Los misterios del ginece0
El primer ensayo, de Paul Veyne, analiza uno de los lugares más famosos plásticamente hablando, de la Antigüedad romana: la Casa de los Misterios de Pompeya, así llamada por el magnífico fresco que decora sus paredes y que se ha identificado tradicionalmente con la explicación de una iniciación a los misterios báquicos, de los cuales mucho se cita indirectamente en los textos clásicos, pero de los que no existe ningún dato fehaciente sobre la manera en que eran conducidos por los conocedores y de las pruebas a los que eran sometidos los neófitos. Para Veyne, en cambio, estas alusiones báquicas en el fresco son erróneamente interpretadas, pues lo que allí hay es una simple y espléndida preparación de una novia para la ceremonia matrimonial, así como diversas actitudes que eran habituales en la intimidad, como lecturas y baños. En un documentado y comparativo trabajo, Veyne apunta lo que había allí de festejo tradicional romano y lo que es imposible que fuera de iniciación a un misterio sagrado. Tanto por las concomitancias con otros textos clásicos sobre ceremonias romanas, como por la reducción al absurdo sobre interpretaciones forzadas de los misterios presentes en el fresco, el autor proporciona una nueva interpretación de una de las pocas pinturas que nos han llegado de la Antigüedad.
En los dos textos restantes F. Lissarrague lleva a cabo una incursión en el gineceo, en este caso centrado en el mundo griego, donde las representaciones en cerámica conservan imágenes suficientes como para hacerse una idea bastante precisa sobre el comportamiento de las mujeres y los infantes en ese ámbito cerrado, echando mano incluso de la comedia clásica, donde por alusiones es posible deducir temas y comportamientos del cerrado espacio femenil. Por último, F Frontisi-Ducroux analiza en 'El sexo en la mirada' la forma en que la sexualidad era vivida por las mujeres, aunque sus interpretaciones deban hacerse a partir de los datos que los hombres estamparon asimismo en las cerámicas griegas. En este caso la sexualidad abarca no sólo a la mujer, sino también la que resultaba socialmente relevante para el mundo griego, incluida la educativa y el papel de determinadas figuras míticas, como los sátiros, dentro de ese imaginario sexual.