Operación Edén. Las mafias de la nocheTodo empezó hace casi tres años con el asesinato de un portero de discoteca en el centro de Madrid. A partir de ese crimen, un juez y un puñado de policías, convertidos casi en una versión actualizada de aquellos intocables de Elliot Ness empeñados en acabar con los grupos criminales del Chicago de los años 30, decidieron poner fin a lo que se conocía como la mafia de la noche de Madrid, aunque también reinaba en Ibiza y otros puntos de España. Hoy, en Territorio Negro, vamos a contar los detalles de esta gran operación policial, cuyas cifras, ya verán, asustan tanto como los poderosos amigos con los que contaban los mafiosos…
Decíamos que el comienzo de todo esto fue el asesinato de un portero de discoteca. Stefan Cracium Catalin, alias Cata, murió asesinado a tiros el 12 de enero de 2009 en la discoteca Palace de Madrid, mientras se celebraba –y esto es importante, como veremos más adelante–, una sesión de DJ llamada Heaven. En el mismo tiroteo murió también Alejandro Muñoz Rojas Marcos, un joven relaciones públicas de la discoteca Joy Eslava. El autor de los disparos fue Carlos Monge, que fue arrestado instantes después del suceso.
Aún hoy no se sabe con exactitud qué ocurrió. El portero asesinado, Cata, era un búlgaro, mano derecha de Ivo, considerado ya entonces el líder del mal llamado clan de los búlgaros. Mal llamado porque en el grupo también hay rumanos. Ese clan era uno de los que en ese momento se disputaban el control de las puertas de las discotecas más importantes de Madrid. Sin embargo, según cree la policía, Carlos Monge fue a la discoteca Palace para cobrar una deuda de droga a una persona que no ha sido aún identificada.
Se detiene al autor del crimen inmediatamente, pero ese asesinato sirve para abrir otra investigación, digamos, paralela… La muerte de Cata se aclara pronto, se detiene al autor, pero el juez Santiago Torres, que ya sabe algo de la noche de Madrid, decide que hay que investigar el trasfondo de lo ocurrido, qué hay detrás del control de las puertas de las discotecas y qué se cuece dentro de los locales…
Este juez había sido el instructor de la operación Guateque, en la que se destapó una mafia en el seno del Ayuntamiento de Madrid, dedicada a favorecer licencias a determinados locales a cambio de dinero. Muchos de los beneficiarios fueron dueños de discotecas y el juez consideró que aquella operación se quedó a medias, que fue un intento fallido…
Y el juez reunió a un puñado de policías y les encomendó una ambiciosa y gigantesca investigación: desmantelar las mafias que se movían en la noche de Madrid. La Udyco de Madrid y la Udev Central fueron las dos unidades que comenzaron las pesquisas de lo que entonces bautizaron como operación Edén. Eran los primeros días de febrero de 2009 y entonces ni siquiera ellos sabían que comenzaban la mayor operación hecha jamás en España contra el crimen organizado.
Lógicamente, lo primero fue investigar el entorno de Cata, el portero muerto en el tiroteo. Y en ese entorno, pronto se llegó a la primera conclusión, de la que ya había evidencias: el que controla las puertas controla también el tráfico de drogas de la discoteca. Pero es que, además, la policía se dio cuenta de la importancia que tenía el control de las salas cuando había determinadas sesiones de DJ, como la que se celebraba cuando mataron a Cata. En esas sesiones, como la Heaven, el consumo de drogas se multiplicaba y, por tanto, había que cuidar mucho que los camellos que vendiesen fuesen los, digamos, ‘de la casa’.
Se empezó a golpear en las discotecas más significativas de la ciudad. La policía se infiltraba allí y después intervenía y siempre incautaba droga, pequeñas cantidades, pero con las pruebas suficientes como para demostrar la relación de los empleados de seguridad con el narcotráfico. Así se actuó en Joy Eslava, en Space… De esas actuaciones y de esa investigación, que en principio se centraba en los porteros búlgaros y rumanos, comenzaron a surgir más grupos que se disputaban las puertas de las discotecas: los Miami iraníes, los boxeadores, los aparcacoches…Y la investigación siguió creciendo y creciendo hasta llegar a los más de cien detenidos, a cientos de kilos de droga intervenidos, a millones de euros incautados…
El clan de los búlgaros-rumanos era uno de los más fuertes, pero no el único: Ivo, Pavel, Rumen y Nasco –sus principales líderes– a veces buscaban alianzas entre ellos, a veces se torpedeaban unos a otros –mandando menores que bebiesen alcohol u organizando peleas en los locales controlados por los rivales– y, en ocasiones se aliaban con, por ejemplo, el clan de los boxeadores, cuya cabeza visible era un destacado púgil, Pablo Navascués.
Realmente, el único boxeador de verdad –y de los buenos– que hay allí es el propio Navascués, pero la investigación sobre él llevó a la policía a uno de los principales objetivos de la investigación: el gimnasio Barceló, donde trabajaban Navascués, su entrenador, José Valenciano, y cuyo propietario real es, según la policía, Laurentino Sánchez Serrano, una de las principales piezas cobradas en al operación Edén.
Lauro, como es conocido por la policía y por sus amigos desde hace más de una década, es un empresario de éxito: posee restaurantes, discotecas, el gimnasio Barceló… Cierra negocios con grandes empresas, agencias de publicidad, grupos de comunicación… Pero, según los responsables de la operación Edén, todas esas actividades no son más que tapaderas de los verdaderos negocios a los que se dedica Lauro: el tráfico de drogas, el blanqueo de dinero… El crimen organizado en muchas de sus vertientes. Es, para la policía, el número uno, el mejor en lo suyo.
Desde esos primeros meses de 2009 Lauro y todo su entorno ha estado permanentemente vigilado por la policía hasta unos límites que trataremos de explicar para que los oyentes comprendan la magnitud de esta operación Edén y, sobre todo, reconozcan el trabajo de los policías que han trabajado en ella.
Durante la operación Edén se han intervenido más de mil teléfonos que han supuesto millones de horas de escuchar y transcribir conversaciones; muchos policías han trabajado meses enteros seguidos sin librar un solo día; ha habido vigilancias y seguimientos el día de año nuevo, la noche de reyes; muchos se han quedado sin unas vacaciones decentes desde que empezaron la operación hasta ahora, pero no solo ellos, sino los traductores de búlgaro, por ejemplo… Y alguno de los responsables de la operación, que conocemos bien, ha multiplicado sus canas por mil…
Estaban ante los número uno. Y es que esta operación Edén también alcanzó a personajes de los que hemos hablado aquí en alguna ocasión: Ana María Cameno, la narcopija o la tetas que utilizaba un teléfono distinto para hablar con cada uno de sus contactos; los hermanos Álvaro y Artemio López Tardón, los últimos y más poderosos jefes de los Miami… El propio Lauro, David Lozano y Alfonso Taborda, de los que hablaremos más adelante… Todos ellos adoptaban unas medidas de seguridad excepcionales y la policía ha visto prácticas en ellos a las que nunca se habían enfrentado…
Por supuesto, uso masivo de móviles distintos; dejaban el teléfono oficial, digamos, encendido en un sitio mientras ellos viajaban a la otra punta de España con otro móvil que creían de seguridad; se cambiaban la ropa al salir o entrar de un local en el que habían tenido una cita; a Lauro, por ejemplo, su hermano le preparaba las citas llamando desde Colombia a las personas que el jefe tenía que ver en Madrid; se dejaban mensajes en las carpetas de borradores de un correo electrónico para que no pudiesen ser intervenidos por la policía… Y, por descontado, el empleo de motes, no solo para las personas, sino para los sitios…
Esto ha sido una de las grandes dificultades para la policía. Entre ellos, por supuesto, se hablaban con motes en lugar de con sus nombres: el enano, el pequeño, el cabezón, la rubia… Pero es que los lugares de reunión también tenían su alias: el grande, Maradona, el principal… Así que la policía, lo que hacía era, cada vez que surgía una cita, acudir a ella para comprobar a quién o a qué correspondían esos motes... Un trabajo de verdadera artesanía policial, de verdad… Y que, a veces, les llevaba hasta Sevilla, Algeciras… Y con lo puesto.
Y un trabajo mucho más meritorio si tenemos en cuenta los contactos de los que presumían esta gente, como contamos esta semana en Interviú. Una de las principales ramas investigadas en la operación Edén era la de los llamados Miami iraníes: se trata de una banda que se hizo tristemente popular en 1999, cuando asesinaron a Víctor Pozo, el portero de la discoteca Amnesia. Por aquel crimen, el primero por el control mafioso de la noche de Madrid, fueron condenados dos hermanos iraníes y Alfonso Taborda… Un tercer implicado, David Lozano, estuvo huido once años de la justicia, hasta que fue detenido el verano de 2010 y se tuvo que enfrentar a su juicio por el crimen del portero.
Y estos Miami iraníes son los que, al parecer, tenían buenos contactos. Tan es así que David Lozano siguió dirigiendo desde la cárcel su organización –ojo, que no es un pequeño grupito de camellos, sino que tenía preparado en el Caribe un barco para cargarlo de cocaína en Venezuela–. Allí disponía de teléfonos móviles, recibía visitas sin que nadie las apuntase… Y la policía investiga incluso la posibilidad de que se haya falsificado su número de identidad carcelaria, su DNI para la cárcel, digamos, para que su expediente recaiga en un juez de vigilancia penitenciaria más afín a sus intereses… Los privilegios de David Lozano en la prisión de Valdemoro han servido para expedientar, de momento, a tres funcionarios…
Pero al margen de lo bien que vivía en la cárcel, sus influencias iban mucho más allá… David Lozano contrató a los que él pensó que eran los mejores abogados posibles: Javier Gómez de Liaño y su mujer, Dolores Márquez de Prado. Él es ex juez de la Audiencia Nacional y ella, ex fiscal de ese mismo organismo. Ambos han defendido a hampones tan importantes como, por ejemplo, Zakhar Kalashov, el mafioso ruso más poderoso de los que se ha detenido en España.
Según una llamada telefónica grabada a Alfonso Taborda, mano derecha de Lozano, Gómez de Liaño cobró 300.000 euros y según otra grabación, el abogado aseguraba a la familia y a los amigos de David que ‘le absolverían o le condenarían a cinco o seis años’… Pero, aún así, a David Lozano le cayó una condena de 25 años de prisión por el asesinato del portero…Y eso pese a la compra de testigos...
La policía averiguó que Alfonso Taborda, ayudado en ocasiones por Ivo y el grupo de los porteros búlgaros, localizó a varios de los testigos que debían declarar en el juicio contra David Lozano. A algunos les convencieron de manera bastante expeditiva y a otros les intentaron comprar… En cualquier caso, les hicieron ofertas que no se podían rechazar… Pero a algunos testigos no llegaron o no les convencieron…
Por eso llegó la condena de 25 años, por el testimonio de un par de testigos que no sucumbieron a las ofertas y porque la policía avisó al tribunal que iba a juzgar a Lozano de las maniobras que estaban haciendo con los testigos para que tuviesen claras las razones de las repentinas amnesias de muchos de ellos… Uno de los testigos que declaró contra Lozano contó en una reciente declaración ante el juez que le ofrecieron 60.000 euros por cambiar sus recuerdos y le dijeron que el dinero llegaba de parte del abogado de David…
Tras este varapalo, Lozano siguió moviendo sus hilos para tratar de que el Tribunal Supremo le baje o le quite su condena. En una conversación grabada a Alfonso Taborda, este le cuenta a Lozano, el preso por asesinato, sus esperanzas para el futuro: “En el Supremo vamos a tener muchas oportunidades, porque don Javier (se refiere con respeto a Gómez de Liaño, el abogado), dijo que se iba a mojar y María Dolores (su esposa y ex fiscal) dijo de su boca: “Mira, nunca lo hemos hecho, vamos a hablar con magistrados por detrás”.
En fin. Que tienen esperanzas para el futuro. Desde luego, los implicados basan casi todo en el dinero. En otra grabación del sumario se oye cómo explican a un traficante de drogas mexicano que Lozano se ha quedado ‘más tieso que un árbol’ porque ha pagado a su abogado, a casi todos los testigos y ‘un millón para un juez del Supremo’…
El alto tribunal no ha fallado aún. Y la policía no tiene la certeza de que ese soborno sea real. Aunque en el sumario sí se hace referencia a un magistrado, Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre, porque el padre de David Lozano, Heliodoro, se refiere a un tal Berdugo en una reunión que mantiene con unas personas a las que pide ayuda tras la sentencia de su hijo. Y la policía relaciona esa mención con ese magistrado que goza, por supuesto, de toda la presunción de inocencia del mundo…
Y no es ese el único ‘pez gordo’ de los tribunales que aparece en el sumario. El 28 de diciembre de 2010, la policía grabó una conversación entre Alfonso Taborda y David Lozano en la que aquel le deba cuenta a su amigo encarcelado de una reunión que había mantenido con un fiscal de la Audiencia Nacional, al que identificaba como ‘Ignacio Zaragoza, el que quiso matar el Vioque’…
Pero ese no es Ignacio, es Javier Zaragoza, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional. Exactamente, una de las personas que más ha luchado contra el tráfico de drogas en España, hasta el punto de que, efectivamente, el abogado metido a capo del narcotráfico Pablo Vioque, urdió un plan para asesinarle. Pues bien, la policía revisó las imágenes de las cámaras del Vips en el que se celebró esa extraña reunión y no pudo concluir de manera contundente que se tratase de Javier Zaragoza: ‘pudiera ser’ y ‘pudiera corresponder’, dice en sus informes…
Según la conversación interceptada por la policía, Taborda le dice a David Lozano: “Me ha dicho que el Supremo te puede bajar un par de años, pero que la gente no te cuente películas para sacarte pasta”. No sabemos a qué dinero se refiere, aunque 24 días después, los mismos protagonistas vuelven a hablar: “Si Liaño necesita esa cantidad es porque ha tocado hilos y lo necesita para pagarlo”, se oye