Capítulo 3: El problema del valor cuantitativo.
Se empieza de una cosa obvia: en toda sociedad hay que aplicar trabajo para producir cosas que luego se distribuyen entre sus miembros. Lo que cambia es como se organiza eso. Vamos a citar lo que decía Marx:
Citar:
Hasta un niño sabe que un país que dejase de trabajar, no digo durante un año, sino por unas pocas semanas, se moriría. Cualquier niño sabe también que la cantidad de producto correspondiente a las diversas necesidades requiere masas diferentes y cuantitativamente determinadas del trabajo total de la sociedad. Un hecho evidente es el de que no pueda eliminarse esta necesidad de distribuir el trabajo social en proporciones definidas mediante la forma particular de la producción social, sino que sólo puede cambiar la forma que toma. No se puede eliminar ninguna ley natural. Lo que puede variar con el cambio de las circunstancias históricas, es la forma en que operan esas leyes. Y la forma en que opera esa división del trabajo en una división de la sociedad en que la interconexión del trabajo social se manifiesta en el intercambio privado de cada uno de los productos del trabajo, es precisamente el valor de cambio de esos productos.
Por lo tanto el valor de cambio gobierna la asignación de la actividad productiva en una sociedad productora de mercancías. Hemos visto, con el análisis del valor cualitativo, las implicaciones de esto en cuanto a relaciones sociales y conciencia social. Ahora hay que analizar la naturaleza de estas leyes en términos cuantitativos. Pero el estudio del valor de cambio es sólo el punto de partida de la ciencia económica, no su fin último.
Las mercancías se cambian, en un punto del tiempo, unas por otras en proporciones precisas. También absorbe su producción parte del tiempo de trabajo total de la sociedad. Una lleva 10 horas, otra 20 horas, etc
Marx, en el Libro I va a asumir, COMO PRIMERA APROXIMACIÓN que hay una correspondencia exacta entre las proporciones del cambio y las proporciones del tiempo que lleva producir las mercancías. Uséase que si algo lleva producirlo 10 horas y otra cosa 10 horas se cambian uno por uno. En la práctica ocurren desviaciones a esto, claro, pero se tendrán en cuenta en sucesivas aproximaciones a la realidad.
A primera vista salta una objeción clara a esto: si el valor de las mercancías está determinado por el tiempo de trabajo, cuanto más inútil sea el currante más valor, porque más tiempo se ha tirado haciéndolo. En realidad no hablamos del trabajo sin más sino del TRABAJO SOCIALMENTE NECESARIO: Uséase, el que hace falta para producir un artículo en las condiciones normales de producción y con un grado de habilidad promedio.
El trabajo más cualificado que el trabajo medio (que se llama simple) tiene más capacidad para crear valor. Marx dice que aquí el trabajo cualificado cuenta como trabajo simple potenciado, o multiplicado. Uséase una cantidad dada de trabajo cualificado equivale a una cantidad mayor de trabajo simple.
Se puede medir la relación entre el trabajo cualificado y el trabajo simple con independencia de sus valores de mercado. Si la diferencia entre dos obreros reside en su habilidad innata, para establecer una relación numérica de equivalencia se los considera en la misma línea de producción evaluando su productividad en términos físicos. Fijando así una proporción se reducen los dos tipos de trabajo a un denominador común en términos de creación de valor. En una sociedad con tanta fluidez en la asignación del trabajo no es nada raro.
Si las diferencias entre los dos obreros son una cuestión de preparación, entonces el obrero no sólo plasma en la producción su propio trabajo si no también el trabajo de aquellos que lo han adiestrado. Se sumarían las horas del adiestramiento a las horas de trabajo. Si la vida productiva es 100.000 horas y el entrenamiento 50.000 horas entonces cada hora de trabajo del obrero adiestrado cuenta por hora y media del trabajador simple.
Hay dos críticas a esto: la primera es la circularidad: la mayor capacidad del obrero cualificado para crear valor se deduce del mayor valor. Ya hemos visto como se puede hacer la reducción. Un ataque mejor dirigido es la suposición de que las diferencias en habilidad natural son constantes cuando se pasa a los obreros de una línea de producción a otra.
Hay algo de verdad en eso: hay individuos que son muy buenos en algo y en otro unos completos inútiles (jugadores de fúrbol, cantantes de ópera) Para Sweezy y Marx son casos especiales y no pueden apartarnos de la visión que proponen de la fuerza de trabajo como un todo. Para la gran mayoría de los trabajadores productivos, las cualidades que hacen a un buen currante (fuerza, destreza, inteligencia) no varían tanto de un oficio a otro, así que esencialmente el trabajo simple y el cualificado como se ha definido (y con esas excepciones) puede ser conmensurable.
Así pues habiendo demostrado, dice el auto, que se puede reducir al menos teóricamente el trabajo cualificado a trabajo simple, Marx, por comodidad y sencillez en la exposición, tomará cualquier caso de trabajo como simple. Desde el punto de vista de los problemas que pretende explicar, la diferencia entre el trabajo simple y el cualificado no es esencial. Pero como dice Sweezy, abstraer esto no sería pertinente, por ejemplo, si se quisieran explicar las diferencias salariales: en ese caso la abstracción no sería legítima.
El capítulo primero no tiene toda la teoría del valor cuantitativo de Marx. Sólo es una primera aproximación donde SE SUPONE que las mercancías se cambian en proporción al trabajo socialmente necesario incorporado en cada una. Por lo tanto es sólo un primer paso.
El papel de la competencia: Adam Smith ponía el famoso ejemplo del ciervo y el castor: en un estado primitivo de la sociedad, la proporción entre las cantidades de trabajo necesario para conseguir bienes parece la única circunstancia que puede ofrecer un patrón de cambio. Si hay una tribu de cazadores y matar un castor lleva el doble de tiempo que matar un ciervo, un castor valdría dos ciervos. ¿Cómo se puede probar lo que decía Smith (SMITH NO MARX)
Imaginemos que un castor se cambiara por un ciervo en el mercado tribal. Habría que ser gilipollas para cazar castores pues en una hora puedes cazar un ciervo y luego cambiarlo por un castor. Para cobrar directamente un castor tendrías que estar dos horas. Por lo tanto la oferta de castores bajará y subirá la de ciervos y al final nadie querrá ciervos. Sólo en la proporción de cambio antedicha podrá existir un equilibrio. Así queda demostrado que lo que decía Smith es básicamente correcto.
Es verdad que suponemos dos cosas que los cazadores pueden dejar la caza del ciervo cuando quieran por la del castor para mejorar y que no hay obstáculos para el cambio. En esta clase de competencia en una sociedad de producción simple de mercancías habrá equilibrio cuando las proporciones del cambio estén en relación con el tiempo de trabajo necesario. Y sólo cuando la oferta y la demanda sean libres. Por lo tanto, en este ejemplo, la teoría de la determinación del precio por la oferta y la demanda no sólo no contradice la teoría laboral, sino que forma parte integrante de ella.
Marx esto no lo explica: como había estudiado a los clásicos que todavía era lo que se llevaba en su época lo da por supuesto. Pero sí se refirió al asunto de la oferta y la demanda como mecanismo equilibrador: “en el momento en que oferta y demanda se equilibran mutuamente, y por lo mismo, cesan de actuar, el precio de mercado de una mercancía coincide con su valor real”.
El papel de la demanda: se suele acusar a Marx de pasar de la demanda, de los deseos de los consumidores, en la determinación del valor cuantitativo. En la sociedad del ciervo y del castor no parece que esto tenga demasiada importancia. Si las dos bichos son útiles (la utilidad es un presupuesto del valor) se cambian en esa proporción.
Pero el problema del valor cuantitativo no sólo estriba en las proporciones del cambio sino en la asignación cuantitativa de la fuerza de trabajo a las diferentes esferas posibles de producción. Ahora, si ya estamos en una sociedad más compleja, donde el castor se hace para hacer sombreros y los ciervos son la manduca básica, se empleará más trabajo en ciervos. Así que para conocer la distribución del trabajo como la proporción del cambio habrá que tener en cuenta, además del costo relativo en trabajo, la intensidad relativa de la demanda. Valorando esas dos cosas tenemos el famoso “equilibrio económico general”: si no hay ningún cambio en las condiciones básicas la cosa sigue igual y sabemos todo lo anterior.
En realidad Marx si reconocía el papel de la demanda en la asignación de la cantidad de trabajo social. Hay una cita clarísima en el libro III (que reproduciré cuando la encuentre, coño) Pero si lo reconocía ¿porqué coño no hizo como los marginalistas y elaboró una teoría de la elección de los consumidores?
La respuesta es clara: en el capitalismo la DEMANDA EFECTIVA, sólo es parcialmente una cuestión relativa a las “necesidades”. Más importante es la cuestión de la distribución del ingreso que es expresión de la estructura de clases de la sociedad. Marx decía que la demanda social está condicionada por las relaciones de clases, la proporción entre la plusvalía y los salarios y la división de la plusvalía en varias partes (renta del suelo, interés, impuestos, etc)
O SEA QUE NADA PUEDE EXPLICARSE ÚNICAMENTE SOBRE LA OFERTA Y LA DEMANDA SINO SE EXPLICA ANTES LA BASE EN QUE LA RELACIÓN ENTRE LA OFERTA Y LA DEMANDA DESCANSA. No es que la oferta y la demanda no sean válidas, deben integrarse en un enfoque más amplio.
Marx dice con sorna que parecería que existiera “una magnitud precisa de necesidades de los obreros”. Pero esa cantidad es elástica, si los obreros cobraran mas tendrían más “necesidades” y si los medios de subsistencia fueran más baratos habría más “demanda social” de los mismos. Las necesidades a precios de mercado difieren de la necesidad social real.
O sea que si aceptamos que la demanda en el mercado está condicionada por los ingresos, y a ver quien tiene cojones de negarlo, parece que tenemos que explicar los problemas del valor más por las relaciones de producción que por las evaluaciones ”subjetivas” del consumidor.
La teoría del valor estudia pues las relaciones de la producción simple de mercancías y en el capitulo siguiente vemos como la teoría de la plusvalía sostiene esto para el capitalismo, que es una forma más avanzada de producción de mercancías.
Marx considera que las necesidades del consumidor son elementos reactivos de la vida social: son un reflejo del desarrollo técnico y organizativo de la sociedad y no al revés. Vamos que no es la conciencia del hombre la que determina su existencia sino el ser social… ya saben.
Si se acepta, pues que las necesidades subjetivas tienen un papel en esencia pasivo en el cambio, el enfoque de Marx de desdeñar bastante las necesidades de los consumidores puede parecer acertado.
Los economistas ortodoxos, por muchas teorías de la elección de los consumidores y pajas mentales subjetivas que se hagan, en la práctica no les quedan más cojones que reconocer que antes va la producción y la distribución del ingreso. El famoso Chumpeter decia algo como:
“Partiremos de la base de que la iniciativa de los consumidores en el cambio de los gustos, o sea, todo el rollo que la teoría general mete en los conceptos de “funciones de utilidad” “curvas de indiferencia” es desdeñable y que los cambios en los gustos son incidentales a la acción de los productores y suscitados por ella. A confesión de parte…
Y a mas a mas el propio Chumpeter dice que los cambios en los gustos sino cambia la distribución del ingreso son como mis cojones. Para hablar de los ciclos económicos y de las tendencias generales del sistema la teoría de elección de los consumidores te la puedes pasar perfectamente por el forro de los huevos, o finamente, por el escroto.
Los Keynesianos por ejemplo, siempre hablan de la demanda, pero al ladito de la distribución del ingreso: los keynesianos son los primeros ortodoxos que tienen un poquito de por favor para darle un cierto peso a las relaciones de producción. Ojala los Keynesianos comprendieran, dice Sweezy, que eso es lo que hacen.
Ley del Valor contra principio de planificación: La ley del valor resume las fuerzas que operan en una sociedad de productores de mercancías y regula: las proporciones del cambio, la cantidad producida de cada cosa y la asignación del trabajo a cada sector productivo. Para que exista la ley del valor es preciso que estemos ante una sociedad de productores privados que satisfagan sus necesidades mediante el cambio. Las fuerzas que operan son la productividad del trabajo y la pauta de las necesidades sociales, determinada por el ingreso, y por otro las fuerzas equilibradoras de la oferta y la demanda. En términos modernos, la ley del valor es una teoría de equilibrio general pensada para la producción simple de mercancías de la que hemos hablado y adaptada después al capitalismo, con todos los matices.
En esta sociedad no hay caos: hay orden: no hay un plan de cómo asignar el curro, pero el problema se resuelve de modo mejor que arbitrario. La Ley del Valor explica cómo pasa esto y el resultado. En la medida en que la asignación de la producción se somete a un control consciente pierde su pertinencia la ley del valor y como dice Marx, esto lo meto yo, ahora todo se produce bajo la forma de un promedio que opera ciegamente, resultante de las acciones de los productores individuales, en una sociedad con una economía planificada esta ley no operaria.
Valor y precio en la producción: El precio para Marx es la expresión en pelas del valor, y
eso lleva a su teoría del dinero en la que el autor no entra. En el volumen III en cambio habla de precios de producción como modificaciones de los valores. Las diferencias entre los valores y los precios son consecuencia de los rasgos del capitalismo que más adelante se verán.
Los precios de producción se desvían de los valores según reglas generales, las desviaciones no son arbitrarias. La famosa critica de Bohm Bawerk de que lo que se dice en el libro III contradice la teoría del valor según Sweezy no es correcta: es desarrollo directo de ella y no tendría ningún sentido en otro caso.
Precio de monopolio: Cuando tenemos un monopolio, todo lo dicho cambia un puñao. El control de la oferta por el monopolista le permite aprovecharse de las condiciones de la demanda. Tanto el precio como la cantidad producida son diferentes a lo que ocurriría en la competencia. Mas delante se analiza esto que además es el campo de estudio mas señalado del autor.
Por último hay que añadir que si la situación del monopolio afecta al valor cuantitativo no afecta, claro esta, al cualitativo, como aquí se ha definido.