Registrado: Dom May 16, 2010 4:32 pm Mensajes: 20388 Ubicación: Disfrutando de la vida.
El Maestro Golpeador escribió:
¿ Podéis hacer un resumen de los tochacos ?
No.
Además, para qué? No lo entenderías. Hala, circula.
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"Progres que defendían La Torna, Els Joglars hoy apoyan a un Ayuntamiento que, acusando a los demás de dejarse instrumentalizar por la derecha,hace lo más de derechas que se recuerda: denunciar a unos artistas por escandalizar con sus obras"
Registrado: Mar May 30, 2006 1:18 pm Mensajes: 56588 Ubicación: I will show YOU the Dark Side
Citar:
No me extrana que Wilson, cabeza de los multimillonarios norteamericanos y servidor de los tiburones capitalistas, halla encarcelado a Debs. jLa burguesia puede ensanarse con los autenticos internacionalistas, con los autenticos representantes del proletariado revolucionario! Cuanto mayores sean su ferocidad y su ensanamiento, tanto mas cerca estara el dia del triunfo de la revolucion proletaria.
Nos acusan de las destrucciones causadas por nuestra revolucion... Pero, ^quienes nos acusan? Los lacayos de la burguesia, de esa misma burguesia que en cuatro anos de guerra imperialista ha destruido casi por completo la cultura europea, sumiendo a Europa en la barbarie, en el embrutecimiento y en el hambre. Y esa burguesia nos exige hoy que no hagamos la revolucion sobre el terreno de esas destrucciones, en medio de los cascotes de la cultura, de los escombros y de las ruinas originados por la guerra, con los hombres embrutecidos por la guerra. jOh, que burguesia tan humana y tan justa!
Sus criados nos acusan de terror... Los burgueses britanicos han olvidado su 1649, y los franceses su 1793. El terror era justo y legitimo cuando la burguesia lo empleaba a su favor contra los senores feudales. jEl terror se ha hecho monstruoso y criminal en cuanto los obreros y los campesinos pobres se han atrevido a emplearlo contra la burguesia! El terror era justo y legitimo cuando lo empleaban para remplazar a una minoria explotadora por otra minoria explotadora. jEl terror se ha hecho monstruoso y criminal cuando se aplica para derrocar a toda minoria explotadora en beneficio de la mayoria verdaderamente aplastante, en beneficio de los proletarios y semiproletarios, de la clase obrera y de los campesinos pobres!
La burguesia imperialista mundial ha exterminado a diez millones de hombres y ha mutilado a veinte millones en "su" guerra, en una guerra hecha para decidir quien habra de dominar en el mundo: las fieras voraces inglesas o las alemanas.
Si nuestra guerra, la guerra de los oprimidos y explotados contra los opresores y explotadores, costara medio millon o un millon de victimas, entre todos los paises, la burguesia diria que las victimas antes mencionadas son legitimas mientras que estas ultimas son criminales.
El proletariado dira una cosa muy distinta.
Ahora, en medio de los horrores de la guerra imperialista, el proletariado asimila practicamente en toda su plenitud la gran verdad que ensenan todas las revoluciones, la verdad que legaron a los obreros sus mejores maestros, los fundadores del socialismo moderno. Esta verdad dice que no puede triunfar la revolucion si no se aplasta la resistencia de los explotadores. Cuando los obreros y los campesinos trabaj adores conquistamos el poder del Estado, nuestro deber consistio en aplastar la resistencia de los explotadores. Estamos orgullosos de haberlo hecho y de hacerlo. Y lamentamos que no se haga con suficiente firmeza y decision.
Sabemos que la resistencia exasperada de la burguesia contra la revolucion socialista es inevitable en todos los paises y que dicha resistencia aumentard en la medida en que se desarrolle esa revolucion. El proletariado vencera esa resistencia, y durante la propia lucha contra la resistencia de la burguesia adquirira la madurez necesaria para triunfar y ejercer el poder.
La venal prensa burguesa puede gritar a los cuatro vientos siempre que nuestra revolucion incurra en una falta. No tenemos miedo a nuestras faltas. Los hombres no se han vuelto santos por el hecho de que haya comenzado la revolucion. Las clases trabaj adoras, oprimidas y enganadas durante siglos, condenadas a vivir por fuerza en la miseria, en la ignorancia y el embrutecimiento, no pueden hacer la revolucion sin incurrir en faltas. Y, como ya he dicho en otra ocasión, no se puede meter en un ataud y enterrar el cadaver de la sociedad burguesa. El capitalismo muerto se pudre, se descompone entre nosotros, infestando el aire con sus miasmas, emponzonando nuestra vida y envolviendo lo nuevo, lo fresco, lo joven, lo vivo con miles de hilos y nexos de lo viejo, de lo podrido, de lo muerto.
Carta a los obreros norteamericanos.
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Iros todos a tomar por culo. Ya lo hago yo, yalo hago yo. Se tarda menos tiempo en hacerlo que en estar dando explicaciones.
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A. Gramsci
El Estado y el socialismo[1]
Escrito: 1919
Primera Edición: Aparecido en L´Ordine Nuovo, 28 de junio a 5 de julio de 1919
Publicamos este artículo de For Ever aunque se trate de una colección de despropósitos y de divertida fraseología. Para For Ever, el Estado de Weimar es un Estado marxista; nosotros, los del "Ordine Nuovo" somos adoradores del Estado, queremos al Estado ab aeterno (For Ever quería decir in aeternum, evidentemente); el Estado socialista es lo mismo que el socialismo de Estado; han existido un Estado cristiano y un Estado plebeyo de Cayo Gracco; el Soviet de Saratov podría subsistir sin coordinar su producción y su actividad de defensa revolucionaria con el sistema general de los Soviets rusos, etc. Afirmaciones y necedades semejantes se presentan como una defensa de la anarquía. Y sin embargo publicamos el artículo de For Ever. For Ever no es sólo un hombre: es un tipo social. Desde este punto de vista no debe ser puesto de lado; merece ser conocido, estudiado, discutido y superado. Lealmente, amistosamente (la amistad no debe ser separada de la verdad y de toda la aspereza que la verdad comporta). For Ever es un pseudorevolucionario; quien basa su acción en mera fraseología ampulosa, en el frenesí de la palabrería, en el entusiasmo romántico, es simplemente un demagogo y no un revolucionario. Para la revolución son necesarios hombres de mente sobria, hombres que no dejen sin pan la panaderías, que hagan marchar los trenes, que surtan las fábricas con materias primas y consigan cambiar los productos industriales por productos agrícolas, que aseguren la integridad y la libertad personal contra las agresiones de los malhechores, que hagan funcionar el complejo de servicios sociales y no reduzcan al pueblo a la desesperación y a la demencial matanza interna. El entusiasmo verbal y la fraseología desenfrenada hacen reír (o llorar) cuando uno solo de esos problemas tiene que ser resuelto aunque sólo sea en una aldea de cien habitantes
Pero For Ever, pese a ser un tipo característico no representa a todos los libertarios. En la redacción del Ordine Nuovo contamos con un comunista libertario, Carlo Petri. Con Petri la discusión se sitúa en un plano superior; con comunistas libertarios como Petri el trabajo en común es necesario e indispensable; son una fuerza de la revolución. Leyendo el artículo de Petri publicado en el número pasado y el de que publicamos en este número[2] -para fijar los términos dialécticos de la idea libertaria: el ser y el no ser- hemos llegado a estas observaciones. Por supuesto, los camaradas Empédocles y Caesar[3], a los que Petri se refiere directamente, son libres de responder por su cuenta.
El comunismo se realiza en la Internacional proletaria. El comunismo será tal sólo cuando y en tanto sea internacional. En este sentido, el movimiento socialista y proletario está contra el Estado, porque está contra los Estados nacionales capitalistas, porque está contra las economías nacionales que tiene su fuente de vida y toman su forma de los Estados nacionales.
Pero si de la Internacional Comunista se verán suprimidos los Estados nacionales, no sucederá lo mismo con el Estado, entendido como "forma" concreta de la sociedad humana. La sociedad como tal es pura abstracción. En la historia, en la realidad viva y corpórea de la civilización humana en desarrollo, la sociedad es siempre un sistema y un equilibrio de Estados, un sistema y un equilibrio de instituciones concretas, en las cuales la sociedad adquiere conciencia de su existencia y de su desarrollo y únicamente a través de las cuales existe y se desarrolla.
Cada conquista de la civilización humana se hace permanente, es historia real y no episodio superficial y caduco, en cuanto encarna en unas instituciones y encuentra una forma en el Estado. La idea socialista ha sido un mito, una difusa quimera, un mero arbitrio de la fantasía individual hasta que ha encarnado en el movimiento socialista y proletario, en las instituciones de defensa y ofensiva del proletariado organizado, en éste y por éste ha tomado forma histórica y ha progresado; de él ha generado el Estado socialista nacional, dispuesto y organizado de modo que le hace capaz para engranarse con los otros Estados socialistas; condicionado incluso de tal modo que sólo es capaz de vivir y desarrollarse en cuanto se adhiera a los otros Estados socialistas para realizar la Internacional Comunista en la que cada Estado, cada institución, cada individuo encontrará su plenitud de vida y de libertad.
En este sentido, el comunismo no está contra el "Estado" e incluso se opone implacablemente a los enemigos del Estado, a los anarquistas y anarcosindicalistas, y denuncia su propaganda como utópica y peligrosa para la revolución proletaria.
Se ha construido un esquema preestablecido, según el cual el socialismo sería un "puente" a la anarquía; se trata de un prejuicio sin fundamento de una arbitraria hipoteca del futuro. En la dialéctica de las ideas, la anarquía es una continuación del liberalismo, no del socialismo; en la dialéctica de la historia, la anarquía se ve expulsada del campo de la realidad social junto con el liberalismo. Cuanto más se industrializa la producción de bienes materiales y a la concentración del capital corresponde una concentración de masas trabajadoras, tantos menos adeptos tiene la idea libertaria. El movimiento libertario se difunde aún donde prevalece el artesanado y el feudalismo rural; en las ciudades industriales y en el campo de cultivo agrario mecanizado, los anarquistas tienden a desaparecer como movimiento político, sobreviviendo como fermento ideal. En este sentido la idea libertaria dispondrá aún de un cierto margen para desplegarse; proseguirá la tradición liberal en cuanto ha impuesto y realizado conquistas humanas que no deben morir con el capitalismo.
Hoy, en el tumulto social promovido por la guerra, parece que la idea libertaria haya multiplicado el número de sus adeptos. No creemos que la idea tenga de qué vanagloriarse. Se trata de un fenómeno de regresión: a las ciudades han emigrado nuevos elementos, sin cultura política, sin entrenamiento en la lucha de clases con las formas complejas que la lucha de clases ha adquirido en la gran industria. La virulenta fraseología de los agitadores anarquistas prende en estas conciencias instintivas, apenas despiertas. Pero la fraseología pseudorevolucionaria no crea nada profundo y permanente. Y lo que predomina, lo que imprime a la historia el ritmo del progreso, lo que determina el avance seguro e incoercible de la civilización comunista no son los "muchachos", no es el lumpenproletariado, no son los bohemios, los diletantes, los románticos melenudos y excitados, sino las densas masas de los obreros de clase, los férreos batallones del proletariado consciente y disciplinado.
Toda la tradición liberal es contraria al Estado.
La literatura liberal es toda una polémica contra el Estado. La historia política del capitalismo se caracteriza por una continua y rabiosa lucha entre el ciudadano y el Estado. El Parlamento es le órgano de esta lucha; y el Parlamento tiende precisamente a absorber todas las funciones del Estado, esto es, a suprimirlo, privándole de todo poder efectivo, puesto que la legislación popular está orientada a liberar a los órganos locales y a los individuos de cualquier servidumbre y control del poder central.
Esta postura liberal entra en la actividad general del capitalismo, que tiende a asegurarse más sólidas y garantizadas condiciones de concurrencia. La concurrencia es la enemiga mas acérrima del Estado. La misma idea de la Internacional es de origen liberal; Marx la toma de la escuela de Cobden y de la propaganda por el libre cambio, pero lo hace críticamente. Los liberales son impotentes para realizar la paz y la Internacional nacional, porque la propiedad privada y nacional genera escisiones, fronteras, guerras, Estados nacionales en permanente conflicto entre ellos. El Estado nacional es un órgano de concurrencia; desaparecerá cuando la concurrencia sea suprimida y un nuevo hábito económico haya aparecido, a partir de la experiencia concreta de los Estados Socialistas.
La dictadura del proletariado es todavía un Estado nacional y un Estado de clase. Los términos de la concurrencia y de la lucha de clases han variado, pero concurrencia y clases subsisten. La dictadura del proletariado debe resolver los mismos problemas del Estado burgués: de defensa externa e interna. Estas son las condiciones reales, objetivas, que debemos tener en cuenta; razonar y obrar como si existiese ya la Internacional Comunista, como si estuviera superado ya el periodo de la lucha entre Estados socialistas y Estados burgueses, la despiadada concurrencia entra las economías nacionales comunistas y las capitalistas, sería un error desastroso para la revolución proletaria.
La sociedad humana sufre un rapidísimo proceso de descomposición, coordinado al proceso de disolución del Estado burgués. Las condiciones reales objetivas en que se ejercerá la dictadura del proletariado serán condiciones de un tremendo desorden, de una espantosa indisciplina. Se hace necesaria la organización de un Estado socialista sumamente firme, que ponga fin lo antes posible a la disolución y la indisciplina, que devuelva una forma concreta al cuerpo social, que defienda la revolución de las agresiones externas y las rebeliones internas.
La dictadura del proletariado debe, por propia necesidad de vida y de desarrollo, asumir un acentuado carácter militar. Por eso el problema del ejército socialista pasa a ser uno de los más esenciales a resolver; y se hace urgente en este periodo prerrevolucionario tratar de destruir las sedimentaciones del prejuicio determinado por la pasada propaganda socialista contra todas las formas de la dominación burguesa.
Hoy debemos rehacer la educación del proletariado; habituarlo a la idea de que para suprimir el Estado en la Internacional es necesario un tipo de Estado idóneo a la consecución de este fin, que para suprimir el militarismo puede ser necesario un nuevo tipo de ejército. Esto significa adiestrar al proletariado en el ejercicio de la dictadura, del autogobierno. Las dificultades a superar serán muchísimas y el periodo en que estas dificultades seguirán siendo vivas y peligrosas no es previsible sea corto. Pero aunque el Estado proletario no subsistiera más que un día, debemos trabajar a fin de que disponga de condiciones de existencia idóneas al desarrollo de su misión, la supresión de la propiedad privada y de las clases.
El proletariado es poco experto en el arte de gobernar y dirigir; la burguesía opondrá al Estado socialista una formidable resistencia, abierta y disimulada, violenta o pasiva. Sólo un proletariado políticamente educado, que no se abandone a la desesperación y a la desconfianza por los posibles e inevitables reveses, que permanezca fiel y leal a su Estado no obstante los errores que individuos particulares puedan cometer, a pesar de los pasos atrás que las condiciones reales que la producción pueda imponer, sólo semejante proletariado podrá ejercer la dictadura, liquidar la herencia maléfica del capitalismo y de la guerra y realizar la Internacional Comunista.
Por su naturaleza, el Estado socialista reclama una lealtad y una disciplina diferentes y opuestas a las que reclama el Estado burgués. A diferencia del Estado burgués, que es tanto más fuerte en el interior como en el exterior cuanto los ciudadanos menos controlan y siguen las actividades del poder, el Estado socialista requiere la participación activa y permanente de los camaradas en la actividad de sus instituciones. Preciso es recordar, además, que si el Estado socialista es el medio para radicales cambios, no se cambia de Estado con la facilidad con que se cambia de gobierno. Un retorno a las instituciones del pasado querrá decir la muerte colectiva, el desencadenamiento de un sanguinario terror blanco ilimitado; en las condiciones creadas por la guerra, la clase burguesa estaría interesada en suprimir con las armas a las tres cuartas partes de los trabajadores para devolver elasticidad al mercado de víveres y volver a disfrutar de condiciones privilegiadas en la lucha por la vida cómoda a que está habituada. Por ninguna razón pueden admitirse condescendencias de ningún género.
Desde hoy debemos formarnos y formar este sentido de responsabilidad implacable y tajante como la espada de un justiciero. La revolución es algo grande y tremendo, no es un juego de diletantes o una aventura romántica.
Vencido en la lucha de clases, el capitalismo dejará un residuo impuro de fermentos antiestatales, o que aparecerán como tales, porque individuos y grupos querrán eludir los servicios y la disciplina indispensables para el éxito de la revolución.
Querido camarada Petri, trabajemos para evitar cualquier choque sangriento entre las fracciones subversivas, para evitar al Estado socialista la cruel necesidad de imponer con la fuerza armada la disciplina y la fidelidad, de suprimir una parte para salvar el cuerpo social de la disgregación y la depravación. Trabajemos, desplegando nuestra actividad de cultura, para demostrar que la existencia del Estado socialista es un eslabón esencial de la cadena de esfuerzos que el proletariado debe realizar para su completa emancipación, para su libertad.
[1] Notas a un artículo de For Ever (el anarquista turinés Conrado Quaglino), titulado "En defensa de la anarquía".
[2] For Ever partía del trabajo de Gramsci La poda de la historia, para acusar a los socialistas "comprendidos los revolucionarios, los soviéticos, los autonomistas", de ser adoradores del Estado, como los economistas burgueses y los socialdemócratas alemanes ("El Estado de Weimar"). For Ever afirmaba que "la Comuna es la negación aplastante del Estado" y que "un poder de políticos", aunque fuera el poder de Lenin y los bolcheviques, oprimía de todos modos al "individuo anárquico". "No hay diferencia -escribía Quaglino- entre ser oprimido y aplastado por la blusa obrera y la bandera roja o por la levita y la bandera tricolor".
[3] Empédocles era el seudónimo de Palmiro Togliatti, y Caesar el de Cesare Seassro.
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Registrado: Dom May 16, 2010 4:32 pm Mensajes: 20388 Ubicación: Disfrutando de la vida.
Historia del Movimiento Makhnovista - Piotr Archinov
(...) el bolchevismo se manifiesta en toda la Revolución Rusa exclusivamente por gestos autoritarios. Le falta lo que constituirá el rasgo esesncial de la verdadera revolución social futura: el deseo desinteresado de trabajar, de trabajar sin tregua, hasta olvidarse de sí mismo, por el bien del pueblo. Todos los esfuerzos del bolchevismo, a veces enormes y perseverantes, se limitaron a la creación de órganos de poder que no representaban ante el pueblo más que amenazas y órdenes de los antiguos señores.
La nacionalización de la industria, de las tierras, de las viviendas en las ciudades, del comercio y el derecho a voto para los obreros y los campesinos son las bases del comunismo bolchevique puro. En realidad la "nacionalización" culminó en una estatización absoluta de todas las formas de vida del pueblo. No solamente la industria, los medios de transporte, la instrucción, los órganos de aprovisionamiento, etc., se convirtieron en propiedad del Estado: la clase obrera, cada obrero en particular; su trabajo y su energía, las organizaciones profesionales y cooperativas de campesinos y obreros, todo fue estatizado. El Estado es todo, el obrero no es nada; tal es el precepto fundamental del bolchevismo. Ahora bien, el Estado es representado por sus funcionarios, y ellos lo son todo, la clase obrera no es nada.
La nacionalización de la industria, al arrancar a los obreros de las manos de los capitalistas privados, los entregó en las manos más implacables de un único capitalista, presente en todas partes, el Estado. las relaciones entre los obreros y este nuevo patrón son las mismas que existían antes entre el tabajo y el capital, con la diferencia de que el Estado no solamente explota a los trabajadores, sino que los castiga también, porque reúne en sí las dos funciones, la explotación y la punición. La condición del trabajo asalariado no ha cambiado; ha tomado solamente el carácter de un deber hacia el Estado. Las uniones profesionales perdieron todos los derechos y fueron transformados en órganos de vigilancia policial de la masa trabajadora. El establecimiento de las tarifas, la dimensión del salario, el derecho a emplear y a despedir a los obreros, la gestión general de las empresas, su organización exterior, etc., todo es supervisado por el partido, sus órganos o sus agentes. En cuanto a las uniones profesionales en todos los dominios de la producción su actuación es puramente formal; deben poner sus firmas en los decretos del partido, que no pueden ser revocados ni cambiados.
Es claro que esto no es sino una simple sustitución del capitalismo privado por un capitalismo de Estado. La nacionalización comunista de la industria representa un nuveo tipo de relaciones en la producción, según el cual la sujeción económica de la clase obrera es mantenida por un solo puño, el Estado. Es evidente que de esta manera no mejorará la situación de la clase obrera. El trabajo obligatorio (para los obreros, claro está) y su militarización es el verdadero espíritu de la fábrica nacionalizada. Citemos un ejemplo. En el mes de agosto de 1918, los obreros de la antigua manufactura Prokorov de Moscú se agitaron y amenazaron con rebelarse a consecuencia de los bajos salarios y de un régimen policial establecido en la fábrica. Organizaron, en la fábrica misma, varias reuniones, expulsaron al comité de fábrica (que no era más que una sección del partido) y tomaron en calidad de pago una pequeña parte de la manufactura producida. Los miembros del comité central de la unión de obreros textiles - después de que los obreros se rehusaron a tratar con ellos - decidieron que la conducta de los obreros de la manufactura de Prokorov es una sombra en el prestigio del poder soviético; toda acción ulterior de esos obreros había difamado a las autoridades soviéticas ante los obreros de otros establecimientos; eso es inadmisible. Por consiguiente, la fábrica debe ser cerrada y los obreros despedidos; debe establecerse una comisión para crear en la fábrica un régimen firme; después de lo cual habrá que reclutar nuevos cuadros de obreros. Así fue. Nos preguntamos, ¿quiénes eran esos hombres para decidir tan libremente la suerte de millares de obreros? ¿la masa los había elegido y les había otorgado ese poder? De ningún modo. El partido los nombró y ésa era toda su potencia. El ejemplo citado está lejos de ser único; se podrían citar millares de ellos, en los cuales se refleja la situación verdadera de la clase obrera en la industria nacionalizada.
¿Qué es lo que resta, pues, a los obreros y a sus organizaciones? El exiguo derecho de votar por tal o cual diputado a los soviets, enteramente sometido al partido.
La situación de los trabajadores del campo es todavía peor. Los campesinos disfrutan de las tierras de los terratenientes, de los príncipes, de todos los antiguos propietarios. Pero fue la revolución y no el poder comunista quien les procuró esos biens. Durante decenas de años los campesinos habían aspirado a la posesión de la tierra y en 1917 se apoderaron de ella mucho antes de que el poder soviético se hubiese formado. Si el bolchevismo marchó de acuerdo con los campesinos en la obra de confiscación de las tierras de los terratenientes, es porque no había otros medios a su disposición para vencer a la burguesía terrateniente. Pero esto no significaba en manera alguna que el futuro poder comunista tuviera la intención de dar la tierra a los campesinos. la verdad es lo contrario. Su ideal es la organización de una sola industria agrícola perteneciente a un solo dueño, el Estado. Las propiedades agrícolas soviéticas cultivadas por obreros y campesinos asalariados es el modelo de acuerdo con el cual busca el poder comunista organizar la agricultura del Estado en todo el país. Los líderes del bolchevismo anunciaron estas ideas de una manera clara tiempo después de los primeros días de la revolución. En el número 13 de la Internacional comunista, principalmente en la resolución sobre la cuestión agraria han sido dadas indicaciones detalladas sobre la organización de una agricultura de Estado. En la misma resolución se dice que es preciso proceder a la organización de la agricultura colectiva (es decir, estatal-capitalista) gradualmente y con la mayor prudencia. Es natural. La transformación brusca de las decenas de millones de campesinos libres e independientes en asalariados del Estado provocaría una reacción capaz de llevar a una catástrofe al Estado comunista. En realidad, toda la actividad del poder comunista en el campo se limitó a la exportación forzada de víveres y materias primas y a la lucha contra los movimientos campesinos que se oponían a ella.
Los derechos políticos de los campesinos se reducen a la creación obligatoria de los soviets (de aldea y de distrito), enteramente sometidos al partido. Los campesinos no tienen otros derechos. Los millones de campesinos de cualquier provincia , puestos en uno de los platillos de la balanza, tendrán siempre menos peso que el comité departamental del partido. En suma, se comprueba una ausencia total de todo derecho para los campesinos.
El aparato estatal soviético está organizado en tal forma que todos los hilos conductores se encuentran en manos de la democracia, que se autodefine como la vanguardia del proletariado. Cualquiera que sea el dominio de la administración del Estado, en todas partes hallamos los puestos principales ocupados invariablemente por el mismo personaje, el demócrata omnipresente.
¿Quién dirige todos los periódicos, las revistas y las demás publicaciones? Son siempre políticos, gentes que proceden del ambiente privilegiado de la democracia.
¿Quiénes son los autories y redactores de las publicaciones centrales, que pretender guiar al proletariado del mundo entero, tales como Izvestia, del comité ejecutivo central de toda Rusia; la Internaciona comunista, o bien el órgano del comité central del partido? Son exclusivamente gurpos de la intelligentzia democrática escogidos cuidadosamente.
¿Quién, en fin, se encuentra a la cabeza de los órganos políticos creados como su denominación misma demuestra no por las necesidades de la labor, sino por las de la política de dominación? ¿En qué manos se encuentra el Comité Central del Partido, el Consejo de los Comisarios del Pueblo, el Comité Ejecutivo Central Panruso, etc.? En manos de los que han sido educados en la política, lejos del trabajo y para quienes el nombre de proletariado significa lo que para un pope incrédulo el nombre de Dios. Igualmente, se encuentran en sus manos todos los órganos de la vida económica del país, desde el Consejo Económico Nacional hasta los centros de menos importancia.
Vemos, pues, que todo el grupo de la socialdemocracia ocupa en el Estado los puestos más importantes. En la historia de la humanidad no existe el ejemplo de un grupo social determinado, que teniendo sus propieos intereses de clase y su orientación particular, se haya acercado a los trabajadores con la intención de ayudarlos, Estos grupos van al pueblo sólo para someterlo. El grupo de la democracia no es una excepción a esta regla general. Por el contrario, la confirma del modo más completo.
Si algunos puestos importantes del Estado comunista se encuentran ocupados por obreros, ello es también de utilidad para el régimen, le confieren la ilusión de una naturaleza popular y sirve para la dominación de la democracia socialista. la actuación de estos obreros en la mayoría de los casos se reduce a la simple ejecución de órdenes. Además gozan de privilegios a expensas de la masa obrera sometida. Y esos obreros son escogidos entre los llamados conscientes, es decir, entre los que aceptan sin crítica los principios del marxismo y de la intelligentzia socialista.
En el Estado comunista, los obreros y los campesinos están sometidos desde el punto de vista social, explotados desde el punto de vista económico, desprovistos de todo derecho desde el punto de vista político. Pero esto no es todo. Al poner el pie en la vía de la estatización general, el bolchevismo debía extinguir también, inevitablemente, la vida espiritual de los trabajadores. Y en efecto, sería difícil encontrar otro país en el que el pensamiento de los trabajaodres sea oprimido tan completamente como lo es en el Estado comunista. Con el pretexto de luchar contra las ideas burguesas y contrarrevolucionarias, la prensa que no profesaba las ideas comunistas fue suprimida, aunque su publicación estuviese sostenida por masas proletarias. nadie puede enunciar sus ideas en alta voz. De la misma manera que había regulado la vida económica y social del país de acuerdo con su criterio, el bolchevismo encerró la vida espiritual del pueblo en los cuadros de ese mismo programa. El campo lleno de vida del pensamiento y de la iniciativa populares se transformó en cuartel de adoctrinamiento. El pensamiento y el alma del proletariado fueron encerrados en la escuela del partido. Todo deseo de ver más allá de los muros de esa escuela fue procalamado perjudicial y contrarrevolucionario.
Pero eso no es todo. No se podía falsear el sentido y las perspectivas de la revolución, como lo hizo el bolchevismo con su dictadura, sin que se levantasen protestas de las masas expresando su disconformidad. Sin embargo estas protestas no condujeron al debilitameinto de la opresión política sino más bien a su fortalecimeinto. Se inició un largo periodo de terror que transformó a toda Rusia en una inmensa prisión, donde el miedo se hizo una virtud y la mentira un deber. Aplastados por la opresión política, aterrorizados, todos mienten, no sólo los adultos, también los jóvenes, los adolescentes, los escolares.
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Registrado: Mar May 30, 2006 1:18 pm Mensajes: 56588 Ubicación: I will show YOU the Dark Side
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Then wrath mastered Morgoth, and he said: 'Yet I may come at you, and all your accursed house; and you shall be broken on my will, though you all were made of steel.' And he took up a long sword that lay there and broke it before the eyes of Hurin, and a splinter wounded his face; but Hurin did not blench. Then Morgoth stretching out his long arm towards Dor-16min cursed Hurin and Morwen and their offspring, saying: •Behold!
The shadow of my thought shall lie upon them wherever they go, and my hate shall pursue them to the ends of the world.'
But Hurin said: You speak in vain. For you cannot see them, nor govern them from afar: ndt while you keep this shape, and desire still to be a King visible on earth.'
Then Morgoth turned upon Hurin, and he said: 'Fool, little among Men, and they are the least of all that speak! Have you seen the Valar, or measured the power of Manwe and Varda? Do you know the reach of their thought? Or do you think, perhaps, that their thought is upon you, and that they may shield you from afar?'
'I know not,' said Hurin. Yet so it might be, if they willed. For the Elder King shall not be dethroned while Arda endures.'
You say it,' said Morgoth. 'I am the Elder King: Melkor, first and mightiest of all the Valar, who was before the world, and made it. The shadow of my purpose lies upon Arda, and all that is in it bends slowly and surely to my will. But upon all whom you love my thought shall weigh as a cloud of Doom, and it shall bring them down into darkness and despair. Wherever they go, evil shall arise. Whenever they speak, their words shall bring ill counsel. Whatsoever they do shall turn against them. They shall die without hope, cursing both life and death.'
But Hurin answered: 'Do you forget to whom you speak? Such things you spoke long ago to our fathers; but we escaped from your shadow. And now we have knowledge of you, for we have looked on the faces that have seen the Light, and heard the voices that have spoken with Manwe. Before Arda you were, but others also; and you did not make it. Neither are you the most mighty; for you have spent your strength upon yourself and wasted it in your own emptiness. No more are you now than an escaped thrall of the Valar, and their chain still awaits you.'
You have learned the lessons of your masters by rote,' said Morgoth.
'But such childish lore will not help you, now they are all fled away.'
'This last then I will say to you, thrall Morgoth,' said Hurin, 'and it comes not from the lore of the Eldar, but is put into my heart in this hour. You; are not the Lord of Men, and shall not be, though all Aida and Menel fall in your dominion. Beyond the Circles of the World you shall not pursue those who refuse you.'
'Beyond the Circles of the World I will not pursue them,' said Morgoth.
'For beyond the Circles of the World there is Nothing. But within them they shall not escape me, until they enter into Nothing.'
'You lie,' said Hurin.
'You shall see and you shall confess that I do not lie,' said Morgoth.
And taking Hurin back to Angband he set him in a chair of stone upon a high place of Thangorodrim, from which he could see afar the land of Hithlum in the west and the lands of Beleriand in the south. There he was bound by the power of Morgoth; and Morgoth standing beside him cursed him again and set his power upon him, so that he could not move from that place, nor die, until Morgoth should release him.
'Sit now there,' said Morgoth, 'and look out upon the lands where evil and despair shall come upon those whom you have delivered to me. For you have dared to mock me, and have questioned the power of Melkor, Master of the fates of Arda. Therefore with my eyes you shall see, and with my ears you shall hear, and nothing shall be hidden from you.'
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Registrado: Mar May 30, 2006 1:18 pm Mensajes: 56588 Ubicación: I will show YOU the Dark Side
Siempre he admirado al Melkor ese. Al fin y al cabo el es sólo uno y los valar 12. 12 contra uno mierda para cada uno. Es malo pero es tenaz y consigue envenenarlo todo incluso después de su derrota. Un espíritu invencible.
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Registrado: Jue Ene 29, 2009 6:34 pm Mensajes: 10817 Ubicación: China
Malet escribió:
Siempre he admirado al Melkor ese. Al fin y al cabo el es sólo uno y los valar 12. 12 contra uno mierda para cada uno. Es malo pero es tenaz y consigue envenenarlo todo incluso después de su derrota. Un espíritu invencible.
Pero canta fatal
_________________ Sic semper corruptis (in extremis)
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Los anarquistas en la praxis marxista
Tropas del Ejército rojo atacando Kronstadt
Es ya un lugar común decir que la historia la escriben los vencedores. En el caso de la Revolución rusa, durante mucho tiempo se nos contó de manera simplista que un grupo de revolucionarios, comandados por Lenin, tomó el Palacio de Invierno para dar lugar al primer gran régimen socialista. Ahora, con otro tipo de historiografía oficial dominante, difícilmente se va a dar protagonismo en la historia a las masas y la defensa de sus organizaciones autónomas frente al poder.
Mencionamos tres libros impagables que nos introducen en la Revolución rusa, el gran paradigma de la praxis marxista, desde el punto de vista de la autonomía del pueblo, no de ninguna élite, y aportando un análisis antiautoritario: Historia del movimiento Majnovista, de Piotr Archinov, La revolución desconocida, de Volin, y El mito bolchevique, de Alexander Berkman.
En el caso de la obra de Volin, se repasa de manera sucinta la historia de Rusia a partir de 1825, año del fracasado motín de los decembristas (en donde el poeta Pushkin fue un simpatizante), para detenerse luego en 1905 y, por supuesto, en la revolución de 1917; finalmente, el aplastamiento de todo intento verdaderamente revolucionario por parte de los bolcheviques en 1921. Volin narra los acontecimientos utilizando como fuente testigos directos y se arroja así luz sobre hechos oscuros o interesadamente tergiversados por historiadores afines al régimen bolchevique. La revolución desconocida echa por tierra las mentiras históricas de defensa de un régimen inaceptable y finalmente contrarrevolucionario; frente a la simpleza tan manida de que fue Stalin quien pervertió la Revolución, tal y como sostuvo Trotski, podemos leer las siguientes palababras: "¡Qué simple! Aun demasiado simple para dar explicación de nada. La explicación está, sin embargo, bien señalada: el estalinismo fue la consecuencia natural del fracaso de la verdadera Revolución, y no inversamente; y tal fracaso fue el fin natural de la ruta falsa en que el bolchevismo la empeñó. Dicho de otro modo: la degeneración de la Revolución extraviada y perdida trajo a Stalin, no Stalin quien hizo degenerar la Revolución"
En la segunda parte de su obra, Volin pone en evidencia los rasgos del nuevo régimen burocrático y totalitario: la situación de los obreros y campesinos, el poder y los privilegios de los nuevos amos y clase explotadora (los funcionarios del Estado), en definitiva, la estructura política y económica de la nueva sociedad con su autoritarismo y negligencia. También se detalla la anulación de la lucha autónoma y de la resistencia de los trabajadores contra el nuevo poder marxista en su focos más evidentes: el movimiento huelguístico de los obreros de Petrogrado, la Comuna de Kronstadt y la revolución de Ucrania. La realidad es que los bolcheviques tomaron el poder gracias a que gran parte del pueblo confió el destino de la revolución a un Partido; éste, a medida que se consolidaba en el poder fue anulando las conquistas revolucionarias. Gran parte de las masas comprendieron el error y trataron de enmendarlo, actuaron por su cuenta y tomaron la iniciativa para recuperar su autonomía. Las ideas anarquistas, al mismo tiempo, se fueron extendiendo; a los libertarios de Ucrania, se unieron los sublevados de Kronstand, que reclamaban un soviet libre bajo la autogestión obrera. La realidad es que el nuevo Estado socialista, consciente del peligro para su existencia, aplastó de manera implacable cada uno de esos focos: a los anarquistas y a cualquier forma de disidencia y descontento.
Los anarquistas fueron los primeros en denunciar el sistema burocrático y totalitario en Rusia, ellos mismos sufrieron la represión. A pesar de todo los mitos que se produjeron en los años posteriores, la verdad estaba accesible para quien quisiera conocerla; precisamente, para una auténtica sociedad libre de explotación, es necesario insistir en esos hechos históricos. Otro libro fundamental es Los anarquistas rusos, de Paul Avrich. Según este historiador, el anarquismo en Rusia poseía raíces profundas, con ideas provenientes de los pensadores occidentales, pero también con elementos indígenas. En 1905, en ese primer momento revolucionario, los anarquistas saludaron con entusiasmo el levantamiento espontáneo de las masas, en el que creyeron ver una plasmación de las ideas de Bakunin; no se produjo un movimiento libertario cohesionado y, después del fracaso revolucionario y de la consecuente represión, entrarían los anarquistas en un letargo hasta 1917. El fin de la monarquía, y el posterior derrumbamiento de la autoridad política y económica, hizo confiar a los ácratas en que el momento definitivo ya había llegado: se emprendió la tarea de acabar con el Estado y de dejar los medios de producción, campos, fábricas y talleres, en manos del pueblo. En la etapa de la insurrección y de la guerra civil, los anarquistas intentaron con todo su empeño llevar a cabo su programa de "acción directa": control obrero de la producción, creación de comunas libres en el campo y en la ciudad, combate sin cuartel contra los enemigos de la sociedad libertaria… Desgraciadamente, frente a los intentos de construir una sociedad de libertad e igualdad plenas, un nuevo despotismo se levantó sobre las ruinas del viejo.
Alexander Berkman, en 1925, al final de El mito bolchevique y después de ser testigo de infinidad de hechos intolerables en los que trató de vislumbrar la intención revolucionaria del nuevo poder, lo expresa de la siguiente manera: "El bolchevismo es el pasado. El ser humano pertenece al ser humano y su libertad". Hay que decir que Berkman consideraba tiempo atrás que Lenin y los bolcheviques eran la auténtica vanguardia de la emancipación social de los trabajadores. Hasta que no observó él mismo la realidad, creyó de alguna manera eso de que los marxistas, en última instancia, son anarquistas y solo confían temporalmente en la toma del poder revolucionario para acabar convirtiendo en innecesario el Estado; Marx y Engels aseguraron que el poder político era solo un medio temporal, el Estado iría gradualmente desapareciendo, ya que sus funciones se convertirían en innecesarias y obsoletas. Incluso, confiando en ello, Berkman atenuó durante cierto tiempo las críticas a los bolcheviques, a los que consideraba acosados por los más implacables enemigos, procurando la cooperación de todas las facciones revolucionarias. La acumulación continua de evidencias hizo que Berkman comprobara que los bolcheviques habían convertido la revolución en un monstruo grotesco basado en la brutalidad organizada; la lucha de clases, ese fundamental concepto socialista, se había convertido en una guerra de venganza y exterminación.
Y, como es sabido, la Revolución rusa no fue una consecuencia legítima de los postulados de Marx, ya que el desarrollo de las fuerzas productivas no habían tenido el debido desarrollo dentro del capitalismo, fundamental según Marx para que se produzca el aumento y organización del proletariado; nada de eso había ocurrido en Rusia, país eminentemente rural en el que no existía antagonismo entre el desarrollo del capitalismo (inexistente) y la clase obrera industrial (débil). A pesar de ello, Lenin creyó ver una serie de condiciones favorables para llevar a cabo una revolución supuestamente socialista que, si bien pudo tener en un principio unos rasgos libertarios basados en las justas aspiraciones del pueblo, enseguida derivó haca una actitud de desconfianza hacia las masas, utilizó el terror como medio y adoptó una fuente indiscutible de verdad, el Estado, destruyendo toda iniciativa individual o colectiva. Si la teoría de Marx y Engels consideraba el Estado como un medio temporal para que el proletariado acabara con sus adversarios, los bolcheviques otorgaron a ese axioma sociopolítico un carácter universal. Tal y como consideraban los anarquistas desde el principio, el Estado, da igual la forma que adopte, y el esfuerzo constructivo revolucionario se convierten en incompatibles.
La obra de Berkman cubre el periodo del comunismo militar y de la denominada NEP (nueva política económica, que no es sino la introducción del capitalismo en Rusia, una mezcla entre monopolio estatal y negocios privados). Entre 1919 y 1921, momento de la invasión extranjera, de la guerra civil y del bloqueo, los bolcheviques mantenían la promesa de que la política de terror y persecuciones cesaría después de ese periodo; eso explica el apoyo y la esperanza de gran parte del pueblo ruso y la cooperación por parte de la mayoría de los elementos revolucionarios. Después de aquellas amenazas, el régimen de terror se mantuvo y aumentó la insatisfacción en varias zonas del país; de ahí, por ejemplo, el levantamiento de los marineros, soldados y obreros de Kronstadt, finalmente aniquilado de manera cruenta por orden de Trotski. La dictadura comunista se mantuvo siempre con una represión extendida incluso a la propia cúspide del Partido, y, además, se acabó introduciendo el capitalismo; nunca pudo calificarse aquello de dictadura del proletariado, ya que los obreros estaban más esclavizados políticamente y explotados económicamente, según relata Berkman, que en cualquier otro país.
La represión de la vida cultural y social de un país produce depresión y estancamiento; el ser humano y la sociedad necesitan, al menos, cierto grado de libertad, de seguridad, de derecho a llevar a cabo iniciativas personales y de liberar sus energías creativas para el progreso económico y en todos los ámbitos de la vida. Berkman consideró que era imperativo denunciar el engaño, ya que los obreros occidentales podían ser seducidos por las mentiras que sus hermanos en Rusia.
"Progres que defendían La Torna, Els Joglars hoy apoyan a un Ayuntamiento que, acusando a los demás de dejarse instrumentalizar por la derecha,hace lo más de derechas que se recuerda: denunciar a unos artistas por escandalizar con sus obras"
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Títeres desde arriba
“He descubierto que la base de nuestra vida moral está completamente podrida, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira” (El Dr. Stockman en la obra de Henrik Ibsen Un Enemigo del Pueblo, 1882).
La detención de los dos compañeros titiriteros, y el posterior escándalo suscitado, tienen una dimensión etológica, social, que por ahora se prefiere omitir para centrarse en su aspecto mediático. Sin embargo, muchas cosas se han destapado con ese simple espectáculo de guiñoles, cosas que solo las buenas democracias saben mantener solapadas, latentes, pero ocultas.
La acusación de terrorismo hecha contra los titiriteros, la histeria despertada por su obra, muchas de las reacciones que han provocado estos hechos, son síntomas de una grave enfermedad social, de los demonios y tabúes que las “sociedades modernas” guardan engrilletadas en sus sótanos. “Títeres desde abajo” ha removido un limo que estaba empozado en la mentalidad ciudadana y burguesa con las que todos, hasta los más desposeídos, somos equipados al nacer. Lástima que hayan pagado un precio tan alto por darnos una lección tan valiosa.
La censura a rimadores de Hip hop, la cárcel para quienes queman banderas, el secuestro de publicaciones que se burlan de la realeza, son periódicamente muestras de los colmillos de la bestia; pero ha hecho falta que una compañía libertaria sacara su títeres a la calle para que el monstruo mostrará todo su crispado pelaje. Es hora de que lo aprendamos: dentro del traje bien cortado de todas las democracias se encuentra, encorbatada y con puños almidonados, la fiera babeante del fascismo. No hacen falta uniformes militares y campos de concentración al uso: tienen sus televisiones y periódicos uniformadores del discurso, los usos y las vestimentas; tienen sus cárceles y CIE's, ¿para qué más?
Los titiriteros nos han enseñado que en esta sociedad todavía hay cosas que no se pueden decir, que hay palabras, se pronuncien directa o indirectamente, a modo de sátira o no, que te pueden llevar a prisión. Nos han mostrado que en vuestra democrática y avanzada España no hay libertad ni de opinión ni de pensamiento, que nadie es libre por mucho que crea serlo. Han puesto el dedo sobre una llaga abierta y supurante: señalar el tabú provoca castigos colectivos y feroces, hace que la turba pierda la razón y sea capaz de despedazar a dos jóvenes. Os sentís Europeos, portadores de la democracia y del progreso, afortunados del primer mundo; sois en realidad lacayos vitales e ideológicos anclados en el abismo más hondo de la abyección, sujetos que se revuelcan por las cenizas cuando se rompe el fetiche, moradores del terror más profundo: el terror y el vértigo ante lo diferente y lo libre. No sois hijos de la democracia; sois hijos del miedo.
No sois libres, y para serlo necesitáis mucho más que ese pequeño esfuerzo del que nos hablaba Sade. Os gusta señalar el fanatismo del integrismo islámico ante las viñetas de Mahoma, mientras vuestro abierto y cosmopolita occidente encierra a artistas callejeros. Vuestra sociedad, tan positivista, en realidad ha involucionado. Vuestros teatros representan a Alfred Jarry o Valle-Inclán, toda la buena burguesía se engalana para verlos; pero si hoy vivieran se encontrarían linchados o en prisión por atentar contra la moral. Tristán Tzara, Hugo Bäll o Man Ray son debatidos en cafés y museos, pero serían hoy fruto de escarnio, objetos de alguna denuncia municipal contra el mal gusto, si hicieran alguna exposición callejera o performance para escandalizar a los burgueses. Vuestras industrias cinematográficas homenajean a un Buñuel que si hoy mostrara sus ojos cortados, sus curas defenestrados o ahorcados, sería forzado a sentarse en el banquillo de la Audiencia Nacional. Tenéis miedo a las personas que son libres y creativas y sólo las aceptáis a condición de que estén muertas y asimiladas por la cultura pop. Sabed bien que el arte, para serlo, debe ser libre, anti autoritario y transgresor; el arte políticamente correcto, asimilable, oficial, de academia, es arte muerto; o mejor dicho, no es arte. Da asco comprobar que lo que podía hacerse en la anquilosada sociedad de 1930 es en nuestro siglo XXI motivo suficiente para encontrarse esposado ante el tribunal de la Inquisición. Si hoy alguna de las vanguardias de principios de siglo XX hubieran sobrevivido seguro que firmaban un comunicado a favor de los titiriteros, y lo titularían obviamente “Gora Alka-ETA”.
¿Duele darse cuenta de qué no se es libre? Supongo que tanto como comprobar que quienes os reprimen son aquellos en los que delegasteis todas vuestra capacidad de cambio. Hoy reculan, se escandalizan por la detención y por la acusación de terrorismo, pero los primeros que corrieron a salvaguardar las ensencias morales, los valores de occidente y el buen gusto, fue el Ayuntamiento de Podemos en Madrid. Imagino que choca comprobar que esos concejales, colegas de asamblea en el Patio Maravillas, son los mismos que después rubrican comunicados hablando de “espectáculos deleznables” y asegurando que tomarán “medidas legales contra los titiriteros”. Choca porque nunca vemos al colega de barra, de CSO, de mani, como un aspirante a censor, pero eso ya lo advirtió el viejo Bakunin: sentad al obrero más humilde en una poltrona y tendréis a un tirano corrompido. Es triste comprobar como los progres que defendían La Torna de Els Joglars hoy apoyan a un Ayuntamiento que, acusando a los demás de dejarse instrumentalizar por la derecha, hace lo más de derechas que se recuerda: denunciar a unos artistas por escandalizar con sus obras.
A todos aquellos amigos posibilistas que nos decían que votar era tan inocuo como abstenerse, o que incluso nos recomendaban votar a Podemos, a las llamadas “candidaturas ciudadanas”, “del cambio”, porque era era el mal menor, hoy les podemos espetar que se traguen sus estúpidas palabras, que votar nunca es inocuo, nunca es inocente, porque la complicidad nunca lo es. El llamado cambio sólo ha representado por ahora un cambio de celda. La represión sigue desnuda y sea pasea por las calles de todo el Estado.
Muchas de las víctimas son anarquistas y son detenidos, se quiera o no, en calidad de ello: los titiriteros por su arte, una compañera por negarse a colaborar con el sistema electoral, otros muchos por tener un libro o acudir a asambleas, uno más por tener el mismo libro y defender el veganismo, otros dos por haber esquivado en Chile lo mismo que ahora quieren endosarles en España y otros, como un servidor, por dar casa a gente sin recursos.
En definitiva, en vuestra reluciente España se detiene a la gente por escribir, por hablar, por opinar, por crear, por hacer música, por pronunciar palabras prohibidas, por usar el humor contra figuras sagradas, por tener un libro, por acudir a eventos, por ser anarquista, por parar desahucios y realojar a familias necesitadas.
Pensad en ello y seguid sintiéndoos libres después de eso. Mientras os escandalizáis por los titiriteros, permitid silenciosos que nuestra generación, criada con cuentos que hablan sobre infanticidio, violaciones, maltrato animal, decapitaciones y canibalismo, deje el desarrollo de sus hijos en manos de Disney, ellos sabrán como vestir a vuestras hijas de rosa y hacerlas sumisas y dóciles princesas, y cómo vestir a nuestros hijos de azul, ponerles un arma en las manos e investirlos de una brutalidad testosterónica. Pero por favor, apartar a vuestros hijos del pensamiento crítico. No vayan a salir tan libres que os hagan cagaros de miedo.
Ruymán Rodríguez
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"Progres que defendían La Torna, Els Joglars hoy apoyan a un Ayuntamiento que, acusando a los demás de dejarse instrumentalizar por la derecha,hace lo más de derechas que se recuerda: denunciar a unos artistas por escandalizar con sus obras"
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Contra el 14 de Abril abril 14, 2016 Por Germano Paris
Casas Viejas (1933)
Todos los años por estas fechas se celebra la proclamación de la II República. La melancolía de un proyecto “progresista” truncado por el alzamiento fascista parece la coartada perfecta para abandonarse en una suerte de ucronía según la cual el eventual triunfo del bando republicano nos habría llevado a un paraíso democrático desbaratado por los asesinos franquistas que impusieron la larga noche de una dictadura que duró cuarenta años.
Sin dejar de admitir que el proyecto republicano resultaba más humano que el impuesto a sangre y fuego por los rebeldes acaudillados por Franco, no podemos perder de vista, en aras de la objetividad histórica que la República burguesa ejerció una represión salvaje sobre las clases populares. Es significativo este pasaje de Viaje a la aldea del crimen de Ramón J. Sender sobre los acontecimientos del pueblo gaditano de Casas Viejas, donde en enero de 1933 una revuelta fue brutalmente sofocada por las fuerzas del orden republicanas, 25 personas perdieron la vida:
“Se citaba también la posibilidad de recompensas de guerra, de propuestas para gratificaciones, aclarados esos extremos, dieron la voz de “¡Firmes!”, y el jefe máximo felicitó a las fuerzas con una retórica de Diario Oficial. Habló de su valentía y de su espíritu combativo. Al final, gritó:
-¡Viva España!
Contestaron todos:
-¡Viva!
-¡Viva la República!-añadió.
-¡Viva!
Los campesinos de la cuerda de presos callaban. No se trataba de ellos. Se trataba de la España y de la República que permite “devengar haberes de campaña” porque la otra, la que trabaja, y produce, y sufre hambre y miseria para morir al final, como Josefa Franco o Francisca Lago o como el septuagenario Barberán, ésa no es España. Ni sus sueños de campesinos sin tierra son la República”
Los acontecimientos de Casas Viejas deben de enmarcarse en la decepción que la Ley de Reforma Agraria supuso para el campesinado sin tierra. Según el historiador Chris Ealham: “De apariencia asistencial y de ayuda a los pobres campesinos sin tierra, realmente su objetivo era un proyecto contra la crisis económica creando una pieza clave para construir un capitalismo de consumo sustituyendo a la subsistencia del agotado latifundio. En el ámbito político, creaba “campesinos felices” que servirían de apoyo social para el nuevo Estado. En la práctica, el Instituto de Reforma Agraria no tenía recursos ni había consenso político entre la oligarquía para llevar a cabo tal reforma, viendo los grandes propietarios un miedo medieval a perder sus tierras. Así pues, muchos campesinos emprendieron las tradicionales ocupaciones de tierras y experiencias colectivizadoras por su cuenta, en especial en la zona de Extremadura, que con frecuencia eran reprimidas a disparos por la Guardia Civil, como siempre había estado, al servicio del poder burgués. Son destacables hechos que acabaron con ríos de sangre, como los sucesos de Castilblanco (Badajoz) el 30-12-1931, en los que se dio muerte a cuatro guardias civiles una vez mataran éstos a un vecino del pueblo (dato que la prensa del momento tendió a obviar); los archifamosos sucesos de Casas Viejas, en enero de 1933, en el contexto de una fallida insurrección anarquista, dejando más de una veintena de campesinos muertos y un posterior juicio contra los detenidos al año siguiente; la interesadamente desconocida matanza de Yeste (Albacete), ocurrida el 29 de mayo de 1936, bajo el gobierno del Frente Popular, y que se saldó con 17 campesinos mortalmente tiroteados y más de 30 heridos; y las colectividades agrarias surgidas tras el fracaso de la sublevación del 18 de julio, a las que la República terminó boicoteando, reprimiendo y encarcelando o fusilando a la mayoría de sus destacados personajes en el verano de 1937”.
Este análisis de Ealham se extiende a otros aspectos de la legislación republicana, como las leyes laborales. “Emitidas por el ministro de Trabajo entre 1931 y 1933, Francisco Largo Caballero, líder del “sector radical” del PSOE y secretario general de la UGT, sindicato adscrito al PSOE que había servido de base sindical a la dictadura de Primo de Rivera bajo el patrocinio de Largo y su proselitismo de los “comités paritarios” del régimen militar. Las leyes están encaminadas a apoyar a los sindicatos legales y adeptos al sistema, en especial al suyo propio, y jamás al anarcosindicalismo. Estas leyes, pues, criminalizan la acción directa tan empleada por la CNT en los conflictos laborales, así como se establecen jurados mixtos de patronos y obreros para resolver conflictos. En el bienio 1931 – 1933 vuelven a repetirse roles de juego sucio sindical usados por la patronal a finales de la Restauración, en esta ocasión directamente usados por el Estado. Inéditamente militantes de los “sindicatos amarillos” que habían roto huelgas, apalizado e incluso asesinado a cenetistas en Cataluña entre 1914 y 1923 durante los llamados “años de plomo” pasan a militar sin ningún problema en la UGT, protagonizando una vuelta al pistolerismo, a la coerción física y al abuso de poder patrocinada de nuevo por el Estado. Varias decenas de militantes obreros, en especial de la CNT, caen ante las balas de los nuevos pistoleros, respondiendo igualmente ellos a la nueva ola de terrorismo de Estado. La policía asalta sedes de sindicatos de la CNT, carga y tirotea en mítines y llega a aplicar de nuevo la “ley de fugas”, cuyo caso más conocido fue el tiroteo mortal a cuatro militantes de CNT en Sevilla en el Parque María Luisa: fueron descargados de un camión y asesinados en el acto por la policía”.
La ley de Orden Público contemplaba el Estado de Guerra, lo que suponía la irrupción del ejército en la gestión de la vida cotidiana. El gobierno cede el territorio declarado tal a una autoridad militar, con competencia en todo y al margen de cualquier ley civil. Sólo fue aplicado en octubre de 1934 en la insurrección de Asturias (dejando un saldo de más de 1000 muertos civiles, unos 300 militares y policías, 20000 detenciones y varias penas de muerte) y sería donde Franco tomaría su apodo de “El Carnicero de Asturias” ya que fue el militar encargado por el gobierno republicano de aplastar la rebelión. Sobre la población de Mieres se lanzaron unos panfletos gubernamentales que rezaban así:
«Rebeldes de Asturias, rendíos. Es la única manera de salvar vuestras vidas: la rendición sin condiciones, la entrega de las armas antes de veinticuatro horas. España entera, con todas sus fuerzas, va contra vosotros, dispuesta a aplastaros sin piedad, como justo castigo a vuestra criminal locura. La Generalidad de Cataluña se rindió a las tropas españolas en la madrugada del domingo. Companys y sus hombres esperan en la cárcel el fallo de la Justicia. No queda una huelga en toda España. Estáis solos y vais a ser las víctimas de la revolución vencida y fracasada. El daño que os han hecho los bombardeos y las armas de las tropas no son nada más que un triste aviso del que recibiréis implacablemente si antes de ponerse el sol no habéis depuesto la rebeldía y entregado las armas. Después iremos contra vosotros hasta destruiros sin tregua ni perdón. ¡Rendíos al gobierno de España! ¡Viva la República!»
Las leyes de Orden Público supusieron la normalización de las prácticas represivas llevadas a cabo por la República en sus primeros meses de vida, tales como asesinatos en huelgas o manifestaciones (5 asesinados en una manifestación obrera en Trintxerpe, Gipuzkoa, por máusers de la Guardia Civil; 11 muertos en Arnedo bajo disparos de la Benemérita en una huelga contra unos despidos… como casos más conocidos), y multitud de saltos jurídicos y policiales de las leyes provisionales vigentes.
Dentro de las leyes desarrolladas por la República destaca sin duda la llamada de “Vagos y Maleantes” que equivocadamente se atribuye al regimen franquista cuando este sólo la modificó para añadir a los homosexuales entre sus perseguidos en 1954, basándose de todo su repertorio republicano previo. Volvamos a Chris Ealham: “Esta ley fue creada en 1933 para acabar con los llamados “parásitos sociales” (traficantes de drogas, pequeños delincuentes, prostitutas, vagabundos o gentes sin trabajo, proxenetas, mendigos…). Pero no buscaba perseguirlxs, pues ya estaban condenados por el Código Penal de 1932, sino añadir a la legislación la categoría del “estado de peligrosidad”, una nomenclatura ambigua que establecía la posibilidad en potencia de cometer un delito a un individuo por el mero hecho de pertenecer a un determinado sesgo social marginado. Su arquitecto fue el “socialista” Luis Jiménez de Asúa, uno de los redactores de la Constitución de 1931, que la introdujo con un halo “progresista” de mejora en la legislación social y en la seguridad colectiva, para así calar mejor, suponiendo un salto cualitativo en cuanto a represión estatal. Para la aplicación de esta ley fueron creados campos de concentración de los que a propósito nos ha quedado poca información. En ellos, bajo unas condiciones dignas del contemporáneo campo de Dachau cuyos creadores, los nazis, tanto fueron criticados por la oligarquía republicana, los reclusos trabajaban y pasaban hambre, muriendo muchos de ellos. Llegó a haber unos tres o cuatro levantamientos en los campos, auspiciados todos por el anarquismo. Entre ellos cabe destacar el desaparecido Castell de Figueras, última residencia del gobierno republicano en Cataluña en febrero de 1939, que fue dinamitado por el Ejército Popular Republicano al ser abandonado, con mucha documentación en su interior. Otros que sobrevivieron, como el de Totana (Murcia), fueron usados al acabar la guerra por los militares para meter en ellos a los disidentes. De nuevo por ironías del destino la derecha utilizó esta ley contra sus propios creadores, pues éstos a su vez la utilizaban contra gente de “aspecto sospechoso”, en especial obreros desocupados que buscaban trabajo, o se hallaban en su día libre, y en especial contra “rebeldes sociales”, destacando entre éstos últimos libertarios exiliados de las dictaduras de Italia y Argentina carentes de papeles. Homosexuales, travestis, mujeres “de dudosa reputación”, parados, “ocupas” de aquella época e inmigrantes andaluces, murcianos o extremeños fueron también víctimas de la aplicación de esta ley por prejuicios machistas, clasistas o racistas. También era común usarlo contra militantes de la CNT mientras pegaban carteles, hacían pintadas o repartían panfletos. Durruti y Ascaso fueron detenidos acusados de “vagabundeo” en 1933 en Andalucía mientras hacían campaña sindical, pese a haber ido con el total permiso de sus jefes del trabajo”.
Asi que amigxs cuando hoy enarbolen la bandera republicana tengan en cuenta todos estos datos e investiguen por ustedes mismos
RODRIGO MORA, F. Investigación sobre la II república española, 1931-1936 (de próxima publicación)
AMORÓS, M. (2001) La revolución traicionada (la verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti). Barcelona, Virus.
BALLBÉ, M. (1985) Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983). Madrid, Alianza.
CRUZ, R. (2006). En el nombre del pueblo. Madrid, Siglo XXI.
ESPINOSA MAESTRE, F. (2007) La primavera del Frente Popular: los campesinos de Badajoz y el origen de la guerra civil (marzo-julio de 1936). Barcelona, Crítica.
GIRÁLDEZ MACÍA, J. (2010) Creyeron que éramos rebaño. La Orotava (Tenerife), Libreando Ediciones.
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