiente defensor de la necesidad e una internacional, pero es muy crítico con la Tercera y la Cuarta.

La Tercera Internacional es criticada por su estructura de mando militar y burocrática, que, según sostiene, sólo podría justificarse si se hubiera dado una guerra civil general revolucionaria en Europa en los años 20. Si no se da eso, se suprime la iniciativa local y los eslabones horizontales que precisa el internacionalismo real. Macnair dedica tal vez excesiva atención crítica a la internacional Trotskista, debido a su limitada influencia. Aún ve la necesidad de una nueva internacional, pero advierte “debería ser claro que las condiciones políticas objetivas no se dan para tal lucha. Pero si existen para luchas unidas continentales por el poder político, que luchan por la unificación del continente: un Partido Comunista Europeo, un Partido Comunista Panafricano, y así sucesivamente. Una dinámica hacia la unificación continental de la política es ya visible en la política burguesa, y no sólo en Europa sino en Iberoamérica. Incluso está presente aunque en una forma completamente deformada y reaccionaria en el movimiento Islamista de Oriente Medio”.

En general, lo que resulta un tanto indignante cuando se lee a Macnair, es que, aunque su corazón y sus impulsos están en el lugar correcto, se mantiene dogmáticamente ligado a una serie de ejemplos históricos. Es claro que su repertorio programático está extraído casi exclusivamente del Programa de Erfurt y de los primeros programas del RSDLP. Así que, aunque defiende la lucha por la democracia y aunque dice que debemos oponernos al constitucionalismo parlamentario, la única media constitucional significativa que propone, el derecho de revocación, es demasiado insuficiente para la tarea. La gente no va a hacer una revolución democrática si el objetivo principal es simplemente el derecho de revocación (9)

Si deseas una revolución democrática, tendrías que oponerte de modo intransigente el principio elitista subyacente en el que se basa el sistema existente.

Deberías poner en cuestión constantemente la legitimidad de un parlamento electo. Tus candidatos victoriosos deberían seguir el ejemplo de los republicanos irlandeses y no acudir y añadir legitimidad al parlamento electo. Deberías considerar la posibilidad de los Republicanos irlandeses de combinar la lucha legal con la ilegal. Deberías organizar acciones de desobediencia masiva ante leyes injustas, como hicimos en Escocia con el Poll Tax. Deberías oponer a la voluntad de los parlamentos a la voluntad de los pueblos empleando tácticas como los referéndums locales que empleamos para bloquear el intento Tory de privatizar el agua en Escocia.

Tendrías que mirar a la organización de los Cartistas o de los Covenanters, de peticións “monstruo” para el cambio. Pero deberían ser reclamaciones de derechos, no peticiones, puesto que estas últimas conceden legitimidad a quien se lo estás pidiendo.

Deberías demandar una convención constitucional formada por sorteo entre la población para redefinir la estructura del Estado. Deberías educar a los miembros del partido para los fines de la democracia revolucionaria, de modo que si esos cuerpos elegidos por sorteo se hacen realidad, entonces cualquier miembro del partido al que le toque pueda desempeñar un papel dirigente en el jurado ciudadano. Los miembros del partido deberían estar preparados para argumentar de forma intransigente en una convención constitucional para llevar a cabo las medidas más radicales e igualitarias.

Deberías estar preparado, en tiempos de graves crisis o escándalos políticos, para que la propia gente tomara la iniciativa de formar tal convención elegida por sorteo.

Deberías defender en el movimiento sindical que sólo elevando los objetivos de meramente económicos a políticos puede liberarse el trabajo. En el movimiento obrero debes defender la abolición del trabajo asalariado en términos concretos, explicando los pasos relativamente simples que una asamblea democrática puede adoptar para lograr estos objetivos. La lucha por los salarios y las condiciones laborales no basta, pero para abolir el sistema asalariado debemos primero ganar la batalla de la democracia.

Escrito en 2010.

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Iros todos a tomar por culo. Ya lo hago yo, yalo hago yo. Se tarda menos tiempo en hacerlo que en estar dando explicaciones.


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Traducción al español por Huan Manwe